Marvin Brown – Sociedad , Ética y Negocios – La ética en la empresa

El análisis de las decisiones éticas en las organizaciones empresariales según Martin Brown – Desarrollo – Las organizaciones y la toma de decisiones

Brown va desplegando sus argumentos de una manera que podríamos llamar espiralada. Es decir, vuelve sobre ciertos temas, pero de manera diferente y aportando nuevos niveles de análisis y argumentos. Para los propósitos de nuestro trabajo podemos reconstruir su línea argumental de la siguiente manera:

  • Las organizaciones son estructuras diseñadas para tomar decisiones.
  • Dichas decisiones consisten en definir un curso de acción y desechar otros. Además, implican la ejecución adecuada de las decisiones tomadas.
  • En las organizaciones esas decisiones las toman las personas, pero en forma colectiva; esto transforma a las organizaciones en agentes morales.
  • Las organizaciones, que además de estructuras virtuales de roles son comunidades de personas, enfrentan conflictos de intereses entre todos los grupos que constituyen su ámbito de actuación.
  • La elección de los cursos de acción más adecuados es aquellos que se definen luego de un proceso de análisis intensivo y extensivo sobre las diversas alternativas posibles.
  • La aplicación de la Reflexión Ética como método sistemático para resolver los conflictos de valores les permite a las organizaciones explorar las diferencias sin generar exclusiones, ni vencedores o vencidos.
  • Para garantizar que las decisiones asumidas como consecuencia de la aplicación de la Reflexión Ética sean correctamente concretadas, las organizaciones deben revisar sus propios presupuestos sobre el poder, la justicia y el significado de la vida en la organización.
  • Para enfrentar con éxito este debate resulta necesario disponer de un procedimiento que, como la Reflexión Ética, enriquezca la discusión y evite la ruptura entre los participantes en el debate.
  • Finalmente, para que la reflexión ética tenga lugar en una organización, deben darse determinadas condiciones comunicacionales para que ella sea posible.

Brown asume que una característica fundamental de las organizaciones es su estructura para la toma de decisiones. Para Brown las organizaciones pueden ser concebidas desde diferentes perspectivas. Por una parte, las considera como sistemas de roles, pero no deja de señalar que simultáneamente las empresas son comunidades de personas.
Según el análisis de la empresa en tanto sistema de roles, las organizaciones en general y las empresarias en particular no sólo tienen estatutos legales donde se fijan las responsabilidades de los accionistas, sino que también establecen políticas y normas para fijar quiénes y cómo deben intervenir en los procesos y tomar decisiones para que los resultados sean los planificados y comprometidos.
Este carácter formal de las organizaciones se refleja en organigramas, manuales de procedimientos, programas, presupuestos, etc. El sistema es estático e impersonal. Sin embargo, es fundamental para establecer cómo deben tomarse las decisiones y qué pasos seguir para que tales decisiones se lleven a cabo. Pero Brown se encarga de remarcar que tal carácter formal no es neutro. El diseño de la estructura formal es ya una decisión ética, pues debe tomar partido por el tipo de equidad, participación y uso del poder que utilizará.
Precisamente, todo el trabajo de este autor se orienta a poner de manifiesto que para que una organización logre tomar decisiones moralmente responsables debe contar con una estructura que asegure el cumplimiento de un procedimiento que en sí mismo sea éticamente consistente.
Para Brown los métodos de decisión se basan en una reflexión dialógica. Hay dos maneras de entender la ética sostiene Brown, una negativa a través de normas, es decir lo que debemos hacer y otra positiva que es en la que centra Brown, a través de una manera de aconsejar en la búsqueda de soluciones a problemas prácticos. A través de la reflexión buscar un curso de acción.
Para precisar en qué sentido se entiende el término toma de decisiones y su relación con la responsabilidad por parte de quienes las toman, Brown comienza por preguntarse cuál es el significado denotativo de la palabra responsabilidad para concluir que: (Brown, 1992) la ética supone que las personas tienen libertad y poder para responder, es decir responsabilidad, y poder para considerar opiniones diferentes, analizar los puntos fuertes y débiles de las opciones y elegir sobre la base de los méritos de cada alternativa (Pág. 36).
Para mostrar la diferencia entre explicar conductas y justificar acciones, Brown comienza por recordarnos que, según el conductismo, las personas no actúan, sino que reaccionan. Es claro que de esta forma Brown ataca a la visión mecanicista y condicionadora del comportamiento humano del conductismo inicial. En contraste con el conductismo, una visión ética supone que las personas actúan porque han decidido qué es lo correcto. En otras palabras, los actores eligen no sólo sobre la base de valores sino porque en ese momento particular se han decidido a favor de una posibilidad particular en perjuicio de otra.
Por ello Brown sugiere que: tenemos que desarrollar una perspectiva de la conducta humana que suponga que las personas hacen algo más que simplemente comportarse y que también ponderan y actúan basándose en su mejor juicio. (Brown, 1992) Al observar la conducta humana buscamos la acción responsable y no la conducta condicionada. Al preguntar por las razones de tal acción, buscamos una justificación y no una explicación (Pag.38).
La distinción entre conducta y acción resulta clave en la trama argumental del autor. Ahora bien, las personas no sólo justifican las acciones ya realizadas. Como aun dentro de un contexto dado tienen opciones, al tener que decidir lo que harán y para justificar sus decisiones van más allá de lo que ya han hecho y se proyectan hacia lo que deben hacer. Como ya es conocido, no se puede decidir qué se debe hacer a partir de lo que es. Quien haga esto, cometerá la falacia naturalista al suponer que algo deber ser por el sólo hecho de que es.
Además, se sabe que aunque todo el mundo esté haciendo algo, esto no significa que ello sea lo correcto. Lo que las personas o las organizaciones hacen no dice nada sobre lo que deberían hacer. estudiada, en forma comparativa con las de los animales, ofrecería mayores seguridades científicas. La conducta es definida, entonces, como la respuesta que un organismo realiza ante un estímulo del medio.
Precisamente, porque las personas actúan (y no sólo se comportan), justifican sus acciones (y no sólo las explican) y pueden anticipar sus decisiones en orden a un deber ser elegido, Brown destaca el carácter de agente moral del ser humano. Al tipo de reflexión que se emplea para dilucidar la pertinencia de las justificaciones, Brown lo denomina reflexión ética. En cuanto a las organizaciones como agentes morales Brown mostró que las personas son agentes morales que pueden considerar cursos de acción alternativos y justificar su elección con razones válidas. En contraste con una perspectiva conductista, que podría tratar de manipular la conducta de los otros por medio de técnicas modernas de modificación de la conducta, una perspectiva ética considera que los otros son individuos con poder y voluntad propios.
El ejercicio de la reflexión ética no sólo se aplica al análisis y justificación de decisiones personales, sino que el mismo puede y debe extenderse al campo de las organizaciones. Para sustentar su punto de vista establece la distinción entre motivos y propósitos. El ‘motivo’ sería la razón más subjetiva de una persona para actuar. El ‘propósito’ o intención se reflejaría en la elección de un acto en particular. Dado que los motivos sólo corresponden adjudicárselos a las personas, sostiene que las organizaciones tienen propósitos, pero no motivos:
En un trabajo destinado a refutar la postura de Milton Friedman, quien el 13 de septiembre de 1970 había publicado un polémico artículo en el periódico New York Times, sosteniendo que la “la única responsabilidad social de las empresas es obtener ganancias”, Brown sostiene, que, por el contrario: el marco legal de la actividad comercial sugiere que el lucro no define el propósito de una empresa. Al solicitar una licencia comercial la persona que va a emprender la actividad comercial debe decir qué se propone hacer. El Estado no otorga licencias comerciales a aquellos cuyo único objetivo es la obtención de ganancias. Las licencias se dan para proporcionar algún producto o servicio. El permiso para emprender una actividad comercial, en otras palabras, está basado en la suposición de que el emprendimiento haga alguna contribución a la sociedad. Brown defiende que el lucro es necesario para la subsistencia de una empresa, pero ello no significa que ésa sea su razón de ser. Generar ganancias es una razón necesaria pero no suficiente.
Por lo tanto, definir y mantener el propósito de una organización de contribuir a la sociedad es responsabilidad de sus directivos. El punto es si esa responsabilidad es sólo individual o si debe considerarse de la organización como tal. Para tratar a una corporación como agente moral hay que poder describir a lo que la organización hace como querido por la organización misma. Como ya se dijo, la agencia moral implica la aptitud de considerar cursos de acción alternativos, elegir uno y no otro y justificar la decisión apelando a juicios de valor. ¿Pueden las organizaciones hacer esto?
Aunque las corporaciones tengan algunos de los derechos de los seres humanos, es cierto que no comparten los mismos derechos. En este punto vuelve a ser relevante analizar cómo toman las decisiones las corporaciones, para ver cómo pueden ser responsables. Recordemos que las organizaciones son estructuras diseñadas para la toma racional de decisiones y para asegurar su cumplimiento.
Cuando las decisiones se procesan de acuerdo con esta estructura, las mismas son corporativas: Simplemente, cuando el acto de la corporación consiste en una instanciación o instrumentación de la política corporativa establecida, debe describirse como realizado por razones corporativas, como causado por un deseo corporativo en función de una creencia corporativa y así, en otras palabras, como intencional de la corporación. El término “agencia moral corporativa” caracteriza la responsabilidad de las organizaciones. La agencia moral corporativa no consiste en la adhesión a una lista de normas ideales. Se refiere al proceso de elegir ciertas metas en lugar de otras, seleccionar medios para alcanzarlas, establecer normas para la ejecución, orientar la instrumentación y evaluar los resultados. Como puede verse, desde este punto de vista no hay diferencia entre la agencia moral de una persona y la de una corporación.
Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la agencia moral de los empresarios y la de la corporación? El problema trasciende los aspectos jurídicos de la responsabilidad civil por posibles daños. El curso de acción decidido en una organización puede no ser compartido por algunos de los actores del proceso decisorio, pero la decisión finalmente adoptada compromete organizacionalmente a toda la dirigencia por igual. Concluye Brown, que puede considerarse a la organización como un agente moral, es decir, como un actor social capaz de responder por sus actos ante el resto de la sociedad. Por lo tanto, es válido hablar de ética empresarial o de las organizaciones. Es habitual que las actas de Directorio reflejen las divergencias individuales de sus integrantes; sin embargo, una vez asumida la decisión final, en lugar de liberar a las personas de su decisión, las hace jurídica y moralmente responsables por el curso de acción determinado colectivamente. No se sostiene aquí que ello resulte simple para los actores de las decisiones.
Las decisiones colegiadas, en las organizaciones moralmente comprometidas, involucran doblemente a los intervinientes, lo que pude derivar en conflictos de intereses en las organizaciones. Cada miembro de la organización toma permanentemente decisiones que afectan no sólo su propia vida sino también las vidas de los grupos vinculados a la organización.
Los aquellos grupos más significativos que son afectados por las decisiones de una organización. Los más significativos son: Los accionistas, los directivos, los empleados, los clientes (cadena de distribución), los consumidores o usuarios finales, los vecinos de las instalaciones, la comunidad y las autoridades.
Los cargos, las descripciones de puestos y los organigramas, esbozan la estructura del sistema de la organización. Por otro lado, una organización es también un conjunto de personas y la interacción entre ellas en el ambiente de trabajo es mucho más significativa que lo establecido en el papel. Las organizaciones son al mismo tiempo sistemas y comunidades. (Brown, 1992) “Como comunidades humanas, las organizaciones son lugares comunes en los que las personas se convierten en alguien mientras hacen algo para la organización. Son el lugar donde uno «se gana la vida» en el doble sentido de obtener los medios necesarios para vivir y desarrollar el significado de la vida”. (Pag.:28). Los supuestos y las creencias básicas compartidas por los miembros que operan inconscientemente y que, de una manera dada por sentada, definen la concepción que la organización tiene de sí misma y su ambiente.
Aunque algunos puedan sostener que los supuestos son en realidad individuales y no culturales, en cuanto se empieza a confrontar con otras culturas, por lo general resulta claro que la misma noción de supuestos individuales pertenece a una historia cultural particular. Así como en las culturas pueden diferenciarse matices, preferencias y hasta concepciones enfrentadas sobre la mejor manera de defender un valor o concepción del mundo, la mayoría de las organizaciones no son homogéneas. Por el contrario, incluyen individuos y grupos que interpretan los acontecimientos con diferentes supuestos, primordialmente porque provienen de diferentes culturas familiares y sociales.
Después de muchos años en que las organizaciones, concebidas como sistemas naturales o sistemas cerrados, trabajaron sobre la idea de homogeneización y anulación de las diferencias se comenzó a apreciar el valor de la diversidad para lograr mayor creatividad y velocidad de adaptación a los cambios del entorno. En particular, con el advenimiento de la idea de la organización sin barreras, tanto los límites o barreras verticales a nivel jerárquicos como los horizontales, es decir los sectores, se han flexibilizado, integrándolos a todos en las llamadas cadenas de valor. Esta cadena de valor llega a incluir a los proveedores y a la red de distribuidores. La complejidad de intereses en juego y de puntos de vista sobre lo que una empresa debe hacer o dejar de hacer se ha vuelto sumamente compleja y aquella organización que quiera actuar no solo legal o correctamente, sino que aspire a presentar razones fundamentadas de sus decisiones, debe adoptar un procedimiento que garantice el logro de tal propósito. De lo que se trata es que en lugar de suponer que en la organización todos comparten los mismos supuestos, se debe reconocer la posibilidad de la existencia de supuestos diversos entre las personas, las organizaciones y los diferentes grupos vinculados a ella. Dado que ignorarlos trae más inconvenientes y riesgos de conflictos insuperables, al reconocerlos se genera un espacio nuevo de diálogo y búsqueda de compatibilización de posiciones para las que habrá que buscar un procedimiento para su tratamiento.
El tratamiento sistemático y racional de los desacuerdos constituye la mejor garantía para asegurar una decisión integral sobre una propuesta o acción a tomar, ya que asegura de antemano la adhesión explícita y anticipa las eventuales resistencias. Precisamente todo el procedimiento que se describirá a continuación tiene por finalidad contemplar la conjunción de todos los intereses en juego.
El trabajo de Brown se funda en el principio de que las personas pueden discutir lo que debe hacerse en las organizaciones. En un nivel, desde luego, la comunicación es necesaria para el entendimiento de cualquier organización, sin embargo, el tipo de discusión requerida por la reflexión ética no debe darse por sentado. Para que las organizaciones emprendan la reflexión ética como medio para aumentar su capacidad de respuesta e iniciativa, su responsabilidad, deben desarrollar una cultura en la cual el análisis ético de su proceso de toma de decisiones no sea sólo lógico sino también de respeto por el interés común.
La reflexión ética comienza cuando examinamos una propuesta de acción o una política, que puede estar generada por cualquiera de los protagonistas, Brown propone seguir el camino de los interrogantes: ¿Qué debemos hacer? ¿Qué es lo que sabemos sobre el tema y cómo nos afecta? ¿Qué significa eso? ¿Por qué significa eso?
Cuando de decisiones corporativas se trata y cuando la entidad de éstas es polémica, es necesario disponer de un sistema o proceso para arribar a conclusiones operativas. El sistema o método de reflexión propuesto por Brown consiste en diferenciar cuatro etapas en la exploración o análisis de una determinada decisión a tomar. Considera que cada etapa constituye una oportunidad para aumentar los recursos que posee una persona o conjunto de ellas para comprender mejor la situación e incrementar las posibilidades de decisiones acertadas. Estas etapas son: Las propuestas, que se caracterizan por ser declaraciones prescriptivas que sugieren acciones a tomar mediante más investigaciones o constataciones de datos. Los supuestos, que son declaraciones reflexivas que expresan puntos de vista y actitudes; se apoyan en la cultura, la religión, elementos sociales e historias personales. Usualmente se dan por aceptados, pero muchos de ellos tienen fundamentos teóricos. Pueden ser evaluados por criterios como relevancia, consistencia y extensión. A estas etapas Brown también las denomina recursos, ya que constituyen medios para que los grupos o partes en conflicto puedan encontrar en ellos vías de solución.
Brown está convencido que la reflexión ética puede hacer posible a las organizaciones el desarrollo de mejores políticas y prácticas porque el proceso de la reflexión aumenta los recursos para la toma de decisiones. Pero, además, la premisa implícita es que cuando se cuenta con más recursos se eleva la calidad de las decisiones. Esto que es fácil observarlo en el plano individual también se presenta en el organizacional.
Pero el autor, tratando de ser consistente con su propuesta, explicita los supuestos sobre los cuales está sustentada su propuesta:
Detrás de esta premisa hay otra según la cual las personas tenderán a usar recursos de modo apropiado, lo que en última instancia depende del supuesto de que las personas son agentes morales, que poseen poder y libertad para elegir el curso de acción correcto, tal como se ha mostrado más arriba. Pero este supuesto debe ser explicitado y fundamentado.
Con respecto a los conflictos de valores y de presunciones básicas, el análisis de la argumentación usa las diferencias para ampliar y comprender los diversos recursos de la toma de decisiones, los coordina y después utiliza todas sus fuerzas con el fin de tomar la decisión correcta. En ese contexto, (Brown, 1992) un proceso de reflexión ética puede ayudar a tomar tales decisiones porque permite tener conciencia de los juicios de valor y de los supuestos que operan de modo implícito, en el proceso de toma de decisiones (Pág., 22). La experiencia muestra que el análisis y la evaluación de los juicios de valor suelen crear desacuerdos importantes en los grupos.
Tal vez ésta sea una de las razones por las cuales en las organizaciones se omite frecuentemente el tratamiento sistemático de los juicios de valor. (Brown, 1992) Para que una toma de decisión sea eficaz se necesita aprender a tratar los desacuerdos. (Pág. 23). Sin embargo, tanto o más que los juicios de valor son los supuestos básicos, las creencias que se hallan en la raíz de los valores institucionalizados.
La Reflexión Ética y la resolución de conflictos es la distinción entre valores y supuestos permite comprender lo que alguien valora y el modo en que supone que lo puede obtener. Para apreciar las ventajas de esta distinción, Brown propone examinar dos ejemplos diferentes: el de personas que comparten valores similares, pero tienen distintos supuestos y el de personas que afirman valores diversos pero comparten los mismos supuestos.
En el primer caso podemos imaginar dos personas que valoran la seguridad y deciden construir sus casas. Si uno de ellos supone que la gente es egoísta y si puede se aprovecha de los otros, construirá su casa en un lugar apartado y su casa será más bien una fortaleza. Si el otro supone que las personas desean intimidad y comunidad y que se cuidan recíprocamente, levantará su casa cerca de otras y sus ventanas y aberturas serán generosas. Ambos tienen la seguridad en la mente como valor, pero se aseguran de modos distintos, pues tienen supuestos diferentes.
El segundo caso puede ser el de dos empleados de un mismo equipo exitoso. Uno de ellos quiere avanzar en su formación y considera su puesto actual como algo transitorio, como un medio para finalizar sus estudios y alcanzar mejores posiciones en otra organización. El otro, ve su empleo como un escalón de su carrera dentro de la compañía y como forma de alcanzar puestos de mayor responsabilidad dentro de la misma. Tienen valores diferentes, pero sí comparten el supuesto básico que trabajar en equipo y en forma cooperativa los ayuda en sus respectivas metas personales.
Estos ejemplos le permiten a Brown mostrar cómo la distinción entre valores y supuestos puede ayudar a encontrar estrategias para llegar a acuerdos donde a primera vista aparecen conflictos, dado que los individuos, los grupos y las organizaciones suelen tener actitudes muy diferentes sobre el desacuerdo. Algunos parecen asumir el supuesto de un mundo de escasez en el que lo que gana una persona lo pierde otra. En un mundo así, el desacuerdo usualmente amenaza a los individuos y bloquea la comunicación. Interpretan como enemigo lo que se podría considerar como «otro».
La adecuada reflexión ética requiere que los participantes provean y obtengan material para la discusión. Cuando las personas o los grupos pueden abrirse y considerar diferentes puntos de vista, aumentan sus conocimientos sobre el problema. Esta es la premisa de la reflexión ética: aumentar los recursos de una organización haciendo que cada parte considere ideas diferentes sobre lo que se debe hacer, en lugar de mantener defensivamente su posición y cerrar la puerta a otra información. Por ello sostiene Brown que: la confrontación no sólo conduce al descubrimiento de nuevas ideas, sino que también nutre el acuerdo. Cuando descubrimos las fuentes de la confrontación también sacamos a la luz las fuentes más profundas del acuerdo. De hecho, el desacuerdo requiere acuerdo. (Brown, 1992) Sólo podemos disentir de otros cuando concordamos sobre algunas cosas, o por lo menos sobre algún elemento del proceso de la toma de decisiones (Pag.84).
Si no se halla ese acuerdo, el desacuerdo acabará por exponer la alienación que realmente existe dentro de la organización y la comunidad global. Al argumentar, siempre se asume un riesgo, pero puesto que es difícil conocer de antemano los acuerdos fundamentales, por lo general sólo se los encuentra a través del proceso de reflexión ética. (Brown, 1992) Es por esto que Brown sugiere que en vez de afrontar la discusión con la postura de «si yo tengo razón tú debes estar equivocado», es posible explorar las posibilidades de varios aportes alternativos en busca de una mejor respuesta: «veamos qué respaldo podemos desarrollar para nuestras diferentes posiciones» (Pág. 84).
Partiendo de la regla básica de que los argumentos de todos recibirán no sólo atención sino también interrogantes y análisis, puede establecerse el tipo de clima grupal que alentará la exploración de las diferentes posibilidades de solución.
La gente suele hacer lo que piensa que es correcto teniendo en cuenta el mundo en el que cree que vive. Son pocos los que deciden que cierto acto es erróneo y eligen realizarlo a sabiendas. (Brown, 1992) Más bien se trata de construir su mundo para justificar lo que se hace. Por lo tanto, para comprender las diferentes posiciones tenemos que comprender de qué modo interpretan el mundo quienes defienden esas posiciones, esto es, necesitamos interrogar sobre las observaciones, los juicios de valor y los supuestos que dan forma a su punto de vista (Pag.85).
Precisamente, ése es el proceso que Brown denomina reflexión ética en las organizaciones.
Brown toma tres modelos éticos, a saber, el aristotélico o del Propósito, una ética a fines o teleológica, la del principio basada en Kant, el imperativo categórico, el deber ser y la utilitarista de Bentham y Mill o ética de la consecuencia.

Un problema ético según los tres modelos

Se plantea en el directorio de la empresa una propuesta para construir un campo deportivo que demandaría una alta erogación. Las posturas son a favor y en contra. Los que respaldan la no construcción se basan en que ese dinero podría destinarse a inversión de infraestructura o financiera para aumentar la ganancia.

Entonces nuestra propuesta ética es La Construcción de un campo deportivo para el uso del personal sin distinción de jerarquías.

Modelo del propósito:

Brown1

Modelo del Principio:

Brown2

Método de la consecuencia:

Descargar Sociedad Etica y Negocios en formato PDFBrown3

Bibliografía:

Bolaños H., 2016, Desarrollo de la inteligencia ética y de un liderazgo afirmado en valores, Buenos Aires: Trabajo de investigación en imprenta

Brown M., 1992, La ética en la empresa, Buenos Aires: Editorial Paidós

Edgar Morin – El paradigma de la complejidad

Edgar MorinIntroducción

Edgar Morin

Edgar Morin (París, 8/7/1921) es un filósofo y sociólogo francés que desarrollo durante la década de 1960, un nuevo paradigma el del “Pensamiento de la complejidad”. Al integrarse a Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, Morin se inicia en el campo de la temática social y en el terreno de la cinematografía, aproximándose al surrealismo, aunque todavía no abandona sus ideas socialistas.  Al iniciar la década de 1960, Morin inicia trabajos y expediciones por Latinoamérica y queda impresionado por su cultura. Posteriormente empieza a elaborar un pensamiento que permita complementar el desarrollo del sujeto. En compañía de sus colaboradores, desarrolla una investigación de carácter experimental que culmina con la tesis de la transdisciplinariedad, que le genera mayores contradicciones con otros académicos. Con el surgimiento de la revolución bio-genética, estudia el pensamiento de las tres teorías que llevan a la organización de sus nuevas ideas a saber:  la cibernética, la teoría de sistemas y la teoría de la información. Para 1977, elabora el concepto del conocimiento pertinente, del cual liga los conocimientos dispersos, proponiendo la epistemología de la complejidad.

Desarrollo

¿Qué es la Simplicidad?

Para comprender la complejidad comenzamos por definir la simplicidad.

En la segunda parte del Discurso del Método, Descartes establece una comparación entre la construcción de una ciudad (o las leyes de un Estado) y las reglas que habría de tener un método adecuado de investigación racional.

(Descartes, 2007) “Así, vemos que los edificios emprendidos y acabados por un solo arquitecto suelen ser más hermosos y estar mejor ordenados que aquellos otros que varios han tratado de reparar utilizando muros que habían sido construidos para otros fines” (Pag.45)

La idea expuesta es que, así como un Estado está mejor regido cuando las leyes son pocas, pero bien cumplidas (o la ciudad cuando ha sido construida por un sólo arquitecto), así un método racional de obtención de conocimiento será mejor si contiene pocas reglas, a condición de “no faltar ni una sola vez a su observación”. Además, Descartes también señala que, si estas leyes las hace un solo legislador, será mejor que si intervienen muchos. Esto significa que el trabajo de análisis desarrollado por una sola persona y si el tema de investigación es de su interés, es preferible al realizado por muchas sobre temas generales (metáfora de la Ciudad), lo que se traduce en la necesidad de examinar uno mismo todas las ideas que se acepten como verdaderas.  Nos encontramos aquí con un argumento que es uno de los ejes que subyacen en el Discurso del Método, a saber, la preferencia de lo simple a lo complejo: rasgo propio del pensamiento matemático, pues el principio de simplicidad es una característica que debe exigirse a las demostraciones matemáticas, también aplicable a las teorías científicas. Descartes, pues, nos está aclarando el porqué de la simplicidad de su método racional. Según Descartes, la simplicidad es una característica esencial de la verdad. En su definición de ideas verdaderas, llamadas “naturalezas simples”, se encuentra contenida esta característica, pues la claridad y la distinción son los rasgos básicos que la intuición detecta en aquéllas. Además, en la segunda regla del método, el análisis, determina la importancia de reducir lo complejo a ideas simples. La razón avanza, a partir de las ideas simples, deductivamente, con la garantía que da la coherencia como criterio de verdad, pero sobre la base firme, proporcionada por la intuición, al captar con evidencia las ideas claras y distintas, según la primera regla. Según Descartes, el éxito de su método se encuentra, no sólo en el hecho de que sus reglas sean pocas, sino en la necesidad de observarlas estrechamente, esto es, de seguir rigurosamente los pasos que propone, en el orden correcto. La primera regla, la de la evidencia, como ya hemos dicho, garantiza la verdad de las ideas de partida. Después, la deducción, de inspiración matemática, cuya secuencia natural está representada por el análisis y síntesis, según la segunda y tercera reglas, nos aseguran la coherencia de nuestros razonamientos y la división de los complejos en simples, así como la posterior reconfiguración o reunión de estas ideas, produciendo nuevo conocimiento. La última regla, la del recuento, no tiene por objeto sino asegurar el sistematismo de todo el proceso.

La introducción del método se realiza a continuación de la crítica de la lógica, el álgebra y el análisis. Brevemente, la crítica es la siguiente: en el caso de la lógica, su uso se ha confundido, haciéndonos creer que sirve para la obtención de nuevo conocimiento, cuando en realidad se limita a dar coherencia a lo que ya se sabe. En los otros dos casos, Descartes sostiene que el análisis geométrico “fatiga mucho la imaginación sin ejercitar el entendimiento”, lo que significa que está tan “obligada” a la consideración de figuras que se aparta de las exigencias de claridad de la razón, siendo en Descartes la imaginación una facultad claramente separada del entendimiento.

Al paradigma de la simplicidad podemos atribuirles tres propiedades:

  • Disyunción: Separación de dos elementos, se los ubica en campos separados
  • Reducción: Se reduce una multiplicidad de fenómenos a un único fenómeno
  • Abstracción: Se considera una cosa y se hace caso o miso de la otra

En el dualismo cartesiano, observamos la disyunción de cuerpo y alma. El cuerpo es la res o cosa extensa y el alma es la res cogitans, sin extensión. Descartes reduce toda la realidad a su única certeza, que piensa, dada una duda metódica y controlada. De allí la famosa ley cartesiana: Pienso luego existo.

El pensamiento complejo

Edgar Morin ve el mundo como un todo indisociable, donde el espíritu individual de las personas posee conocimientos ambiguos, desordenados, que necesita acciones retroalimentadores y propone un abordaje de manera multidisciplinaria y de múltiples referencias para lograr la construcción del pensamiento que se desarrolla con un análisis profundo de elementos de certeza. Estos elementos se basan en la complejidad que se caracteriza por tener muchas partes que forman un conjunto intrincado y difícil de conocer.

En los últimos tiempos se está extendiendo el uso del término Ciencias de la Complejidad para referirse a todas las disciplinas que hacen uso del enfoque de sistemas. El ordenador es la herramienta fundamental de las ciencias de la complejidad debido a su capacidad para modelar y simular sistemas complejos. Con posterioridad y en un análisis más profundo, la complejidad también se presenta con trazos inquietantes de confusión, desorientación, desorden, ambigüedad, incertidumbre, y de allí surge la necesidad para poder realizar un mejor manejo del conocimiento. Morin manifiesta que la innovación presupone una cierta desorganización y relajamiento de tensiones estrechamente vinculados con la acción de un principio reorganizado. Se opone al aislamiento de los objetos del conocimiento, los restituye a su contexto, los reinserta en la globalidad a la que pertenecen.

(Morin, 1990) “Hemos adquirido conocimientos sin precedentes sobre el mundo físico, biológico, psicológico, sociológico. La ciencia ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los bajos fondos del espíritu por las luces de la Razón. Y, sin embargo, el error, la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas partes, al mismo tiempo que nuestros conocimientos. Nos es necesaria una toma de conciencia radical” (Pág. 27)

Son muchos los autores que coinciden con Morín en definir a la complejidad como un tejido unido en un conjunto de elementos de distinta naturaleza, dos o más fases en la cuestión psicoquímica, o dos o más elementos en la cuestión sistémica, lo cual presenta la situación de analizar a lo uno o a lo múltiple, alimenta en los seres humanos la incertidumbre, la ambigüedad y el desorden, por tal motivo se podría decir que la complejidad tiene forma caótica y en algunos casos inquietante.

¿Qué entendemos por complejidad?

Como ya se ha mencionado Morín define la complejidad como un tejido. Un tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares de conforman el mundo de lo fenoménico, y sus rasgos son los de ordenar lo inextricable (que es muy intrincado y confuso y, por ello, difícil de resolver), el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre, proponiendo estrategias para lograr la inteligibilidad.

El pensamiento complejo, como todo pensamiento que busca contrariar un paradigma, crea nuevos conceptos. Resignifica nociones potencialmente transgresoras. Como todo modo de pensar, el pensamiento complejo tiene que establecer distinciones y trabajar con categorías de análisis. La categoría compleja de organización es una de las herramientas vitales del pensamiento complejo: la noción de organización trae a su campo semántico las nociones de orden, desorden y sistema. ¿Por qué es tan importante la noción de organización? (Morin, 1981) Porque el pensamiento complejo está constreñido a percibir, concebir y pensar de manera organizacional todo aquello que nos abarca, y que llamamos realidad (Pag.105). El pensamiento complejo hace, necesariamente, uso de la abstracción, pero busca que sus producciones de conocimiento se construyan por referencia obligada a un contexto ya sea cerebral, social o espiritual. El pensamiento complejo busca integrar y globalizar religando las partes al todo, el todo a las partes y las partes entre sí, pero tiene la conciencia de que es imposible conocer el todo, por ende es necesario movilizar el todo, pero es imposible conocer el mundo en su totalidad.

La pérdida de certeza y la emergencia de la contradicción en el seno de las teorías científicas que hemos examinado se constituyen en un problema radical y desafío para el entendimiento humano. Pues bien, el pensamiento complejo es un modo de pensar que intenta asumir el desafío, que le proponen la incertidumbre y la contradicción. Para recoger este desafío es menester un cambio de paradigma que relativice y ponga en cuestión los principios de conocimiento en que se funda el pensamiento clásico. Es decir, el pensamiento complejo debe complementar y confrontar el modo de pensar que separa las partes, apoyado en unos principios de conocimiento tales que devenga capaz de concebir la organización, que religue, contextualice y globalice. Pero el pensamiento complejo, al mismo tiempo que lucha por conectar lo separado, debe ser capaz de reconocer lo anormal, lo singular y lo concreto.

Con todo, para avanzar en la construcción de semejante problema, de semejante modo de pensar, es indispensable asumir el problema epistemológico. La epistemología de la complejidad no podría ser una epistemología de segundo orden, es decir, un saber del conocimiento del conocimiento. Ésta es la apuesta de la complejidad.

El IIPC es un instituto internacional de investigación y desarrollo sobre el Pensamiento Complejo y temas afines creado por Edgar Morin y Raúl Domingo Motta, juntamente con el apoyo de Ilya Prigogine, Fernando Lucero Schdmit (Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la USAL), Juan A. Yaria, Genoveva de Mahieu y Juan A. Tobías quien siendo Rector de la USAL aprobó su creación en el año 1997.

Es importante comprender tres nociones fundamentales que están asociadas y permiten entender los principios y fundamentos que rigen la creación y las actividades del IIPC. Estas nociones son tres a saber, “la complejidad”, “el pensamiento complejo” y “la planetarización”. Una rápida mirada por sobre la información cotidiana que los periódicos muestran permite observar que la mayoría de los problemas globales y a la vez vitales y cotidianos, no solo se caracterizan por ser enormes sino también, por sus escalas irreductibles. Pero la característica más importante de estos problemas es que revelan la interconexión de distintas dimensiones de lo real y que a su vez, se revelan en toda su complejidad. Esto significa la emergencia de procesos, hechos u objetos multidimensionales, multirreferenciales, interactivos (retroactivos y recursivos) y con componentes de aleatoriedad, azar e indeterminación, que conforman en su aprehensión grados irreductibles de incertidumbre. Por lo tanto, un fenómeno complejo exige de parte del sujeto una estrategia de pensamiento, que a la vez que reflexiva debe ser no reductiva, polifónica y no totalitaria o totalizante. Un contexto inédito y enorme requiere un pensamiento creativo, radical y polifónico, además de un pensamiento capaz de pensar fuera de la órbita de los lugares comunes. La complejidad, es a primera vista un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente unidos, que presentan la paradójica relación de lo uno y lo múltiple. La complejidad es efectivamente el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Así es que, la complejidad se presenta con los rasgos perturbadores de la perplejidad, es decir de lo enredado, lo inextricable, el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre. La aparición de esta en las ciencias permitió dar un giro en la comprensión de este término, que llevó inclusive a la necesidad de replantear la dinámica misma del conocimiento y del entendimiento.

La complejidad aparecía al comienzo como una especie de hiato, de confusión, de dificultad. Hay, por cierto, muchos tipos de complejidad, se encuentran las complejidades ligadas al desorden y otras que están sobre todo ligadas a contradicciones lógicas. Pero lo más importante es que con la incorporación de la complejidad y su inserción en el conocimiento se recupera, por una parte, para el mundo empírico, la incertidumbre, la incapacidad de lograr la certeza, de formular una ley eterna y de concebir un orden absoluto. Y, por otra parte, se asume la dificultad irremediable para evitar contradicciones lógicas en el avance de los conocimientos y la comprensión.

El estado espiritual que produce la complejidad no es solo la perplejidad del espíritu humano, hay otro estado que se parece a una excitación producida por algo que nos sobrepasa y nos sorprende provocando en nuestro espíritu un estado parecido al despertar. Paul Valéry[1] entiende este estado como la capacidad de sentir, reaccionar, hacer, comprender y resistir de parte de un sujeto que intenta recomponer sus habilidades y maniobrar sus pensamientos en búsqueda de nuevas estrategias frente a lo real. Es una actitud que lejos de remitirnos nuevamente al sopor del entendimiento y a la cómoda reducción esquemática de lo ya sabido nos reenvía a una especie de vivificación de la situación a través de un repensar provocado por la perplejidad de la complejidad. La emergencia de la complejidad reclama un esfuerzo por parte del espíritu para enlazar, articular y religar la dispersión de nuestro saber vivir y de nuestra capacidad de comprensión.

El pensamiento complejo es la respuesta del espíritu frente a la fragmentación y dispersión de los conocimientos que no pueden hacer frente a la emergencia de los fenómenos complejos. El pensamiento complejo es un pensamiento que relaciona, un arte de pensar y una estrategia del espíritu frente a la paradoja que anima el actual contexto que globaliza y al mismo tiempo fragmenta. El Pensamiento Complejo realiza la rearticulación de los conocimientos mediante la aplicación de sus criterios o principios generativos y estratégicos de su método, los cuales son:

  • Principio Sistémico u Organizacional: Basado en el principio de Pascal quien consideraba imposible conocer las partes sin conocer el todo y viceversa, y en la que Morín destaca lo siguiente: “…la organización de un todo produce cualidades o propiedades nuevas en relación con las partes consideradas de forma aislada
  • Principio Hologramático: La voz griega holon significa «todo». Pero no se trata de una totalidad. Es un todo que no totaliza. El principio hologramático nos guía y nos permite concebir una de las características más sorprendentes e importantes de las organizaciones complejas: En una organización, el todo está inscrito en cada una de sus partes. Se trata, obviamente, de una inscripción estructural del todo en la parte. La noción de holograma parece capturar metafóricamente un principio de organización general que estaría presente en muy diversos dominios de lo real: cada parte contiene dentro de sí el todo; cada parte debe su singularidad justamente a que, controlada por la organización del todo, producido por las interacciones de las partes, una pequeña parte del todo se expresa en él, pero, al mismo tiempo, sigue siendo portadora de las virtualidades del todo. Parece claro, entonces, que el pensamiento complejo dispone de la posibilidad de religar el todo con la parte y la parte con el todo, así como de la posibilidad de no recaer en las trampas de la simplificación.
  • Principio de Retroactividad: El principio del bucle retroactivo o retroalimentación El cual rompe con el principio de causalidad lineal, y en este sentido Morin destaca lo siguiente: (Morin (1999) “…la causa actúa sobre el efecto y el efecto sobre la causa” (Pág. 99), como en un sistema de calefacción en el que el termostato regula el trabajo de la caldera.
  • Principio de recursividad: En términos de complejidad, la noción de recursividad está asociada a la idea de bucle retroactivo, pero lo supera largamente; por tanto, va más allá de la idea cibernética de regulación. El principio de recursividad conduce al pensamiento complejo a las ideas de autoproducción y autoorganización. Estas dos ideas, junto con el principio de recursividad, sirven para la comprensión científica de los sistemas complejos: la vida, el universo, la sociedad, etc. El principio de recursividad es, pues, un principio de pensamiento fundamental no solo para asir la retroacción de los productos sobre el productor, sino también para reconocer y traducir, en términos de la teoría, aquellas entidades y características que son productos a la vez que productores y causas del mismo proceso que las produce: esto es un bucle recursivo. El principio de recursividad es, por tanto, un principio vital a la hora de pensar la organización de un sistema complejo.
  • Principio de autonomía/dependencia o (auto-eco-organización) (Morin, 1999) Basado en la formula e Heráclito ·…vivir de muerte, morir de vida…” (Pág. 100), en la que los seres vivientes se regeneran a partir de la muerte de sus células para darle origen a otras nuevas, y así mantener el equilibrio biológico. El principio de auto-eco-organización se opone a las dos siguientes explicaciones de los fenómenos humanos. Por un lado, al aislamiento del fenómeno de su «medio». Por otro, a hacer del fenómeno un mero producto de determinaciones externas, a diluirlo en su «entorno», teniendo siempre en cuenta que la consideración de algo como entorno o ecosistema depende del punto de vista o focalización adoptada por el observador y evaluador. En virtud del principio de auto-eco-explicación no puede haber (Morin, 1983) «descripción ni explicación de los fenómenos fuera de la doble inscripción y de la doble implicación en el seno de una dialógica compleja que asocie de manera complementaria, concurrente y antagonista las lógicas autónomas e internas propias del fenómeno por una parte y las ecológicas de sus entornos por la otra» (Pág.111). El principio de auto-eco-organización nos muestra, entonces, por un lado, que la explicación de los fenómenos debe considerar tanto la lógica interna del sistema como la lógica externa de la situación o entorno; debe establecer una dialógica entre los procesos interiores y los exteriores. Por el otro, que todo fenómeno autónomo (auto organizador, auto productor, autodeterminado) debe ser considerado en relación con «su» entorno o ecosistema. En síntesis, el principio de auto-eco-organización nos indica que el pensamiento complejo debe ser un pensamiento ecologizado que, en vez de aislar el objeto estudiado, lo considere en y por su relación eco-organizadora con su entorno. Ahora bien: la visión ecológica no debe significar una reducción del objeto a la red de relaciones que lo constituyen. El mundo no sólo está constituido por relaciones, sino que en él emergen realidades dotadas de una determinada autonomía. De aquí que lo que inseparablemente deba considerar el pensamiento complejo ecologizado sea la relación auto-eco-organizadora del objeto con respecto a su ecosistema
  • Principio Dialógico: El principio de dialogización es un principio de conocimiento que une o pone en relación ideas o principios de dos lógicas que de suyo son antagónicas. Esto es, él une dos principios o ideas que se excluyen mutuamente, pero que son inseparables dentro de una misma realidad o fenómeno. Este principio faculta al pensamiento en sus asociaciones y conexiones de conceptos o enunciados que se contradicen el uno al otro, pero que deben aparecer como dimensiones articuladas de lo mismo. Su vocación epistemológica es captar el modo de existencia, el funcionamiento y las interdependencias contextuales de un «fenómeno» complejo. El principio dialógico es un principio de complejidad en el sentido de que afina el pensamiento para captar las contradicciones fecundadas que aparecen cada vez que tiene que vérselas con un sistema complejo, con la dimensión generativa de su organización. Así, para poder describir la dinámica de un sistema complejo es vital concebir una dialógica, un diálogo de lógicas entre orden, desorden y organización. Además, el principio dialógico conduce a la idea de «unidualidad compleja». La unidualidad entre dos términos significa que éstos son, a la vez, no eliminables e irreductibles. Por separado, cada término o cada lógica resulta insuficiente, por lo que hay que relacionarlos a ambos y hacerlo en forma de bucle. Ninguno de los dos términos es reducible al otro (y en este sentido hay dualidad), pero tampoco son nítidamente separables, pues confluyen mutuamente (y en este sentido son uno). En los problemas se suele ir en contra con tesis antagonistas que se plantean como enfrentadas, irreconciliables y excluyentes. Este modo de plantearlas es resultado del pensamiento simplificador, disyuntor y reductor que subyace a ambas tesis. Un paradigma de la complejidad posibilita la asociación de las tesis o proposiciones contradictorias. Consideradas juntamente, las tesis alternativas suelen expresar verdades. Pero, al rechazar la tesis contraria y, consiguientemente, la parte de verdad que ésta contiene, aisladamente cada tesis resulta insuficiente y mutiladora. Un paradigma de la complejidad nos insta a ver e integrar las dos tesis antagonistas, a desarrollar una visión poliocular.
  • Principio de Reintroducción del cognoscente en todo conocimiento: El principio de reintroducción del que conoce en todo Conocimiento En el que se señala que todo conocimiento es una reconstrucción o traducción que lleva a cabo una persona, de acuerdo con una cultura y tiempo específicos. A través de estos principios es preciso, tomar en cuenta la relación con el contexto, complejizar la noción de contexto para darle movimiento, es decir, ver la trama en devenir como un tejido que teje y se desteje, igual que la actividad de Penélope en la Odisea de Homero, pero en otro horizonte del mundo, ya que es la humanidad hoy la protagonista del proceso de planetarización del mundo. Esta correlación de significados remite a la experiencia homérica donde Odiseo (Ulises) en su itinerancia es un ser golpeado, empujado por el rayo de Zeus, que anda errando, agitado y sin rumbo fijo, pero con un objetivo, un fin concreto: llegar a casa. En función de ello, con la expresión «edad de hierro planetaria» se quiere significar que la humanidad no ha encontrado todavía, el metapunto de vista político que le permita superar la ceguera que conlleva el comprender su devenir histórico actual como un proceso de globalización de los mercados y del sistema capitalista de producción, y no como parte de un proceso mucho más complejo y que globaliza a la globalización, consistente en una especie de progresiva simbiosis entre el destino de la especie y el devenir ecológico y cosmológico del planeta. La toma de conciencia de parte de la humanidad de su devenir planetario como sujeto errante, permitiría salir de la situación de barbarie global y crearía las condiciones de posibilidad de una forma distinta de convivencia de la especie en su Tierra-patria, y al mismo tiempo en función de lo que está en juego: su propio devenir humano.

Por lo tanto, no solo en preciso ver el entrelazado, sino también es preciso observar las dinámicas reconfigurantes del contexto con sus emergencias, eventos, acontecimientos, etc. y su retroacción sobre la observación, con la finalidad de hacer frente no solo a la dificultad del aprendizaje y la comprensión, sino también, a la entropía del sentido y así favorecer la comprensión de la necesidad de su permanente recreación. La imagen de trama y de textura sirve de modelo configurante para comprender la dinámica de la información y la organización de los conocimientos, cuya acabada manifestación es la morfología del sistema telemático y de las comunicaciones, esta es una trama que sostiene el flujo de datos en una forma multidimensional y vertiginosa. Hay una trama que envuelve y atraviesa a las sociedades mediante una red de redes. Esta trama no solo sostiene, sino que configura y determina cada vez más, las condiciones de posibilidad de la toma de decisiones, el intercambio económico, la gestión empresarial y pública, y la dinámica de gestión científica y tecnológica. Sin embargo, el sujeto que hoy teje y desteje la trama de flujos que circunda y articula a las sociedades, no es Penélope que espera el regreso de Ulises, sino un cuatrimotor, conformado y articulado por la gestión económica, la ciencia, la tecnología y la búsqueda de lucro en el sistema financiero global, dislocado y dislocante de las distintas modalidades de organización social y productiva, transformando la Odisea planetaria de la humanidad en una masa amorfa errante y desorbitada. Aquí el contexto se vuelve al mismo tiempo, circunstancia, situación y horizonte. Para el pensamiento complejo el actual contexto tiene como acontecimiento principal la emergencia de un punto de inflexión en el devenir de la humanidad, donde al mismo tiempo convergen y divergen la historia de la especie, la historia del universo, la historia del planeta y la historia de la humanidad, en una instancia omnisciente. Término introducido por Michel Serres para señalar la instancia en donde la humanidad deviene causa operacional de sí misma como consecuencia del desciframiento del ADN. Pero en realidad es una instancia que contiene dos posibilidades, la autodestrucción termonuclear y la autoproducción genética. Anuncio de muerte y de nacimiento a la vez, la actual circunstancia de la humanidad es incandescente.

La ceguera e incomprensión sobre esta singular situación y la dificultad de dar cuenta de ella, a partir de una reflexión colectiva y un pensar original, se oculta en medio de un sin número de síntomas y problemáticas que despistan por sus escalas y heterogeneidades, tanto a la política, al mundo intelectual y a la ciencia. Esta incomprensión de la actual encrucijada de la humanidad y sus mil caras y formas en que se revela a nivel local obstaculiza la construcción de un prisma colectivo y global que se transforme en el sujeto y no en el objeto de los riesgos y desafíos del devenir planetario de la humanidad. La emergencia globalizada y al mismo tiempo fragmentada se expresa en forma contundente, dislocante y cada vez, más omniabarcadora. Sin embargo, es ella misma la espesura que oculta el problema esencial: el conocimiento del mundo en devenir se vuelve una necesidad estratégica para la supervivencia de la especie. Es un problema intelectual y vital. Además, los problemas que hoy desafían nuestro futuro son cotidianos y simultáneamente globales. Pero la información, el conocimiento y la educación, soportes imprescindibles para la resolución estratégica de los problemas se encuentran en una inercia fragmentaria, hiper especializada, descontextualizada y encapsuladora. Su resultado no es la falta de soluciones, sino algo peor, la proliferación de soluciones impertinentes.

La toma de decisiones bajo el pensamiento complejo

La administración se puede considerar como la ciencia de las decisiones, ya que, bajo los objetivos de organización, control y dirección, entre otras, según la administración moderna, el elemento común es la toma de decisiones, ya sea en respuesta a observaciones, modelos, experimentos, acciones o reacciones. Los modelos de toma de decisiones se han encargado de construir procedimientos para la correcta aplicación de los efectos de actuar, pero lo que se pretende es mostrar que con la ayuda del pensamiento complejo este método ampliaría el horizonte de alternativas cuando de decidir se trata.

El problema planteado se basa en la idea de que los gerentes actualmente tienen que tomar decisiones sobre problemas cada vez con menos tiempo para analizar todas las variables que se relacionan y en ocasiones resultan de carácter valioso y de efectos críticos. Sus decisiones se basan en los datos que resultan de sus trabajadores, sus reportes históricos, sus informes de trabajo y podemos agregar que como resultado del análisis derivado de su propio trabajo. Algunos autores agregan que como base en la toma de decisiones gerenciales los resultados analizados deberían templarse con el juicio experimentado, ya que habitualmente existen factores que no pueden incorporarse al análisis.

Los profesionales en el área de toma de decisiones afirman, que tener el control sobre todas las variables involucradas en sus actividades empresariales, cual sea el giro de la misma,  es lo más importante, sostienen que conocer las características de sus modelos y la comprensión de su operación, permite mostrar todos los elementos a considerar para realizar una acción o proponer un cambio, lo cual resulta en la tarea más efectiva de un gerente, pero esta forma de tomar decisiones deja de lado el ambiente y contexto donde esas decisiones van a tomar efecto, y si en ese momento no eran las más adecuadas o si había simplemente que dejar las cosas así.

Las condiciones actuales de los nuevos gerentes presentan retos cada vez más dinámicos y cambiantes por las condiciones actuales de los negocios y su relación en la globalización mundial, no podríamos decir que la toma de decisiones era la misma hace 20 años o 40 años atrás, la era de la información, los constantes cambios económicos de los países, los estados y las empresas, así como un mercado de consumo más especializado y exigente presentan retos más complicados de resolver. La mayoría de los gerentes responden a estos cambios desde una perspectiva interpretativa orientada y en la búsqueda de modelos que describan de la mejor manera las decisiones a que están sujetos y que deben de tomar en beneficio de sus empresas.

Actualmente se utilizan modelos de análisis en la toma de decisiones basado en los siguientes planteamientos:

  • Ver los resultados de sus variables cualesquiera sean, por lo cual destinan tiempo a observar.
  • Pensar que muestran estas variables, por lo cual es necesario razonar.
  • Darse cuenta lo que es necesario hacer. Hay que destinar tiempo a entender “el cómo y el por qué” y las consecuencias.
  • Planear las acciones Hay que destinar tiempo a implementar y adaptar los planes.
  • Comunicar a los involucrados lo que se ha planeado. Hay que destinar tiempo a interpretar lo logrado, su significado y consecuencias para que todos lo puedan ver.

En esencia estos puntos, con sus adaptaciones en cada caso en particular, son el proceder que tienen los gerentes para realizar y tomar una decisión,  es aquí donde el planteamiento del pensamiento complejo interviene en auxilio de los gerentes para incorporar una visión diferente que incluya todo los elementos, su entorno, su contexto y una visión del todo para cada caso, sin la necesaria disminución de la situación en elementos cada vez más simples, por el contrario ofrecer comprender el todo o sea la decisión como un todo que cambiará las condiciones en la empresa. La idea de fragmentar los problemas en pequeñas realidades impide conocer la naturaleza del todo. La administración basada en la planeación estratégica, la planeación por escenarios ni los modelos cuantitativos pudieron predecir las crisis económicas, según Jorge Ricardo Cueva[2] quien en su trabajo explica: (Cueva, 2009) “las decisiones de las grandes organizaciones no pudieron predecir la crisis económica del 2008, tampoco se estimó que el sistema financiero de Latinoamérica resultara más sólido que el de otras regiones, provocando grandes pérdidas a los inversionistas latinos que apostaron por los mercados financieros norteamericanos o europeos, este entorno económico es el resultado de una fallida teoría administrativa que no considero todos los factores que pueden influir en la organización, recopilando realidades fragmentadas que sustentaron fallidas decisiones.”

Conclusiones

Se ha realizado un breve recorrido por la teoría de uno de los autores más fecundos de nuestro tiempo, con una amplia capacidad de síntesis, un hombre que se ha movido en universos aparentemente distantes como son los de las ciencias naturales, biológicas y humanas, logrando mostrar como su separación no solo es aparente sino perniciosa. Se han señalado algunos aspectos de la riqueza y hondura de su pensamiento. Morin emerge como un potente sintetizador, semejante a aquellos pensadores del Renacimiento, que frente a estériles neoescolasticismos, nos descubren de nuevo al misterio del Cosmos, de la vida y del hombre. Pero su asombro no es ingenuo, sino que como él mismo lo dice: “es asombro del mismo asombro”. Y aquí se resume paradójicamente su pensamiento. Frente a las diversas desviaciones que nos afectan en las academias o en el hombre de acción, Morin nos ha enseñado el compromiso con el hombre independientemente de su clase, color o condición, porque su compromiso es con el hombre entero. Por eso nos llama a la resistencia, pero al contrario de esa lucidez desesperada que hoy invade a unos y el cinismo a otros, él desemboca en el redescubrimiento de una sabiduría que permite superar el divorcio entre la meditación y la práctica social y humana.

(Morin, 1995) “De ahí a pesar de todo, debemos resistimos a lo que separa, a lo que desintegra, a lo que aleja, sabiendo que la separación, la desintegración, el alejamiento ganarán la partida”. (Pág. 290). Pero no entendamos esta resistencia al modo exasperado de gran parte de las ideologías de nuestro tiempo, pues “sonreír, reír, bromear, jugar, acariciar, abrazar, es también resistir”.

Por tal motivo es ahora que la gerencia actualmente debe ser proactiva ante su entorno y su contexto, adaptarse al mundo cambiante, lleno de incertidumbre y evitar so pena de fracaso fraccionar los problemas en pequeñas realidades dejando de lado el problema de la empresa en integrantes de solo algún departamento o persona en específico, esto significa evitar el uso de la abstracción como único elemento para la entender la realidad, lo importante será que la noción de la realidad debe ser delicadamente ponderada y balanceada bajo la integración de todos los elementos sin separar a la empresa en departamentos o secciones aisladas, en liderazgos u opiniones de los expertos únicamente, o bajo los resultados de la relación con el cliente o los proveedores con la finalidad de evitar que en la búsqueda de soluciones particulares se evite la excesiva simplificación que pueda llevar a tomar malas decisiones. Por tal motivo en caso de incorporar los siguientes puntos ayudarán a mejorar el proceso en la toma de decisiones, enriquecerlo con información útil e importante, creando realidades completas han de realizar decisiones que comprendan tanto al entono, contexto y espectro de aplicación y sus efectos permeen en toda la organización:

  • El problema es concebible
  • Es realmente necesario concebirlo
  • Se cuenta con la información necesaria para concebirlo
  • Las causas y los efectos del problema se pueden predecir o modelar
  • Usar la gradualidad, para evitar estar arriba o abajo del problema, más bien dentro de él.
  • Usar la pluralidad, aplicando los saberes teóricos, matemáticos, racionales, así como la experiencia
  • Usar la complementariedad, descubrir una solución que venga dada por la combinación de posibilidades contrapuestas
  • Usar la integridad, ver a la persona como una realidad compleja y unitaria.
  • Usar la solidaridad, mejorar las relaciones humanas en la búsqueda de soluciones, evitando que la única relación sean las transacciones y las negociaciones.

Finalmente, el pensamiento complejo es, en esencia, el pensamiento que integra la incertidumbre y que es capaz de concebir la organización. Que es capaz de religar, de contextualizar, de globalizar, pero, al mismo tiempo, de reconocer lo singular y lo concreto.

Bibliografía.

 

Cabrera Paiva A., 2004, “Edgar Morin y en pensamiento de la complejidad”, Revista Ciencias de la Educación, Año 4 • Vol. 1 • N.º 23 • Valencia, enero – junio 2004 PP. 239-253 – Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Maracay, Venezuela

Cátedra Itinerante UNESCO «Edgar Morin» (CIUEM) Ver ANEXO A Recuperado de https://www.ciuem.info/inicio/qu%C3%A9-es-pensamiento-complejo-y-complejidad/

Cuevas J,2009, “La Complejidad y la Gerencia, lineamientos para gestionar la complejidad en la empresa”, Universidad Central de Venezuela Recuperado de https://es.slideshare.net/JorgeRicardoCuevaGranda/la-complejidad-y-gerencia-lineamientos-para-gestionar-la-complejidad-en-la-empresa

Descartes R., 2007, El Discurso del Método, Madrid: Editorial Akal

Descartes R, 1997, Meditaciones Metafísicas con Objeciones, Madrid: Editorial Alfaguara

Morin E., 1981. El método I. La naturaleza de la naturaleza. Madrid: Cátedra

Morin, E.,1983. El método II. La vida de la vida. Madrid: Cátedra

Morin E., 1990, Introducción al Pensamiento Complejo. Barcelona: Editorial Gedisa

Morin E., 1995, Mis demonios, Barcelona: Editorial Reivos.

Morin, E. 1999, La cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Buenos Aires: Nueva Visión.

Ramírez O., 1977, “El paradigma de la complejidad en Edgar Morin”, Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales, Medellín

Vergara Meza, C.[3], 2013, “Toma de decisiones gerenciales, basados en el pensamiento complejo de Edgar Morín”. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/toma-de-decisiones-gerenciales-basados-en-el-pensamiento-complejo-de-edgar-morin/

 

ANEXO A

 

La Cátedra Itinerante UNESCO «Edgar Morin» (CIUEM) pertenece al Instituto Internacional para el Pensamiento Complejo (IIPC). Tiene por actividad principal la formación y capacitación en los distintos aspectos del Pensamiento Complejo y su aplicación a los desafíos del devenir de la humana condición en el marco de los principios generales de la UNESCO.

Institucionalmente, su gestión se orienta a la cooperación científica y técnica para el fortalecimiento de los sistemas educativos en general y a la investigación universitaria en particular. Participa activamente en el marco de las acciones que promueven el desarrollo de las sociedades del conocimiento democráticas, participativas y equitativas en un contexto de creciente complejidad de la era planetaria. Una de sus tareas prioritarias consiste en la elaboración de enfoques relacionados con el futuro de las humanidades en siglo XXI, que contemple como problema principal el desafío de la complejidad humana y su destino como comunidad planetaria.

La modalidad operativa principal de la CIUEM se desarrolla a través de su inserción en las universidades e instituciones de investigación y gobierno. En este sentido la CIUEM realiza sus actividades en forma simultánea en distintas universidades de varios países. La CIUEM participa también en varios proyectos gubernamentales de América latina y el Caribe relacionados con distintos aspectos de las reformas educativas y el fortalecimiento de las políticas públicas en general.

 

[1] Ambroise-Paul-Toussaint-Jules Valéry (Sète, 30 de octubre de 1871 – París, 20 de julio de 1945) fue un escritor, poeta, ensayista y filósofo francés. Como poeta es el principal representante de la llamada poesía pura; como prosista y pensador (él se consideraba antifilósofo), la lectura y comentario de sus textos ha sido muy notable, desde Theodor Adorno y Octavio Paz hasta Jacques Derrida, que le comentó hasta en su último seminario

[2] Jorge Ricardo Cueva Granada – Magister en Gerencia de Empresas – Universidad Central de Venezuela

[3] Ingeniero en Biónica por el IPN México, Maestro en Ingeniería de Sistemas por el IPN México, Maestro en Comercio Electrónico por la US Cancún

La amarga vida de las hijas de Marx

Fuente: Diario El País España JOSÉ OVEJERO 20 NOV 2018

https://elpais.com/elpais/2018/11/09/eps/1541778249_396721.amp.html

Marx
Karl Marx (derecha) y Friedrich Engels, junto a las hijas del primero. De izquierda a derecha, Jenny, Laura y Eleanor. MARKA / UIG / GETTY IMAGES

Jenny murió joven. Laura y Eleanor se suicidaron. Vivieron a la sombra de los hombres, sin duda en un siglo equivocado

ÉRASE UNA VEZ vez tres hermanas, las únicas que llegaron a la edad adulta de los siete hijos que tuvieron sus padres. Érase tres hermanas, Jenny, Laura y Eleanor. La primera murió de cáncer a los 38 años, las otras dos se suicidaron; Laura junto con su marido, Paul Lafargue, uno de los introductores del marxismo en España y autor del famoso El derecho a la pereza. La pareja había llegado a la conclusión de que la vida no merecía la pena a partir de esa edad en la que no puedes disfrutar de los placeres de la existencia y te conviertes en una carga para los demás. La más joven, Eleanor, se envenenó a los 43 quizá asqueada y descorazonada por los engaños de su compañero, el socialista Edward Aveling, a quien había cuidado durante una larga enfermedad, aunque sabía de sus infidelidades. Al parecer no pudo soportar el descubrimiento de que Aveling se había casado en secreto con una amante.

Todas ellas atravesaron etapas de auténtica miseria —no solo en la infancia— y de persecución política. Las tres se casaron o vivieron con activistas de izquierda. Pero el interés de estas tres hermanas no se debe solo ni principalmente a sus vicisitudes personales, sino a su contribución al desarrollo del movimiento obrero y a su trabajo intelectual.

Un detalle revelador sobre Jenny: al cumplir 13 años su hermana Laura le regaló un diario y, en lugar de dedicarlo a niñerías, se puso a escribir un ensayo sobre la historia de Grecia. En 1870 publicó varios artícu­los sobre el tratamiento dado a los presos políticos irlandeses, otro sobre los abusos de la policía francesa cuando fue detenida junto a su hermana Eleanor; también fue secretaria de su padre en la Asociación Internacional de Trabajadores.

Laura tuvo una vida particu­larmente difícil, atravesando etapas de depresión quizá debido a la muerte temprana de sus tres hijos. Acuciada por la pobreza, trabajó de profesora de idiomas y acompañó a su marido por varios países huyendo de la policía y colaborando con los movimientos socialistas. Esta mujer, que había ayudado a su padre investigando para él, escribió artículos políticos (sobre el socialismo en Francia, por ejemplo), pero no llegó a tener una obra notable, siempre a la sombra de dos hombres: su padre y su marido.

Eleanor, que había querido ser actriz, fue la más intelectual de las tres: escribió numerosos artículos, algunos interpretativos de la obra de su padre, otros sobre diferentes temas de importancia política y ­social: uno de los más interesantes es el que escribe sobre la situación de las mujeres, tiranizadas por el capitalismo y por los hombres; consideraba que la llegada del socialismo las haría libres e iguales a los varones. Mujer políglota, fue una dura crítica del colonialismo y una apasionada defensora de la escolarización obligatoria.

Las tres, hijas de Karl Marx y Jenny von Westpahlen, sentían adoración por el padre. La madre, igual que ellas, quedaría oscurecida y relegada en un mundo de hombres. Socialismo y feminismo no eran ni mucho menos equivalentes.

Ahora que se acerca el final de los festejos del segundo centenario del nacimiento de Karl Marx (con sus magníficas exposiciones en su ciudad natal, Tréveris, con congresos y celebraciones en su honor), es un buen momento para recordar a estas tres hermanas que, en una época más igualitaria, habrían ­destacado en la vida política e intelectual de cualquier país y no serían citadas casi exclusivamente como apéndices de los hombres que ­tuvieron cerca. 

La entrevista de Guayaquil y el retiro de San Martín de la vida pública


Fuente: Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina 2, Buenos Aires, Planeta, 2005, 54-57.
https://www.elhistoriador.com.ar/la-entrevista-de-guayaquil-y-el-retiro-de-san-martin-de-la-vida-publica/

La situación del Perú era complicada. Los realistas no habían sido derrotados del todo y se estaban reorganizando. Por diferencias políticas con San Martín y en reclamo de sueldos atrasados, Thomas Cochrane –llamado por el Libertador “el Lord Filibustero”– se retiró de Lima con la escuadra y una importante suma de los caudales públicos. Como si esto fuera poco, comenzaban a advertirse signos de descontento entre la población, que no estaba de acuerdo con las ideas monárquicas de San Martín.

Como vimos, el Libertador pidió ayuda al Río de la Plata. Los caudillos litorales, López y Ramírez, y el gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos, se mostraron dispuestos a colaborar, pero el gobierno de Buenos Aires, el único en condiciones de financiar la operación, le negó toda clase de apoyo. Sólo le quedaba un recurso: unir sus fuerzas con las del otro libertador, el venezolano Simón Bolívar.

San Martín tenía cifrada sus esperanzas en la reunión cumbre. En vísperas de Guayaquil, al delegar el mando del gobierno peruano, expresó: “voy a encontrar en Guayaquil al libertador de Colombia; los intereses generales de ambos Estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino a que con rapidez se acerca la América, hacen nuestra entrevista necesaria. El orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto grado responsables del éxito de esta sublime empresa”.1

La famosa entrevista de Guayaquil (Ecuador) se realizó los días 26 y 27 de julio de 1822. Entre San Martín y Bolívar había diferencias políticas y militares. Se ha pretendido llenar de misterio la entrevista, cuando en realidad ha quedado bastante claro lo que pasó en aquellos memorables días. Básicamente había dos temas en discusión. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo decidiera con libertad su futuro, Bolívar, preocupado por el peligro de la anarquía, estaba interesado en controlar personalmente la evolución política de las nuevas repúblicas. El otro tema polémico era quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar, pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y la capacidad de San Martín como subordinado.

Esta decisión tenía mucho que ver con la enemistad manifiesta de las autoridades porteñas, que habían abandonado a su suerte al Libertador y su ejército. Como vimos, el nuevo hombre fuerte de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, viejo enemigo de San Martín, había dado por concluida la campaña libertadora. Claro que para algunos suena mejor hablar de “misterio” antes que admitir que el Estado argentino –entonces en manos del “más grande hombre civil de la Argentina”, al decir de Mitre– había tomado la férrea decisión de destruir a San Martín, abandonándolo y quitándole toda capacidad de negociación y todo apoyo militar para terminar su gloriosa campaña. El general argentino tuvo que tomar entonces la drástica decisión de retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país.

Así se sinceraba en una carta a O’Higgins: “Usted me reconvendrá por no concluir la obra empezada. Usted tiene mucha razón; pero más tengo yo. Créame, amigo, ya estoy cansado de que me llamen tirano, que en todas partes quiero ser rey, emperador y hasta demonio. Por otra parte mi salud está muy deteriorada: el temperamento de este país me lleva a la tumba; en fin, mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles y mi edad media al de mi patria. Creo que tengo el derecho de disponer de mi vejez”.2

Tras la entrevista de Guayaquil, San Martín regresó a Lima y renunció a su cargo de Protector del Perú en estos términos: “Presencié la declaración de la independencia de los Estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público; he aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos; por otra parte, ya estoy aburrido de oír decir que quiero hacerme soberano. Sin embargo siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más”.3

Partió rumbo a Chile, donde permaneció hasta enero de 1823, cuando se trasladó a Mendoza. Desde allí pidió autorización para entrar en Buenos Aires y ver a su esposa que estaba gravemente enferma. Cuenta su compañero del Ejército de los Andes, Manuel de Olazábal, que al enterarse de que su querido jefe partía hacia Buenos Aires, decidió salir a su encuentro y acompañarlo.

San Martín conocía perfectamente los efectos que había producido entre la clase dirigente porteña su negativa a participar en la represión interna. Unos años antes, el representante chileno en Buenos Aires, Miguel José de Zañartú, ya le advertía a O’Higgins: “Todos abominan de San Martín y no ven en él más que un enemigo de la sociedad desde que se ha resistido a tomar parte en las guerras civiles y ha impedido la marcha de sus tropas. A él atribuyen la sublevación de los pueblos y si se aumentan las desgracias de este país, creo que lo quemarán en estatua”.4

Rivadavia le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que entrase a la ciudad. En realidad, el ministro temía que el general se pusiese en contacto con los federales del Litoral y que, con su prestigio, diera un vuelco absoluto a la política local.

El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta al Libertador, advirtiéndole que el gobierno de Buenos Aires esperaba su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales. Incluso le ofrecía marchar con sus tropas sobre Buenos Aires si se producía tan absurdo e injusto juicio: “Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes, que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que, a su solo aviso, estaré con la provincia en masa a esperar a V.E. en El Desmochado, para llevarlo a triunfo hasta la Plaza de la Victoria. Si V.E. no aceptase esto, fácil me será hacerlo conducir con toda seguridad por Entre Ríos hasta Montevideo”.5

El general le agradeció a López su advertencia y declinó su ofrecimiento para evitar “más derramamiento de sangre”. Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires pero lamentablemente llegó tarde: su esposa ya había muerto sin que él pudiera compartir al menos sus últimos momentos. En el Cementerio del Norte hizo colocar una lápida de mármol en la que grabó su frase imperecedera: “Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín”.

Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes, rumbo a Europa.

Referencias:
Arturo Capdevila, El pensamiento vivo de San Martín, Buenos Aires, Losada, 1945
José de San Martín, Epistolario secreto de San Martín, Buenos Aires, Jackson, 1947.
Comisión del Centenario, Tomo X, p. 356.
Carta de Zañartú a O’Higgins, Buenos Aires, 5 de febrero de 1820, en Archivo Nacional, Archivo de don Bernardo O’Higgins, Santiago de Chile, Imprenta Universitaria, 1949-1951, t. VI, pág. 193. Citado por Patricia Pasquali, San Martín, la fuerza de la misión y la soledad de la gloria, Buenos Aires, Emecé, 2004.
Capdevila, obra citada.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Trajano: el origen de un emperador hispano

Marco Ulpio Trajano nació el 18 de septiembre del año 53 en el seno de una familia de ascendencia indígena, en la antigua ciudad romana de Itálica, en Hispania

Fuente: National Geographic España https://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/trajano-nacio-en-italica-hace-1960-anos_7619

Emperador Trajano

Marco Ulpio Trajano fue el primer emperador de origen provincial y, según Dión Casio y Herodiano, era un alloethnés y un externus: un hombre de otra raza y un extranjero. Trajano nació el 18 de septiembre del año 53 -aunque la fecha podría no ser exacta- en una antigua ciudad romana situada en la Bética, la provincia romana que comprendía la mayor parte del territorio de la actual Andalucía.

La familia de Trajano era de ascendencia indígena, parece ser que era natural de la región de Turdetania, posteriormente denominada Bética, cuando fue conquistada por Roma. Se cree que el linaje turdetano de los Trahii, o Traii, se integró en Itálicapoco después de la fundación de la ciudad por los romanos en 205 a.C. La antigua Itálica corresponde al actual término municipal de Santiponce, en la provincia deSevilla, donde probablemente también nació Adriano. Trajano estaba emparentado, además, con los Ulpios, un linaje italiota que residía en Itálica en 143 a.C. Tal vez gracias al enlace con los Ulpios y a la fortuna heredada, el padre de Trajano se trasladó a Roma poco después del nacimiento de su hijo, donde no tardó en ser nombrado senador.

Modesto pero autoritario

En el año 96 d.C., el reinado de Domiciano, tachado de cruel y despiadado, había terminado con una serie de conspiraciones, persecuciones y asesinatos, incluido el del propio emperador, el 18 de septiembre de ese mismo año. El Senado, principal víctima de aquel gobierno, llevó al trono al anciano Nerva, quien antes de su muerte, acaecida en enero de 98, adoptó a Trajano y y le concedió el título de emperador. Éste ascendió al trono imperial gracias a sus méritos personales, demostrados en la defensa de la frontera germana.

Trajano, que tenía alma de soldado, fue un emperador modesto pero autoritario, no aceptó que se erigieran grandes estatuas en su honor, pero por otro lado, tras su victoria en la campaña de Dacia, trajo a Roma miles de kilos de oro y plata, con lo que pudo financiar la construcción de su colosal foro en la capital. Tras la ocupación del reino nabateo dio al Imperio romano la mayor extensión jamás alcanzada.

Antonio Machado, el poeta de la Generación del 98

Fuente: 27/7/2019 Antonio Machado, el poeta de la Generación del 98 https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/antonio-machado-el-poeta-de-la-generacion-del-98-871487588987 3/8

Tenía 61 años cuando decidió no abandonar España al inicio de la Guerra Civil, a diferencia de lo que hicieron Ramón Menéndez Pidal, Azorín, Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Ramón Pérez de Ayala y otros. Quiso permanecer en el domicilio familiar de Madrid como gesto de apoyo a la legalidad republicana. Pero en noviembre de 1936 se presentaron León Felipe y Rafael Alberti en casa de Machado para rogarle que aceptase la evacuación a Valencia, ante la amenaza de bombardeos y el asedio sobre la capital por parte de los sublevados.

De entrada se negó a abandonar Madrid, fue precisa una segunda visita para convencerle. Finalmente el 24 de noviembre dejó Madrid por Valencia, donde permaneció con su familia hasta finales de abril de 1938 en que fue evacuado de nuevo, esta vez a Barcelona, al igual que el gobierno de la República. Primero se alojó en el hotel Majestic del Paseo de Gracia, convertido en residencia de invitados y corresponsales extranjeros. El ajetreo del céntrico establecimiento aconsejó trasladar a Machado y su familia al cabo de un mes en la Torre Castanyer, en el Paseo de San Gervasio n.º 21, un palacete incautado al vizconde de Güell. El hecho de no saberse de ninguna salida de Machado de la Torre Castanyer durante los once meses de estancia en Barcelona trasluce su delicado estado de salud y el cariz que la Guerra Civil había empezado a tomar en el ánimo de todos.

El domingo 22 de enero de 1939, Machado abandonó Barcelona en dirección a la frontera francesa, igual que todos los mandatarios republicanos y cientos de refugiados. El consulado de la República española en Perpiñán ofreció a Machado la ayuda que necesitase y le recomendó trasladarse a París, donde era esperado. El poeta, tras más de dos años bajo la protección de las autoridades republicanas, esta vez declinó la ayuda.

Sin fuerzas para continuar, decidió tomar con sus familiares y el amigo Corpus Barga un tren local hasta algún discreto lugar cercano donde dejar caer sus huesos. Se apearon indefensos bajo la lluvia, en la pequeña estación de la población francesa de Collioure, donde fue acogido por la propietaria del hotel Bougnol-Quintana. El poeta, exhausto, tan solo sobrevivió 26 días y murió el 22 de febrero. La madre falleció dos días después en la misma habitación.

Fueron enterrados en el cementerio viejo de la localidad. La tumba del poeta tiene como epitafio uno de sus versos y actualmente es visitada por admiradores y curiosos que la mantienen decorada con objetos de toda clase como muestra de cariño, entre los que nunca falta una bandera republicana. Su tumba es considerada uno de los memoriales más conocidos y transitados para el medio millón de republicanos que cruzaron la frontera hacia el exilio y con quienes el poeta quiso compartir destino hasta el final.

En vida, el poeta destacó no solo por ser el miembro más joven de la Generación del 98, sino porque demostró un gran
talento y una capacidad para mostrar el lado más intimista y sentimental de las cosas desde sus primeros poemas. Tras la
muerte de su esposa y gran amor, Leonor Izquierdo, y una vez quedó atrás la melancolía derivada por el Desastre del 98, el
estilo de Machado pasó a tener un estilo más realista plagado de precisas descripciones y tonalidades costumbristas.

Felipe el Hermoso: de conde de Flandes a Rey de Castilla

En 1505 partió de Flandes junto a su esposa Juana la Loca para hacerse cargo del gobierno de Castilla. Sin embargo, la muerte le sorprendió unos meses después sin darle tiempo para asentar un régimen que podría haber cambiado la historia de España

Fuente: Enrique Soria Mesa. Universidad de Córdoba. National Geographic España. 21 de septiembre de 2017

Felipe I de Castilla
Felipe I de CastillaApodado «el Hermoso», Felipe I de Castilla (1478 – 1506) era  yerno de Fernando el Católico, con quién no pudo evitar disputarse el trono de Castilla.Foto: Museo del Louvre
Alcázar de Segovia
Alcázar de Segovia En 1506 Felipe el Hermoso transfirió esta fortaleza al señor de Belmonte, uno de sus partidarios.Foto: Gtres
Brujas
BrujasEste importante enclave comercial de los Países Bajos, fue el lugar de nacimiento de Felipe el Hermoso en 1478. Tras su muerte en 1506, su corazón fue enviado aquí para ser enterrado. En la imagen el ayuntamiento gótico construido en 1376.Foto: Gtres
Felipe el Hermoso, Conde de Flandes, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence
Felipe el Hermoso, Conde de Flandes, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence Como príncipe soberano de los Países Bajos, Felipe el Hermoso era duque de Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Hainaut, Holanda, Zelanda y Artois, y señor de Amberes y Malinas. Eran estas unas tierras de gran riqueza agrícola, manufacturera y comercial, repletas de prósperas ciudades y en las que se concentraba una nobleza que desde hacía decenios daba el tono a la vida cortesana de toda Europa. No es raro, por tanto, que Felipe mirara con cierto desapego el país del que provenía su esposa Juana, a sus ojos tan lejano como poco civilizado.En su entorno se creía que “los reyes españoles van vestidos como campesinos, con trajes pesados y sin forma, anticuados y descuidados”. El primer viaje de Felipe a España le hizo cambiar su impresión, y a la muerte de Isabel la Católica se lanzó sin pudor a la conquista de su nuevo reino.
Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo.
Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo.Fue construido por los Reyes Católicos en 1476. En la Catedral de Toledo, Felipe y Juana fueron proclamados herederos de la corona de Castilla en 1503.Foto: Toledo Monumental
La infanta Juana de Castilla, retrato del maestro de Affligem, Joseph Sequence
La infanta Juana de Castilla, retrato del maestro de Affligem, Joseph SequenceLas relaciones de Castilla con Flandes se remontaban al menos al siglo XIV, cuando la lana castellana sustituyó a la inglesa como fuente principal de abastecimiento de la industria textil flamenca. A ello siguió la influencia cultural de los Países Bajos en la Península, en el dominio de las artes o la religión. Con todo, Juana de Castilla sufrió un fuerte impacto a su llegada a Flandes en 1496.La riqueza de las ciudades, la suntuosidad de los vestidos, la misma libertad de costumbres de la corte, contrastaban con la austeridad en la que había sido educada por su madre Isabel. En una ocasión, por ejemplo, cuando su marido quiso besarla en público en la mejilla, según la moda francesa, ella se retiró con un gesto de repugnancia. Pero más tarde, cuando quisieron retenerla en España para que diera a luz mientras Felipe volvía a Flandes, Juana no cejó hasta volver al que consideraba su hogar.
Felipe el Hermoso Retrato atribuido a Juan de Flandes, Siglo XV
Felipe el Hermoso Retrato atribuido a Juan de Flandes, Siglo XVPese a la leyenda de príncipe codicioso y marido insensible, Felipe el Hermoso dejó buen recuerdo en muchas de las personas que lo trataron. Así lo recoge el cronista Lorenzo de Padilla en la semblanza que trazó del soberano unas décadas después de su muerte. Naturalmente, Padilla destacaba en primer lugar su apostura: Felipe era “de alta estatura y abultado. Tenía muy gentil rostro, hermosos ojos y tiernos, la dentadura algo estragada, muy blanco y rojo. Las manos por excelencia largas y albas y las uñas más lindas que se vieron a persona”.El vigor físico era otro rasgo visible. Según Padilla, Felipe era “muy diestro en todos los ejercicios de las armas, así con ballesta como con escopeta. Cabalgaba muy bien a caballo a todas sillas. Era muy buen justador, jugaba a todos juegos de pasatiempos y era más aficionado a la pelota que a otro ninguno”. Eso sí, sufría un enojoso problema en una pierna: “En su andar mostraba sentimiento algunas veces por causa que se le salía la chueca -rótula- de la rodilla, la cual él mismo con la mano arrimándose a una pared la volvía a meter en su lugar”.Pero el príncipe flamenco sobresalía aún más, a juicio de Padilla, por su delicadeza de carácter. “Era muy amigo de sus criados –escribía– y muy afable a todos. Era templado en su comer y beber”. Y aunque reconoce su afición al galanteo, el cronista afirma que el rey sintió verdadero afecto por su esposa. “Quiso mucho a la reina; sufríale mucho y encubría todo lo que podía las faltas que de ella sentía acerca del gobernar”.Foto: Museo de Historia del Arte, Viena
Contrato matrimonial entre Juana y Felipe el Hermoso, 1495.
Contrato matrimonial entre Juana y Felipe el Hermoso, 1495.El enlace entre Felipe el Hermoso y Juana la Loca dio lugar a una suerte de encuentro de culturas. Los prejuicios y las sorpresas iniciales dejaron paso a una convivencia que se consolidaría bajo el reinado del emperador Carlos V.Foto: Archivo General de Simancas
140 Juana 4. Doña Juana "la Loca",1877, de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado, Madrid.
Doña Juana «la Loca»,1877, de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado, Madrid.Sobre las extrañas circunstancias en que se produjo la muerte del rey Felipe el Hermoso, en Burgos, contamos con algunos testimonios de la época. El 23 de septiembre de 1506, estando presente el prestigioso doctor De la Parra, el estado del enfermo revestía enorme gravedad. Así se nos cuenta: “Por la noche empezó a tener gran dolor en los costados, escupiendo sangre al amanecer, mientras empezaban a salirle manchas pequeñas, entre coloradas y negras, que los doctores llaman blatas, y que se extendieron por todo su cuerpo. Una gran infección se extendió por la lengua y paladar, inflamándose la úvula, perdiendo a ratos los sentidos y sobreviniéndole al tiempo terribles calenturas y largos estados de frío… El miércoles le sobrevino un frío aún más riguroso y después un sudor caliente harto copioso en todo el cuerpo, quedando como alienado y con sueño”.El historiador zurita, por su parte, nos cuenta: “considerando las cosas que habían precedido y la naturaleza de la dolencia que le acabó la vida tan arrebatadamente, no se dejó de tener alguna sospecha que le hubiesen dado ponzoña, pero de esta opinión salieron los mismos flamencos sus servidores en cuyo poder estaba. Porque los físicos [médicos] que él traía… descubrieron la causa de su enfermedad, y se entendió haberle sobrevenido de demasiado ejercicio y de una reuma, de donde se encendió la fiebre de que muchos morían en el mismo tiempo en aquella ciudad”.

Felipe el Hermoso: de conde de Flandes a Rey de Castilla

Pocos personajes han sido tratados tan injustamente por los historiadores españoles de todos los tiempos como Felipe el Hermoso. La figura de este rey joven y apuesto, pero que durante su breve reinado fue visto ante todo como un extranjero, se ha convertido en poco más que un apéndice de algunos de sus más inmediatos parientes. Así, lo poco que se suele referir de él está siempre condicionado a la biografía de sus suegros Isabel y Fernando, los Reyes Católicos; a la de su padre, el emperador Maximiliano; o a la de su hijo, el emperador Carlos V. Y más que a ninguna otra, a la singular y llamativa personalidad de su esposa, Juana la Loca.

Sin embargo, y aunque su vida fue terriblemente fugaz, ya que murió cuando tenía tan sólo 28 años, es imposible dejar de lado a un personaje que ostentó los títulos más elevados de la Europa de su tiempo: archiduque de Austria heredero del Sacro Imperio Romano Germánicoconde soberano de Borgoña y Flandes; y sobre todo, por lo que aquí nos interesa, rey de Castilla y León, introductor en España de la gloriosa dinastía de los Habsburgo, que sería continuada al poco por su hijo Carlos, entronizado en 1517.

Nacido en 1478 en la floreciente ciudad de Brujas, el príncipe Felipe fue hijo de Maximiliano de Habsburgo, entonces archiduque de Austria –sucedería a su padre en la dignidad imperial en 1493–, y de su esposa María de Borgoña, condesa de Flandes y de Borgoña, señora de amplísimos territorios en la zona que hoy corresponde a BélgicaHolanda, Luxemburgo y el norte de Francia. Hija única del ambicioso duque Carlos el Temerario, muerto en 1477, María consiguió mantener el legado de su linaje, excepto el ducado de Borgoña, que fue confiscado por el rey galo Luis XI.

Pese a una vida terriblemente fugaz, Felipe II ostentó los títulos más elevados de la Europa de su tiempo

A la muerte prematura de su madre en 1482, Felipe se convirtió en soberano de todos estos estados, aunque la regencia quedó inicialmente en manos de su padre Maximiliano. No obstante, en cuanto alcanzó el poder efectivo Felipe dio un giro copernicano a la orientación diplomática tradicional de su casa, buscando una alianza con el vecino francés. Esta francofilia, que le acompañaría toda su corta vida, terminó por enfrentarlo con su propio padre, y mucho más con Fernando el Católico, su futuro suegro, ya que Francia se había convertido desde finales del siglo XV en el más encarnizado rival de los reyes de España.

Al mismo tiempo, Felipe, como conde soberano de Flandes y duque de Borgoña, desarrolló una importante labor en el terreno institucional, impulsando una serie de reformas administrativas de gran trascendencia, como la creación del Gran Consejo de Malinas y la reorganización de las finanzas locales. Hay que reconocer que Felipe el Hermoso fue ante todo un soberano borgoñón y centró sus ambiciones políticas en estos complejos y ricos territorios. Ni siquiera su compromiso y posterior boda con Juana, la hija de los Reyes Católicos, cambió su perspectiva política.

Una boda de estado

El enlace español de Felipe fue el resultado del complejo juego diplomático al que se libraron las monarquías europeas de finales del siglo XV. En ese momento, el equilibrio entre los grandes estados de Occidente estaba a punto de cambiar para siempre. Las desmesuradas aspiraciones del nuevo soberano francés, Carlos VIII, amenazaban Italia, auténtico centro económico, cultural y político de la época. Y la monarquía española, unificada desde 1479 bajo la égida de los Reyes Católicos, no podía permitirlo, ya que entre otras cosas la presencia francesa en Nápoles, objetivo de la expedición militar gala de 1494, amenazaba seriamente la isla de Sicilia, dominio aragonés desde hacía siglos.

En esta tesitura, los Reyes Católicos diseñaron una ambiciosa política matrimonial encaminada a reforzar sus nuevas alianzas internacionales y controlar el peligro francés. Como peones de esta política, tal y como era habitual en la época, utilizaron a sus numerosos vástagos. Dos casamientos con Portugal e Inglaterra cerraron el frente oeste, mientras que otros tantos matrimonios los unieron, y de qué forma, con la dinastía alemana de los Habsburgo. El hijo mayor y heredero, Juan, príncipe de Asturias, se desposó con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano, mientras que el hermano de ésta, Felipe el Hermoso, lo hizo con Juana, un año menor que él.

Este doble enlace no tenía otro objetivo que el de estrechar de forma indisoluble la alianza hispanoaus-tríaca contra Francia, pero por los azares biológicos se transformó en el germen de un nuevo y enorme imperio. En efecto, en 1498 murió sin dejar descendencia el príncipe heredero Juan, y dos años después falleció su sobrino Miguel, hijo de la infanta Isabel –fallecida también poco antes– y de Manuel I de Portugal. De este modo Juana pasaba a ser, automáticamente, princesa de Asturias y heredera al trono. Y con ella, su marido Felipe. Con la particularidad de que la herencia hispana y borgoñona quedaban ahora unidas en una sola línea dinástica, encarnada en el hijo de ambos, el futuro Carlos V.

Los celos de la princesa

El compromiso matrimonial entre Felipe y Juana se concertó en 1495. Al año siguiente, la infanta se embarcó en Laredo rumbo a Flandes, donde se habría de desposar el 20 de octubre con su prometido. Parece que los primeros años de vida en pareja fueron bastante felices, o eso nos indican los documentos y las crónicas coetáneas. Lo cierto es que ambos cónyuges tuvieron una larga descendencia, dos varones y cuatro mujeres, lo que al menos indica cierto grado de entendimiento. Pero la armonía conyugal se rompió pronto, tanto por la conducta a menudo extravagante de la infanta española, que anunciaba un futuro deslizamiento hacia la locura, como por la afición desmedida de Felipe por las aventuras galantes, algo que atormentaba de manera insoportable a su celosa esposa.

Lo extraño no es que Felipe el Hermoso tuviera relaciones, más o menos discretas, con damas de la nobleza, y menos considerando la tradición de los duques de Borgoña y de los emperadores Habsburgo, quienes sembraron de ilustres bastardos sus tierras de origen. Lo raro, en una época en la que la dominación masculina era incuestionable, es que la reina sintiese tales celos hasta llevarla al borde de la locura y escandalizar a la corte en pleno, que observaba atónita sus salidas de tono. En los primeros años Juana sufrió ya ataques de histeria y se aisló cada vez más de la corte borgoñona, pero la situación se agravó aún más a la vuelta del primer viaje que los dos príncipes hicieron a España en 1502, para ser reconocidos como herederos en Castilla y Aragón. Así, hallándose en Bruselas, al descubrir que su marido tenía una amante, Juana quiso herirla con unas tijeras en la cara, antes de ser frenada por los cortesanos. Ya entonces Felipe consideró la posibilidad de enclaustrar a su mujer.

Felipe provocó el enfrentamiento directo con su suegro, el rey Fernando el Católico.

La muerte de Isabel la Católica en 1504 y la consiguiente elevación de Juana y Felipe al trono de Castilla obligaron a disimular la situación. Había demasiado en juego como para ponerlo en peligro por unas simples desavenencias conyugales, aun cuando la infeliz soberana sufriera infinitamente el desamor de su marido. Felipe, residiendo aún en Flandes, quiso asegurarse el apoyo de los sectores más influyentes de Castilla, lo que provocó un enfrentamiento directo con su suegro, el rey Fernando el Católico. Éste, por su parte, intentaba escudarse en la locura de su hija para negarle el derecho a gobernar y mantenerse así él mismo en el poder. La rivalidad llegó a tal extremo que en 1505 Fernando el Católico se alió con su enemigo de antaño, Francia, y se casó de nuevo, esta vez con una sobrina del rey francés Luis XII, llamada Germana de Foix. Su objetivo no era otro que buscar nuevos aliados y, a ser posible, tener un hijo varón, quien hubiese heredado la Corona de Aragón y sus dominios italianos, segregándolos de Castilla y Flandes.

En noviembre de 1505 ambas partes llegaron formalmente a un acuerdo -la concordia de Salamanca– para repartirse de forma amistosa el poder en España. Pero la realidad era que ninguno pensaba en cumplir tales condiciones, y menos que nadie Felipe, que se sentía con muchas más fuerzas que su suegro. Así las cosas, en enero de 1506 los flamantes reyes de España embarcaron en Flandes rumbo a la Península, viaje enormemente accidentado que casi les costó la vida, ya que estuvieron a punto de naufragar frente a las costas inglesas.

El desembarco de la flota se produjo finalmente en La Coruña, región controlada por uno de los principales partidarios de Felipe, don Rodrigo de Castro Osorio, conde de Lemos. A medida que la comitiva regia avanzaba hacia el interior de Castilla, se le iban sumando nuevas e interesadas adhesiones, tanto de la nobleza como de las principales ciudades. De esta forma, fueron acudiendo el conde de Benavente, el marqués de Villena o el duque de Nájera, entre otras muchas familias nobles, junto con antiguos colaboradores de los Reyes Católicos que en la nueva coyuntura abandonaban sin pudor alguno al viejo rey.

La clave de la victoria de los nuevos monarcas en este juego de poder residió en el apoyo mayoritario que recibieron de la alta nobleza castellana, que cambió de bando con una rapidez asombrosa. Estaba claro que los años de riguroso gobierno de los Reyes Católicos no habían conseguido domeñar del todo las ansias de poder de la aristocracia y, salvo algún puñado de linajes que permanecieron fieles a Fernando, casi todos respaldaron al flamante rey, ofreciéndole sus ejércitos privados y sus recursos políticos y económicos. Era el momento de liberarse del control que habían sufrido por parte de una monarquía mucho más poderosa y centralizada de lo que estaban dispuestos a soportar.

Amo y señor de castilla

La hora de Fernando el Católico parecía pasada, y así hubo de reconocerlo el soberano aragonés al suscribir, tras una entrevista con su yerno, la concordia de Villafáfila, por la que aceptaba retirarse a sus territorios aragoneses. El nuevo Felipe I de Castilla dejó enseguida a las claras que no iba a ser un mero rey consorte, sino que ejercería un mando personal. Para esa tarea se apoyó en dos facciones claramente diferenciadas: por un lado, sus consejeros castellanos que le habían servido en Flandes desde hacía años, unidos a algunos de los aristócratas locales que se habían pasado a su bando –entre los que destacaba don Juan Manuel, señor de Belmonte, su hombre de mayor confianza–; por el otro, un reducido pero codicioso grupo de notables flamencos, venidos con el nuevo rey, los cuales se lanzaron a acumular oficios, mercedes y rentas.

La hora de Fernando el Católico parecía pasada, y así hubo de reconocerlo el soberano aragonés

Uno de los grupos de presión que más esperanzas puso en la llegada de un nuevo monarca fue, curiosamente, el de los judeoconversos, quienes vieron en Felipe I un posible e inesperado aliado contra la persecución de la Inquisición, que desde hacía casi tres décadas estaba diezmando sus filas. Muchos de los más poderosos comerciantes, banqueros y aun miembros de las élites urbanas de esta minoría se dirigieron al soberano a fin de que disolviera el tribunal del Santo Oficio, o al menos moderase su rigor contra los supuestos judaizantes. Lo breve de su reinado impidió que Felipe tomara medidas drásticas en este sentido, pero es posible que el rumbo de la Inquisición hubiera sido diferente si el rey hubiera vivido más tiempo.

Una de las primeras tareas de gobierno del nuevo monarca fue desplazar a los partidarios de Fernando el Católico de sus posiciones, colocando al frente de las principales instituciones a sus más allegados colaboradores. Las más poderosas fortalezas del reino cambiaron totalmente de manos, empezando por el simbólico alcázar de Segovia, del que fueron expulsados los marqueses de Moya, íntimos colaboradores del régimen anterior, a favor del privado de Felipe, don Juan Manuel. Había llegado la hora del ajuste de cuentas. Mientras los aristócratas castellanos que cambiaron de bando a tiempo recibieron numerosas mercedes, los defensores de Fernando incurrieron en la ira regia. El duque de Alba, por ejemplo, se retiró a sus estados, mientras que los condes de Alba de Liste y de Cifuentes perdieron las tenencias de diversas fortalezas. Pero el más afectado de todos fue el clan de los Fonseca, todopoderoso en épocas pasadas, que vio ahora cómo todo su linaje caía en desgracia.

Mientras los aristócratas castellanos que cambiaron de bando a tiempo recibieron numerosas mercedes, los defensores de Fernando incurrieron en la ira regia.

Mucho más difícil de aceptar para la opinión pública española fue el reparto de mercedes que Felipe ordenó para agradecer los servicios de sus nobles flamencos. La rapacidad de estos cortesanos fue tal que casi nada escapó a su ansia de poder, riqueza y honores. Rentas, oficios áulicos, dignidades eclesiásticas, cargos militares, títulos… nada se libró de su voracidad y hasta el maestrazgo de la Orden de Santiago estuvo a punto de caer en sus manos. Una actitud que prefiguraba la que mostraron, una década después, los miembros flamencos de la corte del jovencísimo Carlos V a su llegada a España y que sería una de las causas desencadenantes de la rebelión de las Comunidades.

Sin embargo, esta gran mudanza habría de durar poco tiempo. En uno de los más impactantes giros de la historia española de la Edad Moderna, el rey Felipe moría con 28 años, el 25 de septiembre de 1506, de forma totalmente imprevista. Unos días antes, a comienzos de ese mismo mes, el soberano había marchado con toda la corte a Burgos. Hallándose en esta ciudad, el día 16, después de comer quiso jugar un partido de pelota con un capitán vizcaíno de su guardia “que era mucho jugador”. Durante el juego bebió un jarro de agua fría y poco después comenzó a sentirse mal. Se recuperó un tanto, pero a los pocos días enfermó gravemente y, a pesar de la intervención de los mejores médicos del reino, nada se pudo hacer para salvarlo.


Michel Foucault, el hombre que hizo filosofía a partir de la locura, la sexualidad y el crimen

Fuente: Diario El País – España

35 años después de su muerte, Michel Foucault sigue pareciéndonos uno de los pensadores esenciales de la modernidad, un ser humano de una brillantez agresiva que convirtió su biografía y sus impulsos vitales en combustible para una filosofía radical y sin concesiones. Así vivía y así pensaba este intelectual legendario.

Michel Foucault (Poitiers, Francia, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984) fue un filósofo, historiador de las ideas, psicólogo y teórico social francés. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), en reemplazo de la cátedra de Historia del pensamiento filosófico, que ocupó hasta su muerte Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la asamblea general de profesores del Collége de France eligió a Michel Foucault, que por entonces tenía 43 años, como titular de la nueva cátedra. Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades.

Foucault es conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales, en especial la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema de prisiones, así como por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido ampliamente debatidos. En los años sesenta, Foucault estuvo asociado al estructuralismo, un movimiento del que se distanció más adelante, aunque haya usado de un modo personal los métodos de dicho enfoque: Las palabras y las cosas puede entenderse como una crítica a la pretensión sígnica, dejando de lado su interés por las condiciones de modificación histórica del sentido.​ En ulteriores trabajos y cursos desarrolló conceptos como biopoder y biopolítica,​ de especial relevancia en la obra de pensadores políticos contemporáneos como Antonio Negri,​ Michael Hardt,3​ Giorgio Agamben y Roberto Esposito.​

Foucault rechazó las etiquetas de posestructuralista y posmoderno, que le eran aplicadas habitualmente, prefiriendo clasificar su propio pensamiento como una crítica histórica de la modernidad con raíces en Immanuel Kant. En el texto «¿Qué es la ilustración?» definió mejor su proyecto teórico como una ontología crítica de la actualidad siguiendo la impronta kantiana.

Fue influido profundamente por la filosofía alemana, en especial por la obra de Friedrich Nietzsche. Precisamente, su «genealogía del conocimiento» es una alusión directa a la idea nietzscheana de «la genealogía de la moral». En una de sus últimas entrevistas afirmaría: «Soy un nietzscheano».​ Reconocería también una deuda con el pensamiento de Martin Heidegger y sus críticas al sujeto cartesiano y la techné occidental: «Heidegger ha sido un filósofo esencial para mí», declararía en junio de 1984,6 aunque criticaría varias veces posiciones esenciales de Heidegger tales como su interpretación de la historia de la verdad en occidente como un olvido del ser.

En el año 2007 Foucault fue considerado por el The Times Higher Education Guide como el autor más citado del mundo en el ámbito de humanidades en dicho año.

En este verano europeo se cumple el 35 aniversario de la muerte de uno de los intelectuales clave del siglo XX, el francés Michel Foucault. Un hombre cuyo brillante y controvertido pensamiento tuvo un profundo impacto en los debates contemporáneos. Al recordarle a estas alturas hay que partir del desconcierto que causó Foucault en su día al asomarse tanto a la filosofía como a la historia con una mirada fresca y desmitificadora que, para empezar, no concebía la existencia de barreras conceptuales entre ambas disciplinas.

Hijo de un médico de Poitiers, Foucault (1926-1984) fue un individuo que forjó su propia identidad a partir de un rechazo beligerante al provincialismo de la educación que recibió y al conservadurismo de la Francia en que le tocó vivir. Su instinto subversivo le llevó a grandes transgresiones, pero también a intentos casi pueriles de escadalizar a sus compatriotas, como su reivindicación pública de la cultura pop estaounidense, incluida la comida rápida y la coca Cola, que describió como dos de sus grandes placeres.

Como ocurrió con Nietzsche antes que él, es difícil decir si fue Foucault, el historiador-filósofo, el que eclipsó a Foucault, el inconformista, el ser humano distinto e incómodo, o si ocurrió más bien al revés. En realidad, biografía y pensamiento se confunden, por paradójico que resulte: él, que dedicó gran parte de su producción intelectual a cuestionar con vehemencia la autoría y la identidad personal, dejó una obra con una personalidad indiscutible, reflejo muy elocuente de sus particularidades como ser humano.

Cómo lidiar con la diferencia

Los temas de investigación de Foucault a menudo surgían de problemas que lo preocupaban personalmente. En especial, se intersó por la manera como la sociedad responde a los distintos tipos de ‘desviación’ o disidencia. De eso tratan, en última instancia, sus profundos estudios culturales sobre sexualidad, enfermedades mentales y delincuencia.

El poder fue otro de los objetos preferentes de su estudio. Con su estilo de escritura denso y algo críptico, afirmó que, lejos de ser una fuerza ejercida por unos pocos privilegiados, el poder está presente en todas las instancias de la sociedad, a menudo donde menos lo esperamos. Según Foucault, cada institución ejerce un cierto grado de control coercitivo sobre el individuo, ya se trate de una escuela o un hospital, y todas las relaciones humanas están marcadas por la lógica inexorable de las luchas por el poder.

Su cabeza afeitada, sus gafas con montura de alambre y su personal indumentaria, caracterizada por un predominio casi absoluto del blanco y el negro, hicieron que fuese descrito por el académico estadounidense James Miller como el “cabeza borradora” de la metafísica, en referencia a la película de David Lynch de finales de los 70. No cabe duda sobre otra de las afirmaciones de Miller: Foucault fue tal vez “el intelectual más famoso del mundo”.

Regine Pernoud – Para Acabar con la Edad Media

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A pesar de que los historiadores profesionales hace mucho tiempo que han afinado su comprensión de la Edad Media y han renunciado a la mayoría de los tópicos que sobre esa época han circulado desde hace varios siglos, la opinión pública, sin otra fuente de información que los simplistas programas escolares oficiales y los lugares comunes que repiten hasta la saciedad los medios de comunicación, sigue haciéndose una idea absolutamente errónea de lo que fueron esos siglos mal llamados ‘Edad Media’.

Régine Pernoud, con segura erudición, enorme lucidez y fina ironía, desmonta uno a uno el cúmulo de tópicos -en su mayoría malintencionados- que ocultan el verdadero rostro de la época. La autora demuestra la falsedad de las acusaciones de ignorancia, barbarie, misoginia, intolerancia, etc. que se suelen lanzar contra la Edad Media, y pone las cosas en su sitio apoyando sus afirmaciones con los datos que le suministra su inmensa erudición.

La importancia decisiva de la Edad Media para la construcción de lo que hoy es Europa queda bien clara en este ensayo inteligente y ameno, que revela el esplendor intelectual, espiritual y artístico de una época de nuestra historia que algunos desinformados todavía se empeñan en calificar de ‘oscura’.

Régine Pernoud nació en 1909. Estudió en la École des Chartes y en el Loune. Fue conservadora del Museo de Reims y posteriormente en los Archivos Nacionales de Francia. Es autora de numerosos libros sobre temas medievales y fundadora del Centro de documentación histórica Juana de Arco de Orléans.

 

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Eduardo Azcuy Ameghino Historia de Artigas y la independencia Argentina

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Artigas se sumó explícitamente al proceso liberador iniciado en Buenos Aires adhiriendo a las consignas de la primera hora, las que serían puestas en práctica y enriquecidas bajo su dirección por el pueblo oriental reunido y armado. En este sentido, el eje en torno a la lucha antiespañola nunca dejó de estar planteado, constituyendo un componente relevante de la visión estratégica de Artigas, quien debió sin embargo ajustar sus tácticas en virtud de la amenaza -transformada luego en invasión- de otro colonialismo, el portugués, que se constituyó hacia 1816 en el enemigo principal de la libertad por la que venían luchando los orientales. Lo cual ocurriría a favor de la inacción primero, y la complicidad después, del Congreso de Tucumán y los directorios de Pueyrredón y Rondeau, quien hacia 1919 invitaría al comandante de las fuerzas lusitanas a «acometer al enemigo común».

Se puede afirmar que la interpretación de la historia argentina del período (y también algunas versiones de la uruguaya) varía, sufre un desplazamiento, reposicionando de hecho a sus actores y prácticas, al incluir a Artigas en ella, incorporando en plenitud su poderosa influencia en los sucesos de la época.

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