Latín

Latín

El latín es una lengua de la rama itálica​ de la familia lingüística del indoeuropeo​ que fue hablada en la Antigua Roma y, posteriormente durante la Edad Media y la Edad Moderna, y llegó a la Edad Contemporánea, pues se mantuvo como lengua científica hasta el siglo XIX. Su nombre deriva de una zona geográfica de la península itálica donde se desarrolló Roma, el Lacio (en latín, Latium).

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Adquirió gran importancia con la expansión de Roma,​ y fue lengua oficial del imperio en gran parte de Europa y África septentrional, junto con el griego. Como las demás lenguas indoeuropeas en general, el latín era una lengua flexiva de tipo fusional con un mayor grado de síntesis nominal que las actuales lenguas romances, en la cual dominaba la flexión mediante sufijos, combinada en determinadas veces con el uso de las preposiciones, mientras que en las lenguas modernas derivadas dominan las construcciones analíticas con preposiciones, mientras que se ha reducido la flexión nominal a marcar solo el género y el número, conservando los casos de declinación solo en los pronombres personales (estos tienen, además, un orden fijo en los sintagmas verbales).

El latín originó un gran número de lenguas europeas, denominadas lenguas romances, como el portugués, el gallego, el español, el asturleonés, el aragonés, el catalán, el occitano, el francés, el valón, el retorrománico, el italiano, el rumano y el dálmata. También ha influido en las palabras de las lenguas modernas debido a que durante muchos siglos, después de la caída del Imperio romano, continuó usándose en toda Europa como lingua franca para las ciencias y la política, sin ser seriamente amenazada en esa función por otras lenguas en auge (como el castellano en el siglo XVII o el francés en el siglo XVIII), hasta prácticamente el siglo XIX.

La Iglesia católica lo usa como lengua litúrgica oficial (sea en el rito romano sea en los otros ritos latinos), aunque desde el Concilio Vaticano II se permiten además las lenguas vernáculas.6​ También se usa para los nombres binarios de la clasificación científica de los reinos animal y vegetal, para denominar figuras o instituciones del mundo del Derecho, como lengua de redacción del Corpus Inscriptionum Latinarum, y en artículos de revistas científicas publicadas total o parcialmente en esta lengua.

El estudio del latín, junto con el del griego clásico, es parte de los llamados estudios clásicos, y aproximadamente hasta los años 1960 fue estudio casi imprescindible en las humanidades. El alfabeto latino, derivado del alfabeto griego, es ampliamente el alfabeto más usado del mundo con diversas variantes de una lengua a otra.

Períodos en la historia de la lengua latina

La historia del latín comienza en el siglo VIII a. C. y llega, por lo menos, hasta la Edad Media; se pueden distinguir los siguientes periodos:

  • Arcaico: desde que nace hasta que la sociedad romana entra en la órbita cultural de Greciaa (helenización):VIII-II a. C. Autores destacados de este período son Apio Claudio el Ciego, Livio 
  • ,Andrónico, Nevio, Ennio, Plauto, Terencio.
  • Clásico: en una época de profunda crisis económica, política y cultural, la élite cultural crea, a partir de las variedades del latín coloquial, un latín estándar (para la administración y escuelas) y un latín literario. Es la Edad de Oro de las letras latinas, cuyos autores más destacados son Cicerón, Julio César, Tito Livio, Virgilio, Horacio, Catulo, Ovidio. Esto ocurrió aproximadamente en los siglos I Ac y I Dc.
  • Postclásico: la lengua hablada se va alejando progresivamente de la lengua estándar, que la escuela trata de conservar, y de la lengua literaria. Esta distancia creciente hará que de las diversas maneras de hablar latín nazcan las lenguas románticas. Y la lengua escrita, que inevitablemente también se aleja, aunque menos, de la del periodo anterior, se transforma en el latín escolástico o curial.
  • Tardío: los Padres de la Iglesia empiezan a preocuparse por escribir un latín más puro y literario, abandonando el latín vulgar de los primeros cristianos. A este período pertenecen Tertuliano, Jerónimo de Estridón (San Jerónimo) y San Agustín.
  • Medieval: el latín como se conocía ya no es hablado; por ende, el latín literario se refugia en la Iglesia, en la Corte y en la escuela, y se convierte en el vehículo de comunicación universal de los intelectuales medievales. Mientras, el latín vulgar continuaba su evolución a ritmo acelerado. Ya que las lenguas romances fueron apareciendo poco a poco, unas antes que otras, y porque el latín seguía siendo utilizado como lingua franca y culta, no se puede dar una fecha en la que se dejara de utilizar como lengua materna.
  • Renacentista: en el Renacimiento la mirada de los humanistas se vuelve hacia la antigüedad clásica, y el uso del latín cobró nueva fuerza.  Petrarca, Erasmo de Róterdam, Luis Vives, Antonio de Nebrija y muchos otros escriben sus obras en latín, además de en su propia lengua.
  • Científico: la lengua latina sobrevive en escritores científicos hasta entrado el siglo XIX. Descartes, Newton, Spinoza, Leibniz, Kant y Gauss escribieron sus obras en latín.

Orígenes y expansión

Región del Lacio (Latium) en Italia, donde surgió el latín. El latín aparece hacia el año 1000 a. C. en el centro de Italia, al sur del río Tíber, con los Apeninoss y el mar Tirreno al oeste, en una región llamada Latium (Lacio), de donde proviene el nombre de la lengua y el de sus primeros habitantes, los latinos; sin embargo, los primeros testimonios escritos datan del Siglo VI AC como la inscripción de Duenos y otras similares.

En los primeros siglos de Roma, desde la fundación al siglo IV a. C., el latín tenía una extensión territorial limitada: Roma y algunas partes de Italia, y una población escasa. Era una lengua de campesinos.

Así lo demuestran las etimologías de muchos términos del culto religioso, del derecho o de la vida militar. Destacamos los términos stippulare (‘estipular’), derivado de stippa (‘paja’), o emolumentum (‘emolumento’), derivado de emolere (‘moler el grano’), en el lenguaje del derecho.

En este sentido, los latinos, desde época clásica al menos, hablaban de un sermo rusticus (‘habla del campo’), opuesto al sermo urbanus, tomando conciencia de esta variedad dialectal del latín. «En el campo latino se dice edus(‘cabrito’) lo que en la ciudad haedus con una a añadida como en muchas palabras».7​

Después del periodo de dominación etrusca y la invasión de los galos (390 a. C.), la ciudad fue extendiendo su imperio por el resto de Italia. A finales del siglo IV a. C., Roma se había impuesto a sus vecinos itálicos. Los etruscos dejaron su impronta en la lengua y la cultura de Roma, pero los griegos presentes en la Magna Greciainfluyeron más en el latín, dotándolo de un rico léxico.

El latín de la ciudad de Roma se impuso a otras variedades de otros lugares del Lacio, de las que apenas quedaron algunos retazos en el latín literario. Esto hizo del latín una lengua con muy pocas diferencias dialectales, al contrario de lo que pasó en griego. Podemos calificar, pues, al latín de lengua unitaria.

Después, la conquista de nuevas provincias, primero las Galias con César, hasta la de la Dacia (Rumania) por parte de Trajano, supuso la expansión del latín en un inmenso territorio y la incorporación de una ingente cantidad de nuevos hablantes.

Paralelamente a la expansión territorial de Roma, el latín se desarrolló como lengua literaria y como lingua franca a la vez que el griego, que había tenido estos papeles antes. Desde el siglo II a. C., con Plauto y Terencio, hasta el año 200 d. C. con Apuleyo tenemos una forma de latín que no tiene ninguna variación sustancial.8​ o una gran expansión territorial.

Estratos del latín

El latín era una lengua itálica, lo que significa que la mayoría de elementos gramaticales y la mayor parte de su léxico provienen por evolución natural de las lenguas de dialectos y hablas indoeuropeas.

El idioma original de los grupos latinos al instalarse en la península itálica se vio influido por el contacto con hablantes de otros grupos tanto indoeuropeos (oscos, umbros, griegos, celtas) como no indoeuropeos (etruscos, cretenses, picenos, ilirios, ligures…). Suelen distinguirse tres tipos de influencia sociolingüística:

  • sustrato, debido al bilingüismo de pueblos que previamente a su adopción definitiva del latín usaban también otras lenguas,
  • superestrato, entendida como influencia de lenguas procedentes de grupos que ocuparon territorios donde se hablaba latín, en el latín esta influencia no fue muy considerable durante los primeros siglos, a diferencia de lo que sucedería posteriormente con las lenguas románicas,
  • adstrato, provocada por el contacto con otros pueblos y lenguas de prestigio contemporáneas del latín.

Esta distinción, sin embargo, puede no resultar del todo operativa; por ejemplo, el etrusco pudo haber sido a la vez substrato, adstrato y superestrato en diferentes épocas.

Influencia sustrato

Los habitantes de las regiones de la antigua Italia en las que posteriormente se difundió el latín eran hablantes nativos de otras lenguas, que al ser asimilados finalmente a la cultura latina ejercieron cierta influencia lingüística de sustrato. A veces, para indicar estas lenguas, se habla de sustrato mediterráneo, que proporcionó al latín el nombre de algunas plantas y animales que los indoeuropeos conocieron al llegar. Son lenguas muy poco conocidas, pues quedan solo unos pocos restos escritos, algunos aún sin descifrar. Un sustrato del latín arcaico en la ciudad de Roma y alrededores fue claramente la lengua etrusca.

En cuanto a la influencia del sustrato indoeuropeo osco-umbro, resulta interesante el hecho de que prefigura algunas de las características fonéticas y fonológicas que más tarde aparecerían en las lenguas romances (ciertas palatalizaciones y monoptongaciones), pues muchos hablantes de lenguas itálicas al romanizarse conservaron ciertos rasgos fonéticos propios, incluso (marginalmente) dentro de las lenguas románicas.

Fenómenos de este tipo son la influencia céltica a la que se atribuye la lenición de las consonantes intervocálicas o la [y] francesa, el vasco (o alguna lengua parecida), al que se atribuye la aspiración de la /f/ española en /h/, o el influjo eslavo, responsable de la centralización de las vocales rumanas.

Sustrato etrusco: La influencia del etrusco en la fonología latina se refleja en el hecho de desarrollar algunas aspiradas (pulcher, ‘hermoso’) y la tendencia a cerrar -o en -u. Las inscripciones etruscas muestran una tendencia a realizar como aspiradas oclusivas sordas previamente no-aspiradas, y poseía un sistema fonológico de solo cuatro timbres vocálicos /a, e, i, u/, teniendo este último una cualidad entre [o] y [u] que habría influido en la tendencia del latín a cerrar algunas /*o/ en [u].

Además los numerales latinos duodeviginti (’18’) y undeviginti (’19’) son claramente calcos lingüísticos formados a partir de las formas etruscas esl-em zathrum (’18’) thu-nem zathrum, ’19’ (donde zathrum es la forma etrusca para ’20’, esl- ‘2’ y thun- ‘1’). También es un hecho de sustrato del etrusco en latín el sufijo -na en palabras como persona, etc.

Influencia superestrato

Durante un tiempo, Roma tuvo importantes contingentes de población de origen etrusco, por lo que el etrusco fue tanto una lengua substrato como una lengua superestrato, al menos durante el período que abarca la monarquía romana y, en menor medida, la república romana. La influencia del etrusco es particularmente notoria en ciertas áreas del léxico, como la relacionada con el teatro y la adivinación. Roma también sufrió invasiones de los galos cisalpinos, aunque no parecen existir importantes indicios de influencia celta en el latín. Sí existen algunas evidencias en el vocabulario de préstamos léxicos directos de lenguas osco-umbras, que constituyen la principal influencia de tipo substrato en el latín clásico.

Por otra parte, si bien desde antiguo los romanos tenían contactos con pueblos germánicos no existen fenómenos de influencia léxica en latín clásico. A diferencia de lo que sucede con las lenguas románicas occidentales que, entre los siglos V y VIII, recibieron numerosos préstamos léxicos del germánico occidental y del germánico oriental. Esto contrasta con la profunda influencia que el latín ejerció en el predecesor del alto alemán antiguo. Igualmente, existen abundantes rastros de la administración romana en la toponimia de regiones que hoy son de habla germánica, como por ejemplo Colonia. Los elementos germánicos en la Romania occidental proceden del período del Bajo Imperio, y constituyen el principal superestrato en latín tardío. El flujo no se interrumpió en la formación de las lenguas románicas. Las influencias de los pueblos godo, alemánico, borgoñés, franco y lombardo en las lenguas románicas se da mayoritariamente en el campo de la toponimia y la antroponimia. Aparte de estos, el número de préstamos es bastante reducido.

Influencia adstrato

Es la debida al contacto con pueblos que convivieron con los latinos sin tenerlos dominados ni depender de ellos. Este tipo de influencia se nota más en el estilo y el léxico adquiridos que en los cambios fónicos de la lengua. Los adstratos osco, umbro y griego son responsables del alfabeto y sobre lo relacionado con la mitología, pues los romanos tomaron prestados los dioses helenos, aunque con nombres latinos.

Adstrato griego: la entrada masiva de préstamos y calcos áticos y jónicos puso en guardia a los latinos desde tiempos muy tempranos, encabezados por Catón el Viejo en el siglo III a. C. Pero en la Edad de Oro de la literatura latina los romanos se rindieron ante la evidente superioridad del idioma griego. Bien pueden resumir este sentimiento los famosos versos de Horacio: «Graecia capta ferum victorem cepit et artis / intulit agresti Latio» («La Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor e introdujo las artes en el rústico Lacio»).

Esta entrada masiva de helenismos no se limitó a la literatura, las ciencias o las artes. Afectó a todos los ámbitos de la lengua, léxico, gramatical y estilístico, de modo que podemos encontrar el origen griego en muchas palabras comunes de las lenguas románicas.

Después de la Edad Clásica, el cristianismo fue uno de los factores más potentes para introducir en la lengua latina hablada una serie de elementos griegos nuevos. Ej: παραβολη > parábola. Encontramos esta palabra dentro de la terminología retórica, pero sale de ella cuando se usa por los cristianos y adquiere el sentido de parábola, es decir, predicación de la vida de Jesús. Poco a poco va adquiriendo el sentido más general de «palabra», que sustituye en toda la Romanía al elemento que significaba «palabra» (verbum). El verbo que deriva de parabole (parabolare, parolare) sustituye en gran parte de la Romanía al verbo que significaba «hablar» (loquor).

Literatura latina

El cuerpo de libros escritos en latín, retiene un legado duradero de cultura de la Antigua Roma. Los romanos produjeron una extensa cantidad de libros de poesía, comedia, tragedia, sátira, historia y retórica, trazando arduamente al modo de otras culturas, particularmente al estilo de la más madura literatura griega. Un tiempo después de que el Imperio romano de occidente cayese, la lengua latina continuaba jugando un papel muy importante en la cultura europea occidental.

La literatura latina normalmente se divide en distintos períodos. En lo que respecta a la primera, la literatura primitiva, solo restan unas pocas obras sobrevivientes, los libros de Plauto y Terencio; se han conservado dentro de los más populares autores de todos los períodos. Muchas otras, incluyendo la mayoría de los autores prominentes del latín clásico, han desaparecido, aunque bien algunas han sido redescubiertas siglos después.

El periodo del latín clásico, cuando la literatura latina es ampliamente considerada en su cumbre, se divide en la Edad Dorada, que cubre aproximadamente el periodo del inicio de siglo I a. C. hasta la mitad del siglo I d. C.; y la Edad de Plata, que se extiende hasta el siglo II d. C. La literatura escrita después de la mitad del siglo II es comúnmente denigrada e ignorada.

En el Renacimiento muchos autores clásicos fueron redescubiertos y su estilo fue conscientemente imitado. Pero sobre todo, se imitó a Cicerón, y su estilo se ha apreciado como el perfecto culmen del latín. El latín medieval fue frecuentemente despreciado como latín macarrónico; en cualquier caso, muchas grandes obras de la literatura latina fueron producidas entre la antigüedad y la Edad Media, aunque no sea de los antiguos romanos.

La literatura latina romana abarca dos partes: la literatura indígena y la imitada.

  • La literatura latina romana indígena ha dejado muy pocos vestigios y solo nos ofrece fragmentos verdaderamente arcaicos e intentos de arcaísmo deliberado que proceden fundamentalmente de tiempos de la República, de los emperadores y principalmente de los Antoninos.
  • La literatura latina romana imitada ha producido composiciones en que la inspiración individual se junta a la imitación más feliz, obras numerosas y elegidas que nos han llegado enteras. A veces, se han confundido las obras de origen italiano, producciones más toscas del genio agrícola o religioso de los primitivos romanos (que ofrecen un carácter más original), con las copias latinas de las obras maestras de Grecia, que ofrecen un encanto, una elegancia y una suavidad correspondientes a una civilización culta y refinada. En este último aspecto señalamos la tendencia de dos escuelas retóricas de origen griego que tuvieron gran influencia en Roma: el asianismo y el aticismo. Desde los tiempos de Cicerónestas dos tendencias estilísticas del griego entraron de lleno en latín y perduraron durante varios siglos en la literatura latina.

Literatura temprana

Busto de Marco Tulio Cicerón.

  • Poesía: Ennio
  • Tragedia: Pacuvio, Lucio Accio
  • Comedia: Cecilio, Terencio, Plauto

Literatura de la Edad de Oro

  • Poesía: Lucrecio, Catulo, Virgilio, Horacio, Ovidio, Tibulo, Propercio, Lucano
  • Prosa: Cicerón, Julio César
  • Historia: Salustio, Livio, Nepote, Tácito, Suetonio

Literatura de la Edad de Plata

  • Poesía: Estacio, Marcial, Manilio
  • Prosa: Petronio, Quintiliano, Apuleyo, Séneca, Asconio
  • Teatro: Séneca
  • Sátira: Persio, Juvenal
  • Historia: Tácito, Suetonio

El latín tras la época clásica

Edad Media

Tras la caída del Imperio romano, el latín todavía fue usado durante varios siglos como la única lengua escrita en el mundo posterior al estado romano. En la cancillería del rey, en la liturgia de la Iglesia católica o en los libros escritos en los monasterios, la única lengua usada era el latín. Un latín muy cuidado, aunque poco a poco se vio influido por su expresión hablada. Ya en el siglo VII, el latín vulgar había comenzado a diferenciarse originando el protorromance y después las primeras fases de las actuales lenguas romances.

Con el renacimiento carolingio del siglo IX, los mayores pensadores de la época, como el lombardo Pablo el Diácono o el inglés Alcuino de York, se ocuparon de reorganizar la cultura y la enseñanza en su imperio. En lo que se refiere al latín, las reformas se dirigieron a la recuperación más correcta de forma escrita, lo que le separó definitivamente de la evolución que siguieron las lenguas romances.

Luego, con el surgimiento de las primeras y pocas universidades, las enseñanzas dadas por personas que provenían de toda Europa eran rigurosamente en latín. Pero un cierto latín, el que no podía decirse que fuera la lengua de Cicerón u Horacio. Los doctos de las universidades elaboraron un latín particular, escolástico, adaptado a exprimir los conceptos abstractos y ricos en elaborados matices de la filosofía de la época. El latín ya no era la lengua de comunicación que fue en el mundo romano; todavía era una lengua viva y vital, todo menos estática.

Renacimiento

En el siglo XIV, en Italia, surgió un movimiento cultural que favoreció un renovado interés por el latín antiguo: el Humanismo. Comenzado ya por Petrarca, sus mayores exponentes fueron Poggio Bracciolini, Lorenzo Valla, Marsilio Ficino y Coluccio Salutati. Aquí la lengua clásica empezó a ser objeto de estudios profundos que marcaron el nacimiento, de hecho, de la filología clásica.

Edad Moderna

En la Edad Moderna, el latín aún se usa como lengua de la cultura y de la ciencia, pero va siendo sustituido paulatinamente por los idiomas locales. En latín escribieron, por ejemplo, Nicolás Copérnico e Isaac Newton. Galileo fue de los primeros científicos en escribir en un idioma distinto del latín (en italiano, hacia 1600), y Oersted de los últimos en escribir en latín, en la primera mitad del siglo XIX.

Gramática

Al conjunto de formas que puede tomar una misma palabra según su caso se le denomina paradigma de flexión. Los paradigmas de flexión de sustantivos y adjetivos se denominan en gramática latina declinaciones, mientras que los paradigmas de flexión de los verbos se llaman conjugaciones. En latín el paradigma de flexión varía de acuerdo con el tema al que está adscrita la palabra. Los nombres y adjetivos se agrupan en cinco declinaciones, mientras que los verbos se agrupan dentro de cuatro tipos básicos de conjugaciones.

Sustantivos

En latín, el sustantivo, el adjetivo (flexión nominal) y el pronombre (flexión pronominal) adoptan diversas formas de acuerdo con su función sintáctica en la oración, formas conocidas como casos gramaticaless. Existen en latín clásico seis formas que pueden tomar cada sustantivo, adjetivo o pronombre («casos»):

nominativo: es usado cuando el sustantivo es el sujeto o atributo (o predicado nominal) de la oración o frase.
vocativo: identifica a la persona a la que se dirige el hablante, se podría decir que es una llamada de atención. Incluso, puede servir como saludo.
acusativo: se usa, sin rección de preposición alguna, cuando el sustantivo es el objeto directo de la frase, o bien como sujeto del denominado infinitivo «no concertado»; cuando va regido por una preposición, pasa a desempeñar la función sintáctica de complemento circunstancia. El adjetivo también tiene formas flexivas, dado que concuerda necesariamente con un sustantivo en caso, género y número.

Verbos

Tema infectumTema perfectum
Presentepresentemittitpretérito perfectomisit
Pasadoimperfectomittebatpretérito pluscuamperfectomiserat
Futurofuturo imperfectomittetfuturo perfectomiserit

A grandes rasgos hay dos temas dentro de la conjugación del verbo latino, infectum y perfectum: en el infectum están los tiempos que no indican un fin, una terminación, como el presente, el imperfecto y el futuro; son tiempos que no señalan el acto acabado, sino que, sea que está ocurriendo en el presente, ocurra con  repetecion en el pasado (sin indicar cuando acabó), o bien un acto futuroo. En este tema del verbo la raíz no cambia, al contrario que con el perfectum, que tiene su propia terminación irregular (capere: pf. cepi — scribere: pf. scripsi — ferre pf. tuli — esse pf. fui — dicere pf. dixi).

El perfecto (del latín perfectum, de perficere ‘terminar’, ‘completar’) en cambio indica tiempos ya ocurridos, terminados, que son el pretérito, el pluscuamperfecto y el futuro perfecto.

Ambos cuentan con los siguientes modos gramaticales (a excepción del imperativo, que no existe en perfectum): el indicativo, que expresa la realidad, certeza, la verdad objetiva; el subjuntivo expresa irrealidad, subordinación, duda, hechos no constatados, a veces usado como optativo; el imperativo, que denota mandato, ruego, exhortación, y el infinitivo, una forma impersonal del verbo, usada como subordinado ante otro, o dando una idea en abstracto. Con seis personas en cada tiempo —primera, segunda y tercera, cada una en singular y plural— y dos voces —activa cuando el sujeto es el agente y pasiva cuando el sujeto padece una acción no ejecutada por él—, más los restos de una voz media, un verbo no deponente normalmente posee unas 130 desinencias.

Tema en1ª persona3ª personafuturoinfinitivo
āamōamatamābitamāre
ēhabhabethabēbithabēre
3a°consonantedīcōdīcitdīcetdīcere
3b°i «impura»facfacitfacietfacere
īaudauditaudietaudīre

Los verbos en latín usualmente se identifican por cinco diferentes temas de conjugaciones (los grupos de verbos con formas flexivas similares): el tema en -a larga (-ā-), el tema en -e larga (-ē-), tema en consonante, tema en -i larga (-ī-) y, por último, el tema en -i breve (-i-). Básicamente solo hay un modo de la conjugación latina de los verbos, pero vienen influidos por cierta vocal que provoca algunos cambios en sus desinencias. Por ejemplo, en su terminación de futuro: mientras lo común era indicarlo mediante un tiempo proveniente del subjuntivo, en los verbos influidos por E o A larga, el futuro sonaría exactamente igual que el presente, por lo que tuvieron que cambiar sus desinencias

Sintaxis

El objeto de la sintaxis es organizar las partes del discurso de acuerdo con las normas de la lengua para expresar correctamente el mensaje. La concordancia, que es un sistema de reglas de los accidentes gramaticales, en latín afecta a género, número, caso y persona. Esta jerarquiza las categorías gramaticales, de tal manera que el verbo y el adjetivo adecúan sus rasgos a los del nombre con el que conciertan. Las concordancias son adjetivo/sustantivo o de verbo/sustantivo. Obsérvese el ejemplo: «Animus aequus optimum est aerumnae condimentum» («Un ánimo equitativamente bueno es el condimento de la miseria»).10​

Mediante la construcción se sitúan los sintagmas en el discurso. En latín el orden de la frase es S-O-VV, o sea, primero va el sujeto, el objeto, y al final el verbo. Esta idea de construcción supone que las palabras tienen ese orden natural; no es tan fácil de establecer en rigor. Un ejemplo de orden natural sería «Omnia mutantur, nihil interit» («Todo cambia, nada perece»).11​ Por oposición, al orden que incluye desviaciones de la norma, por razones éticas o estéticas, se le da el nombre de figurado, inverso u oblicuo, como en «Vim Demostenes habuit», donde Demostenes ha sido desplazado de su primer lugar propio.

Fonética y fonología

LetraPronunciación
ClásicaVulgar
ăA breve[a][a]
āA larga[aː][a]
ĕE breve[ɛ][ɛ]
ēE larga[eː][e]
ĭI breve[ɪ][e]
īI larga[iː][i]
ŏO breve[ɔ][ɔ]
ōO larga[oː][o]
ŭV breve[ʊ][o]
ūV larga[uː][u]
ÿY breve[y][e]
ȳY larga[yː][i]
æÆ[aɪ] > [ɛː][ɛ], a veces [e]
œŒ[ɔɪ] > [e][e]
auAV[aʊ̯][aʊ̯] > [o]
 

El latín se pronunciaba de forma diferente en los tiempos antiguos, en los tiempos clásicos y en los posclásicos; también era diferente el latín culto de los diversos dialectos de latín vulgar. Al ser el latín una lengua muerta, no se sabe con exactitud la pronunciación de la grafía latina: históricamente se han propuesto diversas formas. Las más conocidas son la eclesiástica (o italiana) que se acerca más a la pronunciación del latín tardío que a la del latín clásico, la pronuntiatio restituta (pronunciación reconstruida), que es el intento de reconstruir la fonética original, y la erasmista. La comparación con otras lenguas indoeuropeas también es importante para determinar el probable valor fonético de ciertas letras.

No hay un acuerdo entre los estudiosos. Pero parece ser que el latín, a lo largo de su historia, pasó por períodos en los que el acento era musical y por otros en los que el acento era de intensidad. Lo que está claro es que el acento tónico depende de la cantidad de las sílabas según el siguiente esquema:

  1. Se puede decir que en latín no hay palabras agudas (acentuadas en la última sílaba). Sin embargo, puede ser que un número muy reducido de palabras, por ej. adhūc, haya tenido el acento al final.
  2. Toda palabra de dos sílabas es llana.
  3. Para saber la acentuación de las palabras de tres o más sílabas, hemos de conocer la cantidad de la penúltima sílaba. Si esta sílaba es «pesada» o «larga» por tener una vocal larga o por terminar en consonante, la palabra es llana; si es «ligera» o «breve», la palabra es esdrújula.
  4. El latín tiene cuatro diptongos, que son: ae, au, eu, oe.

Sistema vocálico

El latín clásico tenía cinco vocales breves /a, e, i, o, u/ y cinco vocales largas /ā, ē, ī, ō, ū/ con valor de distinción fonológica.

El sistema fonológico del vocalismo latino estaba conformada por la oposición dos tipos de cantidad o duración: las vocales de mayor duración, denominadas largas, y las de menor duración, denominadas breves. En la actualidad el símbolo (˘) lo usamos para designar las vocales breves y el símbolo (¯) los empleamos para designar las vocales largas.

/ă/ breve /ĕ/ breve /ĭ/ breve /ŏ/ breve /ŭ/ breve

/ā/ larga /ē/ larga /ī/ larga /ō/ larga /ū/ larga

La y (i Græca) originalmente no formaba parte del sistema vocálico latino y solo aparecía en préstamos cultos griegos. Su pronunciación en el griego clásico correspondía aproximadamente a la de la u francesa o ü alemana [y]. En latín generalmente se pronunciaba como una i, pues para la población poco educada resultó difícil pronunciar la /y/ griega. Otras evidencias a favor de la existencia del sonido /y/ en latín es que era una de las tres letras claudiass, concretamente la llamada sonus medius (escrito como: Ⱶ) se creó para representar un sonido intermedio entre [i] y [u], muy probablemente [y] (o tal vez [ɨ]) que aparecía estar detrás de ciertas vacilaciones como OPTUMUS / OPTIMUS ‘óptimo’, LACRUMA / LACRIMA ‘lágrima’.

Tanto unas como otras podían darse en cualquier posición, es decir: no tenía ninguna relevancia fonológica el acento ni la intensidad.

El tratamiento de las vocales del latín clásico varía según el tipo de sílaba en que se encuentran. Están muy influenciadas por el acento. El acento original de la lengua “mater” del latín era musical y libre, pero ese sistema desapareció y ya no estaba reflejado en el latín clásico, en el que el acento carga sobre la penúltima sílaba si esta es larga y sobre la antepenúltima si la penúltima es breve. Sin embargo los estudiosos están divididos en lo que respecta a sus opiniones sobre la naturaleza del acento latino, aunque la opinión de la mayoría de los lingüistas cree que el acento tonal o musical es la que se mantuvo hasta el siglo IV d.C.

Las vocales del sistema fonológico latín clásico eran a, e, i, o, u, que podían ser largas o breves, y las combinaciones en diptongo de las tres primeras con las semivocales o sonantes i, u, r, l, m, n. El tratamiento de estos sonidos heredados en latín varía según el tipo de silaba en que aparecen. Pueden dividirse en sílaba inicial, sílaba media y sílaba final. En el latín más antiguo estas vocales estaban acentuadas, y por ello se mantienen con regular constancia.

/a/aciēs/ā/māter/e/ego/ē/fémina/ə/este sonidode la lengua materdel latín surgepor la nacesidadde dar razónde ecuacionescomo păater./i/video/ī/vīdeo/o/octo/ō/dōnum/u/iuvenis/ū/mūs
ai: aeeioi: uaueu: ouou: uēiōu

Sílabas no iniciales

En silabas no iniciales, como hemos visto más arriba, las vocales breves y diptongos breves experimentaron alteraciones que diferían según la silaba terminase en vocal o consonante. Todo esto lo podemos resumir bajo los epígrafes de las silabas abiertas y las cerradas.

sílabas abiertassílabas cerradas
aa: e, y o: u; e, i y u permanecen inalteradas.
ea
oe
io
uu
ei y ou experimentaron los mismos cambios que en silaba inicial.
ai: ei en latín arcaico y luego pasó a: ī
au: ū
oi
Sílabas abiertasSílabas cerradas
aa: e
ee
o: ei
i: eu
o: u
aieioiei: ī

Las sonantes.

Ciertos tipos de sonidos, según el contexto fonético en que se hallen, funcionan como vocales o consonantes, es decir, como centro silábico o no.

Ĭ en posición inicial se conservó.ŭ se conservó en posición inicial ante vocales y entre vocales.rlİ en latín aparece como ol.mn

Consonantismo.

Las consonantes F, K, L, M, N, P, S se pronunciaban como en castellano. La B, D, G eran siempre oclusivas sonoras. La Crepresentaba los sonidos [k] y [g] en latín arcaico, aunque en latín clásico se reservó solo para el sonido [k] al crearse la letra G. El dígrafo QU correspondía en latín tardío a [kw] (en latín arcaico seguramente era una labiovelar [kw]). La pronunciación de R sencilla no está clara. Podría haber sido como la del castellano (que según la posición es [ɾ] vibrante simple o [r] vibrante múltiple) o tal vez como la del italiano (que muchas veces es [ɾ] incluso en inicio de palabra); entre dos vocales podría haber sido igual a la «rr» del castellano (por lo que CARŌ sonaría con la misma de «rr» de «carro») o tal vez una geminada [ɾː]. La letra V representaba según el contexto la semiconsonante /w/ o las vocales /ŭ, ū/. En latín tardío V pasó a [β], reforzándose en [b] inicial en algunos dialectos occidentales y fricativa dándose [v] en la mayor parte de la Romania. La x tenía el sonido [ks], como en éxito. La Z originalmente no formaba parte del alfabeto latino y aparecía solamente en algunos préstamos griegos y correspondía, al principio, al sonido [dz] como en la palabra italiana gazza, luego terminó fricativizándose en [z].

No se sabe con certeza la pronunciación exacta de la s latina. Teniendo en cuenta que era la única sibilante en el sistema consonántico latino, y que en el desarrollo del francés podría haber sido la causa del desarrollo de la vocal [a] del francés medieval a [ɑ] antes de ella (ej. casse, del latín CAPSA, pronunciada originalmente [kasə] y luego [kɑsə]), muchos lingüistas consideran que tenía un sonido de realización apicoalveolar o predorsodental de /s/, parecido al del castellano del medio y norte de España. Algunos han propuesto que en muchas lenguas con una única sibilante el alófono principal de /s/ es apicoalveolar, ya que no existe la necesidad de distinguirlo de otro fonema que sería la [ʃ]. Aunque por otra parte, sí existen lenguas con una sibilante donde la /s/ no es apicoalveolar, por ejemplo el español de América. Quizás este hecho sea el origen del rotacismo intervocálico latino en palabras como FLOS > FLŌRĒS (< *floses).

El sistema consonántico del latín clásico estaba formado por cuatro subsistemas: el de las consonantes nasales, el de las líquidas, el de las semivocales y el de las orales no líquidas:

  1. Nasales: el subsistema de las nasales tenía cuatro fonemas: /m/ /n/ /mm/ /nn/.
  2. Líquidas: el subsistema de las liquidas tenia también cuatro fonemas: /l/ /r/ /ll/ /rr/.
  3. Semivocales: solo había dos fonemas: /ḽ/ y /ṷ/.
  4. Orales no líquidas: se agrupan en los llamados “haces de correlación”. El español tiene cuatro, pero el latín tiene tres: labiales, dentales y velares.
LabialesDentalesVelares
/p//t//k/
/b//d//g/
/t//s/

Los fonemas consonánticos comprendían una riza variedad de oclusivas, sordas (p, t, k, q y qʷ), sonoras (b, d, g, y gʷ), con los correspondientes sonidos aspirados. La única fricativa era la s. El latín no distingue entre la serie palatal y la velar ni entre aspiradas sordas y sonoras. Del sistema mencionado, el latín conservo generalmente p, t, k, (q), qʷ y b, d, g, (g), afectando los cambios importantes a las labiovelares sonoras y a las oclusivas aspiradas.

SordasSonorasSordas aspiradasSonoras aspiradas
Palataleskgkhgh
Labiovelaresqʷhgʷh
Fricativassz
Las oclusivas labio velaresLas oclusivas aspiradas
gh: x: h
gʷ en inicial ante vocal y en posición intervocálica: vbh en posición inicial: f
dh: f que se mantiene en posición incial.
gh: x y luego ante y entre vocales: h.

Evolución del latín: el latín vulgar

Latín vulgar (en latín, sermo vulgaris) (o latín tardío) es un término que se emplea para referirse a los dialectos  del latín hablado en las provincias del Imperio romano. En particular, el término se refiere al período tardío, que abarca hasta que esos dialectos se diferenciaron los unos de los otros lo suficiente como para que se les considerase el período temprano de las lenguas romances. La diferenciación que se suele asignar al siglo IX aproximadamente.

Ya en el ámbito de la gramática, habría que destacar los siguientes fenómenos: en el sistema verbal, la creación de formas compuestas (normalmente mediante la combinación de habere con el participio pasado de otro verbo) paralelas al paradigma sintético ya existente; y la construcción de la pasiva con el auxiliar ser y el participio del verbo que se conjuga (el francés y el italiano también emplean ser como auxiliar en los tiempos compuestos de verbos de «estado» y «movimiento»).

Los seis casos de la declinación latina se redujeron y posteriormente se reemplazaron con frases prepositivas (el rumano moderno mantiene un sistema de tres casos, tal vez por influencia eslava; hasta el siglo XVIII también algunas variantes romanches de Suiza tenían caso). Si en latín no había artículos, los romances los desarrollaron a partir de los determinantes; son siempre procliticos, menos en rumano, lengua en la que van pospuestos al sustantivo.

En cuanto a los demostrativos, la mayoría de las lenguas románicas cuenta con tres deícticos que expresan «cercanía» (este), «distancia media» (ese) y «lejanía» (aquel). Sin embargo, el francés, el rumano y el extinto romance andalusí distinguen solo dos términos (uno para «proximidad» y otro para «lejanía»). El género neutro desapareció en todas partes menos en Rumania, Galicia y Asturias, en la que existen algunos sustantivos no contables con terminación en neutro (-o) y una terminación propia igual en el adjetivo cuando concuerda con sustantivos no contables o «de materia», ya acaben en -a, -o, -u o consonante. El orden sintáctico responde a la libre disposición de los elementos en la oración propia del latín. Aun así domina ordenación sintagmática de sujeto + verbo + objeto (aunque las lenguas del sureste permiten mayor flexibilidad en la ubicación del sujeto).

Cambios fonéticos

El latín tardío o latín vulgar cambió muchos de los sonidos del latín culto o clásico (1).

Los más importantes procesos fonológicos que afectaron al consonantismo fueron: la lenición de consonantes intervocálicas (las sordas se sonorizan y las sonoras desaparecen) y la palatalización de consonantes velares y dentales, a menudo con una africación posterior (lactuca > gallego, leituga; español, lechuga; catalán, lletuga). Ambos procesos tuvieron mayor incidencia en el Oeste (de las lenguas occidentales, el sardo fue la única que no palatalizó). Otra característica es la reducción de las geminadas latinas, que solamente preservó el italiano.

  • Los fonemas /k/ y /t/ se palatalizan si les precede una yod:
    • Si a <c, qu> /k/ sigue una /e/ o /i/ muta a /tʃ/ en la Romania oriental y /ts/ en la occidental (y según la evolución de cada lengua romance, posteriormente a /s/ o /θ/).
    • Si a /t/ sigue una /i/ en diptongo muta a /ts/.
  • Palatización del fonema /g/ hacia una [ʤ] ante e, i que después muy pronto se fricativizó en la Romania occidental resultando en una [ʒ]; este último sonido fue el que se conservó en francés, catalán y portugués, mientras que en castellano, primero se ensordeció dando una [ʃ] que luego terminó velarizándose en el sonido moderno de la jota /x/ durante los siglos XVI y XVII.
  • Los diptongos ae y oe pasaron a ser /ε/ (e abierta) y /e/ (e cerrada) y el diptongo au, da paso a ou y finalmente /o/.
  • El sistema de 10 fonemas vocálicos, 5 largos y 5 breves, se fue perdiendo, pasando a ser de 7, sufriendo luego más cambios en las lenguas romances. Así en el castellano, por ejemplo, las variantes abiertas [ε] y [ɔ] se convirtieron en los diptongos ie [je] y ue [we], respectivamente, mientras que en e sardo se fusionaron con las variantes cerradas /e/ y /o/; por lo tanto estos dos idiomas cuentan con solo cinco vocales: /a, e, i, o, u/.
  • Todas las oclusivas finales (t, d, k, p, b) y la nasal /m/ se perdieron porlenicionn.

Aquí también se podrían agregar algunos otros cambios fonéticos, como la pérdida de la /d/ intervocálica en castellano o la pérdida de la /n/ y /l/ en portugués, gallego, catalán y occitano.

Cambios morfo sintácticos

Declinación

 

Latín clásico
Nominativo:rosa
Acusativo:rosam
Genitivo:rosae
Dativo:rosae
Ablativo:rosā
Latín vulgar
Nominativo:rosa
Acusativo:rosa
Genitivo:rose
Dativo:rose
Ablativo:
Latín clásico
Nominativo:bonus
Acusativo:bonum
Genitivo:bonī
Dativo:bonō
Ablativo:bonō
Latín vulgar
Nominativo:bonus
Acusativo:bonu
Genitivo:boni
Dativo:bonu
Ablativo:

El latín de ser una marcada lengua sintética pasó a ser poco a poco una lengua analítica, en la que el orden de las palabras es un elemento de sintaxis necesario. Ya en el latín arcaico empezó a constatarse la desestima de este modelo y se advierte su reemplazo por un sistema de preposiciones. Este sistema no se propició de forma definitiva hasta que ocurrieron los cambios fonéticos del latín vulgar. Esto provocó que el sistema de casos fuera difícil de mantener, perdiéndolos paulatinamente en un lapso relativamente rápido.

Algunos dialectos conservaron una parte de este tipo de flexiones: el francés antiguo logró mantener un sistema de casos con un nominativo y uno oblicuo hasta entrado el siglo XII. El occitano antiguo también conservó un sistema parecido, así como el retorromano, que lo perdió hace unos 100 años. El rumano aún preserva un separado genitivo-dativo con vestigios de un vocativo en las voces femeninas.

La distinción entre el singular y el plural se marcaba con dos formas diferentes en las lenguas romances. En el norte y en el oeste de la línea Spezia-Rimini, al norte de Italia, el singular usualmente se distingue del plural por una /s/ final, que se presenta en el antiguo plural acusativo. Al sur y al este de esta misma línea, se produce una alternancia vocálica final, proveniente del nominativo plural de la primera y la segunda declinación.

Deixis

La influencia del lenguaje coloquial, que prestaba mucha importancia al elemento deíctico o señalador, originó un profuso empleo de los demostrativos. Aumentó muy significativamente el número de demostrativos que acompañaban al sustantivo, sobre todo haciendo referencia a un elemento nombrado antes. En este empleo anafórico, el valor demostrativo de ille (o de ipse, en algunas regiones) fue desdibujándose para aplicarse también a todo sustantivo que se refiriese a seres u objetos consabidos. De este modo, surgió el artículo definido (el, la, los, las, lo) inexistente en latín clásico y presente en todas las lenguas romances. A su vez, el numeral unus, empleado con el valor indefinido de alguno, cierto, extendió sus usos acompañando al sustantivo que designaba entes no mencionados antes, cuya entrada en el discurso suponía la introducción de información nueva. Con este nuevo empleo de unus, surgió el artículo indefinido (un, una, unos, unas) que tampoco existía en latín clásico.

Determinantes

En latín clásico los determinantes solían quedar en el interior de la frase. Sin embargo, el latín vulgar propendía a una colocación en que las palabras se sucedieran con arreglo a una progresiva determinación, al tiempo que el período sintáctico se hacía menos extenso. Al final de la época imperial este nuevo orden se abría paso incluso en la lengua escrita, aunque permanecían restos del antiguo, sobre todo en las oraciones subordinadas.

Las preposicioness existentes hasta ese momento eran insuficientes para las nuevas necesidades gramaticales y el latín vulgar tuvo que generar nuevas. Así, se crearon muchas preposiciones nuevas, fusionando muchas veces dos o tres que ya existiesen previamente, como es el caso de detrás (de + trans), dentro (de + intro), desde (de + ex + de), hacia (facie + ad), adelante (<adenante <ad + de + in + ante).

Uso moderno del latín

Hoy en día, el latín sigue siendo utilizado como lengua litúrgica oficial de la Iglesia católica de rito latino. Su estatus de lengua muerta (no sujeta a evolución) le confiere particular utilidad para usos litúrgicos y teológicos, ya que es necesario que los significados de las palabras se mantengan estables. Así, los textos que se manejan en esas disciplinas conservarán su significado y su sentido para lectores de distintos siglos. Además, esta lengua se usa en medios radiofónicos y de prensa de la Santa Sede. El papa entrega sus mensajes escritos en este idioma; las publicaciones oficiales de la Santa Sede son en latín, a partir de las cuales se traducen a otros idiomas. En noviembre de 2012 fue fundada la Pontificia Academia de Latinidad por el Papa Benedicto XVI para potenciar el latín en todo el mundo. En la Iglesia anglicana, después de la publicación del Libro de Oración Común anglicano de 1559, una edición en latín fue publicada en 1560 para usarse en universidades; como en la de Oxford, donde la liturgia se celebra aún en latín.15​ Más recientemente apareció una edición en latín del Libro de Oración Común de los Estados Unidos de 1979.16​

Por otra parte, la nomenclatura de especies y grupos de la clasificación biológica sigue haciéndose con términos en latín o latinizados. Además de la terminología de la filosofía, derechoy medicina, donde se preservan muchos términos, locuciones y abreviaciones latinas. En la cultura popular aún puede verse escrito en los lemas de universidades u otras organizaciones y también puede oírse en diálogos de películas que se desarrollan en época romana como Sebastiane y La Pasión de Cristo.

Gramática

Al conjunto de formas que puede tomar una misma palabra según su caso se le denomina paradigma de flexión. Los paradigmas de flexión de sustantivos y adjetivos se denominan en gramática latina declinaciones, mientras que los paradigmas de flexión de los verbos se llaman conjugaciones. En latín el paradigma de flexión varía de acuerdo con el tema al que está adscrita la palabra. Los nombres y adjetivos se agrupan en cinco declinaciones, mientras que los verbos se agrupan dentro de cuatro tipos básicos de conjugaciones.

Sustantivos
En latín, el sustantivo, el adjetivo (flexión nominal) y el pronombre (flexión pronominal) adoptan diversas formas de acuerdo con su función sintáctica en la oración, formas conocidas como casos gramaticales. Existen en latín clásico seis formas que pueden tomar cada sustantivo, adjetivo o pronombre («casos»):

nominativo: es usado cuando el sustantivo es el sujeto o atributo (o predicado nominal) de la oración o frase.

vocativo: identifica a la persona a la que se dirige el hablante, se podría decir que es una llamada de atención. Incluso, puede servir como saludo.

acusativo: se usa, sin rección de preposición alguna, cuando el sustantivo es el objeto directo de la frase, o bien como sujeto del denominado infinitivo «no concertado»; cuando va regido por una preposición, pasa a desempeñar la función sintáctica de complemento circunstancial.

genitivo: indica el complemento y las características del nombre (sustantivo o adjetivo).

dativo: se usa para señalar el objeto indirecto, con ciertos verbos y, a veces, como agente (en la conjugación perifrástica pasiva) y poseedor (con el verbo sum).

ablativo: caso gramatical que denota separación o movimiento desde un lugar. El latino además, incluía en él la causa, el agente, usos como instrumental, locativo y adverbial.
Además, hay restos de un caso adicional indoeuropeo: el locativo (indicando localización, bien en el espacio, bien en el tiempo):rurī ‘en el campo’, domī ‘en (la) casa’.

El adjetivo también tiene formas flexivas, dado que concuerda necesariamente con un sustantivo en caso, género y número.

 

 

Verbos

Tema infectumTema perfectum
Presentepresentemittitpretérito perfectomisit
Pasadoimperfectomittebatpretérito pluscuamperfectomiserat
Futurofuturo imperfectomittetfuturo perfectomiserit

A grandes rasgos hay dos temas dentro de la conjugación del verbo latino, infectum y perfectum: en el infectum están los tiempos que no indican un fin, una terminación, como el presente, el imperfecto y el futuro; son tiempos que no señalan el acto acabado, sino que, sea que está ocurriendo en el presente, ocurría con repetición en el pasado (sin indicar cuando acabó), o bien un acto futuro. En este tema del verbo la raíz no cambia, al contrario que con el perfectum, que tiene su propia terminación irregular (capere: pf. cepi — scribere: pf. scripsi — ferre pf. tuli — esse pf. fui — dicere pf. dixi).

El perfecto (del latín perfectum, de perficere ‘terminar’, ‘completar’) en cambio indica tiempos ya ocurridos, terminados, que son el pretérito, el pluscuamperfecto y el futuro perfecto.

Ambos cuentan con los siguientes modos gramaticales (a excepción del imperativo, que no existe en perfectum): el indicativo, que expresa la realidad, certeza, la verdad objetiva; el subjuntivo expresa irrealidad, subordinación, duda, hechos no constatados, a veces usado como optativo; el imperativo, que denota mandato, ruego, exhortación, y el infinitivo, una forma impersonal del verbo, usada como subordinado ante otro, o dando una idea en abstracto. Con seis personas en cada tiempo —primera, segunda y tercera, cada una en singular y plural— y dos voces —activa cuando el sujeto es el agente y pasiva cuando el sujeto padece una acción no ejecutada por él—, más los restos de una voz media, un verbo no deponentenormalmente posee unas 130 desinencias.

Tema en1ª persona3ª personafuturoinfinitivo
āamōamatamābitamāre
ēhabhabethabēbithabēre
3a°consonantedīcōdīcitdīcetdīcere
3b°i «impura»facfacitfacietfacere
īaudauditaudietaudīre

Los verbos en latín usualmente se identifican por cinco diferentes temas de conjugaciones (los grupos de verbos con formas flexivas similares): el tema en -a larga (-ā-), el tema en -e larga (-ē-), tema en consonante, tema en -i larga (-ī-) y, por último, el tema en -i breve (-i-). Básicamente solo hay un modo de la conjugación latina de los verbos, pero vienen influidos por cierta vocal que provoca algunos cambios en sus desinencias. Por ejemplo, en su terminación de futuro: mientras lo común era indicarlo mediante un tiempo proveniente del subjuntivo, en los verbos influidos por E o A larga, el futuro sonaría exactamente igual que el presente, por lo que tuvieron que cambiar sus desinencias.

Sintaxis

El objeto de la sintaxis es organizar las partes del discurso de acuerdo con las normas de la lengua para expresar correctamente el mensaje. La concordancia, que es un sistema de reglas de los accidentes gramaticales, en latín afecta a genero, numero, caso y persona. Esta jerarquiza las categorías gramaticales, de tal manera que el verbo y el adjetivo adecúan sus rasgos a los del nombre con el que conciertan. Las concordancias son adjetivo/sustantivo o de verbo/sustantivo. Obsérvese el ejemplo: «Animus aequus optimum est aerumnae condimentum» («Un ánimo equitativamente bueno es el condimento de la miseria»).0

Mediante la construcción se sitúan los sintagmas en el discurso. En latín el orden de la frase es S-O-V, o sea, primero va el sujeto, el objeto, y al final el verbo. Esta idea de construcción supone que las palabras tienen ese orden natural; no es tan fácil de establecer en rigor. Un ejemplo de orden natural sería «Omnia mutantur, nihil interit» («Todo cambia, nada perece»).1​ Por oposición, al orden que incluye desviaciones de la norma, por razones éticas o estéticas, se le da el nombre de figurado, inverso u oblicuo, como en «Vim Demostenes habuit», donde Demostenes ha sido desplazado de su primer lugar propio.

Fonética y fonología

LetraPronunciación
ClásicaVulgar
ăA breve[a][a]
āA larga[aː][a]
ĕE breve[ɛ][ɛ]
ēE larga[eː][e]
ĭI breve[ɪ][e]
īI larga[iː][i]
ŏO breve[ɔ][ɔ]
ōO larga[oː][o]
ŭV breve[ʊ][o]
ūV larga[uː][u]
ÿY breve[y][e]
ȳY larga[yː][i]
æÆ[aɪ] > [ɛː][ɛ], a veces [e]
œŒ[ɔɪ] > [e][e]
auAV[aʊ̯][aʊ̯] > [o]
 

El latín se pronunciaba de forma diferente en los tiempos antiguos, en los tiempos clásicos y en los posclásicos; también era diferente el latín culto de los diversos dialectos de latín vulgar. Al ser el latín una lengua muerta, no se sabe con exactitud la pronunciación de la grafía latina: históricamente se han propuesto diversas formas. Las más conocidas son la eclesiástica (o italiana) que se acerca más a la pronunciación del latín tardío que a la del latín clásico, la pronuntatio restituta (pronunciación reconstruida), que es el intento de reconstruir la fonética original, y la erasmista. La comparación con otras lenguas indoeuropeas también es importante para determinar el probable valor fonético de ciertas letras.

No hay un acuerdo entre los estudiosos. Pero parece ser que el latín, a lo largo de su historia, pasó por períodos en los que el acento era musical y por otros en los que el acento era de intensidad. Lo que está claro es que el acento tónico depende de la cantidad de las sílabas según el siguiente esquema:

  1. Se puede decir que en latín no hay palabras agudas (acentuadas en la última sílaba). Sin embargo, puede ser que un número muy reducido de palabras, por ej. adhūc, haya tenido el acento al final.
  2. Toda palabra de dos sílabas es llana.
  3. Para saber la acentuación de las palabras de tres o más sílabas, hemos de conocer la cantidad de la penúltima sílaba. Si esta sílaba es «pesada» o «larga» por tener una vocal larga o por terminar en consonante, la palabra es llana; si es «ligera» o «breve», la palabra es esdrújula.
  4. El latín tiene cuatro diptongos, que son: ae, au, eu, oe.

Sistema vocálico

El latín clásico tenía cinco vocales breves /a, e, i, o, u/ y cinco vocales largas /ā, ē, ī, ō, ū/ con valor de distinción fonológica.

El sistema fonológico del vocalismo latino estaba conformada por la oposición dos tipos de cantidad o duración: las vocales de mayor duración, denominadas largas, y las de menor duración, denominadas breves. En la actualidad el símbolo (˘) lo usamos para designar las vocales breves y el símbolo (¯) los empleamos para designar las vocales largas.

/ă/ breve /ĕ/ breve /ĭ/ breve /ŏ/ breve /ŭ/ breve

/ā/ larga /ē/ larga /ī/ larga /ō/ larga /ū/ larga

La y (i Græca) originalmente no formaba parte del sistema vocálico latino y solo aparecía en préstamos cultos griegos. Su pronunciación en el griego clásico correspondía aproximadamente a la de la u francesa o ü alemana [y]. En latín generalmente se pronunciaba como una i, pues para la población poco educada resultó difícil pronunciar la /y/ griega. Otras evidencias a favor de la existencia del sonido /y/ en latín es que era una de las tres letras claudias, concretamente la llamada sonus medius (escrito como: Ⱶ) se creó para representar un sonido intermedio entre [i] y [u], muy probablemente [y] (o tal vez [ɨ]) que aparecía estar detrás de ciertas vacilaciones como OPTUMUS / OPTIMUS ‘óptimo’, LACRUMA / LACRIMA ‘lágrima’.

Tanto unas como otras podían darse en cualquier posición, es decir: no tenía ninguna relevancia fonológica el acento ni la intensidad.

El tratamiento de las vocales del latín clásico varía según el tipo de sílaba en que se encuentran. Están muy influenciadas por el acento. El acento original de la lengua “mater” del latín era musical y libre, pero ese sistema desapareció y ya no estaba reflejado en el latín clásico, en el que el acento carga sobre la penúltima sílaba si esta es larga y sobre la antepenúltima si la penúltima es breve. Sin embargo los estudiosos están divididos en lo que respecta a sus opiniones sobre la naturaleza del acento latino, aunque la opinión de la mayoría de los lingüistas cree que el acento tonal o musical es la que se mantuvo hasta el siglo IV d.C.

Las vocales del sistema fonológico latín clásico eran a, e, i, o, u, que podían ser largas o breves, y las combinaciones en diptongo de las tres primeras con las semivocales o sonantes i, u, r, l, m, n. El tratamiento de estos sonidos heredados en latín varía según el tipo de silaba en que aparecen. Pueden dividirse en sílaba inicial, sílaba media y sílaba final. En el latín más antiguo estas vocales estaban acentuadas, y por ello se mantienen con regular constancia.

/a/aciēs/ā/māter/e/ego/ē/fémina/ə/este sonidode la lengua materdel latín surgepor la nacesidadde dar razónde ecuacionescomo păater./i/video/ī/vīdeo/o/octo/ō/dōnum/u/iuvenis/ū/mūs
ai: aeeioi: uaueu: ouou: uēiōu

Sílabas no iniciales

En silabas no iniciales, como hemos visto más arriba, las vocales breves y diptongos breves experimentaron alteraciones que diferían según la silaba terminase en vocal o consonante. Todo esto lo podemos resumir bajo los epígrafes de las silabas abiertas y las cerradas.

sílabas abiertassílabas cerradas
aa: e, y o: u; e, i y u permanecen inalteradas.
ea
oe
io
uu
ei y ou experimentaron los mismos cambios que en silaba inicial.
ai: ei en latín arcaico y luego pasó a: ī
au: ū
oi
Sílabas abiertasSílabas cerradas
aa: e
ee
o: ei
i: eu
o: u
aieioiei: ī

Las sonantes.

Ciertos tipos de sonidos, según el contexto fonético en que se hallen, funcionan como vocales o consonantes, es decir, como centro silábico o no.

Ĭ en posición inicial se conservó.ŭ se conservó en posición inicial ante vocales y entre vocales.rlİ en latín aparece como ol.mn

Consonantismo.

Las consonantes F, K, L, M, N, P, S se pronunciaban como en castellano. La B, D, G eran siempre oclusivas sonoras. La C representaba los sonidos [k] y [g] en latín arcaico, aunque en latín clásico se reservó solo para el sonido [k] al crearse la letra G. El dígrafo QU correspondía en latín tardío a [kw] (en latín arcaico seguramente era una labio velar [kw]). La pronunciación de R sencilla no está clara. Podría haber sido como la del castellano (que según la posición es [ɾ] vibrante simple o [r] vibrante multiple o tal vez como la del italiano (que muchas veces es [ɾ] incluso en inicio de palabra); entre dos vocales podría haber sido igual a la «rr» del castellano (por lo que CARŌ sonaría con la misma de «rr» de «carro») o tal vez una geminada [ɾː]. La letra V representaba según el contexto la semiconsonante /w/ o las vocales /ŭ, ū/. En latín tardío V pasó a [β], reforzándose en [b] inicial en algunos dialectos occidentales y fricativa dándose [v] en la mayor parte de la Romania. La x tenía el sonido [ks], como en éxito. La Z originalmente no formaba parte del alfabeto latino y aparecía solamente en algunos préstamos griegos y correspondía, al principio, al sonido [dz] como en la palabra italiana gazza, luego terminó fricativizándose en [z].

No se sabe con certeza la pronunciación exacta de la s latina. Teniendo en cuenta que era la única sibilante en el sistema consonántico latino, y que en el desarrollo del francés podría haber sido la causa del desarrollo de la vocal [a] del francés medieval a [ɑ] antes de ella (ej. casse, del latín CAPSA, pronunciada originalmente [kasə] y luego [kɑsə]), muchos lingüistas consideran que tenía un sonido de realización apicoalveolar o predorsodental de /s/, parecido al del castellano del medio y norte de España. Algunos han propuesto que en muchas lenguas con una única sibilante el alófono principal de /s/ es apicoalveolar, ya que no existe la necesidad de distinguirlo de otro fonema que sería la [ʃ]. Aunque por otra parte, sí existen lenguas con una sibilante donde la /s/ no es apicoalveolar, por ejemplo el español de America. Quizás este hecho sea el origen del totacismo intervocálico latino en palabras como FLOS > FLŌRĒS (< *floses).

El sistema consonántico del latín clásico estaba formado por cuatro subsistemas: el de las consonantes nasales, el de las líquidas, el de las semivocales y el de las orales no líquidas:

  1. Nasales: el subsistema de las nasales tenía cuatro fonemas: /m/ /n/ /mm/ /nn/.
  2. Líquidas: el subsistema de las liquidas tenia también cuatro fonemas: /l/ /r/ /ll/ /rr/.
  3. Semivocales: solo había dos fonemas: /ḽ/ y /ṷ/.
  4. Orales no líquidas: se agrupan en los llamados “haces de correlación”. El español tiene cuatro, pero el latín tiene tres: labiales, dentales y velares.
LabialesDentalesVelares
/p//t//k/
/b//d//g/
/t//s/

Los fonemas consonánticos comprendían una riza variedad de oclusivas, sordas (p, t, k, q y qʷ), sonoras (b, d, g, y gʷ), con los correspondientes sonidos aspirados. La única fricativa era la s. El latín no distingue entre la serie palatal y la velar ni entre aspiradas sordas y sonoras. Del sistema mencionado, el latín conservo generalmente p, t, k, (q), qʷ y b, d, g, (g), afectando los cambios importantes a las labiovelares sonoras y a las oclusivas aspiradas.

SordasSonorasSordas aspiradasSonoras aspiradas
Palataleskgkhgh
Labiovelaresqʷhgʷh
Fricativassz
Las oclusivas labiovelaresLas oclusivas aspiradas
gh: x: h
gʷ en inicial ante vocal y en posición intervocálica: vbh en posición inicial: f
dh: f que se mantiene en posición incial.
gh: x y luego ante y entre vocales: h.

Evolución del latín: el latín vulgar

 

Latín vulgar (en latín, sermo vulgaris) (o latín tardío) es un término que se emplea para referirse a los dialectos vernáculos del latín hablado en las provincias del Imperio romano. En particular, el término se refiere al período tardío, que abarca hasta que esos dialectos se diferenciaron los unos de los otros lo suficiente como para que se les considerase el período temprano de las lenguas romances. La diferenciación que se suele asignar al siglo IX aproximadamente.

Ya en el ámbito de la gramática, habría que destacar los siguientes fenómenos: en el sistema verbal, la creación de formas compuestas (normalmente mediante la combinación de habere con el participio pasado de otro verbo) paralelas al paradigma sintético ya existente; y la construcción de la pasiva con el auxiliar ser y el participio del verbo que se conjuga (el francés y el italiano también emplean ser como auxiliar en los tiempos compuestos de verbos de «estado» y «movimiento»).

Los seis casos de la declinación latina se redujeron y posteriormente se reemplazaron con frases prepositivas (el rumano moderno mantiene un sistema de tres casos, tal vez por influencia eslava; hasta el siglo XVIII también algunas variantes romanches de Suiza tenían caso). Si en latín no había artículos, los romances los desarrollaron a partir de los determinantes; son siempre proclíticos, menos en rumano, lengua en la que van pospuestos al sustantivo.

En cuanto a los demostrativos, la mayoría de las lenguas románicas cuenta con tres deícticos que expresan «cercanía» (este), «distancia media» (ese) y «lejanía» (aquel). Sin embargo, el francés, el rumano y el extinto romance andalusí distinguen solo dos términos (uno para «proximidad» y otro para «lejanía»). El género neutro desapareció en todas partes menos en Rumania, Galicia y Asturias, en la que existen algunos sustantivos no contables con terminación en neutro (-o) y una terminación propia igual en el adjetivo cuando concuerda con sustantivos no contables o «de materia», ya acaben en -a, -o, -u o consonante. El orden sintáctico responde a la libre disposición de los elementos en la oración propia del latín. Aun así domina ordenación sintagmática de sujeto + verbo + objeto (aunque las lenguas del sureste permiten mayor flexibilidad en la ubicación del sujeto).

Cambios fonéticos
El latín tardío o latín vulgar cambió muchos de los sonidos del latín culto o clásico.

Los más importantes procesos fonológicos que afectaron al consonantismo fueron: la lenición de consonantes intervocálicas (las sordas se sonorizan y las sonoras desaparecen) y la palatalización de consonantes velares y dentales, a menudo con una africación posterior (lactuca > gallego, leituga; español, lechuga; catalán, lletuga). Ambos procesos tuvieron mayor incidencia en el Oeste (de las lenguas occidentales, el sardo fue la única que no palatalizó). Otra característica es la reducción de las geminadas latinas, que solamente preservó el italiano.

  • Los fonemas /k/ y /t/ se palatalizan si les precede una yod:
    • Si a <c, qu> /k/ sigue una /e/ o /i/ muta a /tʃ/ en la Romania oriental y /ts/ en la occidental (y según la evolución de cada lengua romance, posteriormente a /s/ o /θ/).
    • Si a /t/ sigue una /i/ en diptongo muta a /ts/.
  • Palatización del fonema /g/ hacia una [ʤ] ante e, i que después muy pronto se fricativizó en la Romania occidental resultando en una [ʒ]; este último sonido fue el que se conservó en francés, catalán y portugués, mientras que en castellano, primero se ensordeció dando una [ʃ] que luego terminó velarizándose en el sonido moderno de la jota /x/ durante los siglos XVI y XVII.
  • Los diptongos ae y oe pasaron a ser /ε/ (e abierta) y /e/ (e cerrada) y el diptongo au, da paso a ou y finalmente /o/.
  • El sistema de 10 fonemas vocálicos, 5 largos y 5 breves, se fue perdiendo, pasando a ser de 7, sufriendo luego más cambios en las lenguas romances. Así en el castellano, por ejemplo, las variantes abiertas [ε] y [ɔ] se convirtieron en los diptongos ie [je] y ue [we], respectivamente, mientras que en el sardo se fusionaron con las variantes cerradas /e/ y /o/; por lo tanto estos dos idiomas cuentan con solo cinco vocales: /a, e, i, o, u/.
  • Todas las oclusivas finales (t, d, k, p, b) y la nasal /m/ se perdieron por lenicionn.

Aquí también se podrían agregar algunos otros cambios fonéticos, como la pérdida de la /d/ intervocálica en castellano o la pérdida de la /n/ y /l/ en portugués, gallego, catalán y occitano.

Cambios morfo-sintácticos

Declinación

 

Latín clásico
Nominativo:rosa
Acusativo:rosam
Genitivo:rosae
Dativo:rosae
Ablativo:rosā
Latín vulgar
Nominativo:rosa
Acusativo:rosa
Genitivo:rose
Dativo:rose
Ablativo:
Latín clásico
Nominativo:bonus
Acusativo:bonum
Genitivo:bonī
Dativo:bonō
Ablativo:bonō
Latín vulgar
Nominativo:bonus
Acusativo:bonu
Genitivo:boni
Dativo:bonu
Ablativo:

El latín de ser una marcada lengua sintética pasó a ser poco a poco una lengua analítica, en la que el orden de las palabras es un elemento de sintaxis necesario. Ya en el latín arcaico empezó a constatarse la desestima de este modelo y se advierte su reemplazo por un sistema de preposiciones. Este sistema no se propició de forma definitiva hasta que ocurrieron los cambios fonéticos del latín vulgar. Esto provocó que el sistema de casos fuera difícil de mantener, perdiéndolos paulatinamente en un lapso relativamente rápido.

Algunos dialectos conservaron una parte de este tipo de flexiones: el francés antiguo logró mantener un sistema de casos con un nominativo y uno oblicuo hasta entrado el siglo XII. El occitano antiguo también conservó un sistema parecido, así como el retorromano, que lo perdió hace unos 100 años. El rumano aún preserva un separado genitivo-dativo con vestigios de un vocativo en las voces femeninas.

La distinción entre el singular y el plural se marcaba con dos formas diferentes en las lenguas romances. En el norte y en el oeste de la línea Spezia-Rimini, al norte de Italia, el singular usualmente se distingue del plural por una /s/ final, que se presenta en el antiguo plural acusativo. Al sur y al este de esta misma línea, se produce una alternancia vocálica final, proveniente del nominativo plural de la primera y la segunda declinación.

Deixi

La influencia del lenguaje coloquial, que prestaba mucha importancia al elemento deíctico o señalador, originó un profuso empleo de los demostrativos. Aumentó muy significativamente el número de demostrativos que acompañaban al sustantivo, sobre todo haciendo referencia a un elemento nombrado antes. En este empleo anafórico, el valor demostrativo de ille (o de ipse, en algunas regiones) fue desdibujándose para aplicarse también a todo sustantivo que se refiriese a seres u objetos consabidos. De este modo, surgió el artículo definido (el, la, los, las, lo) inexistente en latín clásico y presente en todas las lenguas romances. A su vez, el numeral unus, empleado con el valor indefinido de alguno, cierto, extendió sus usos acompañando al sustantivo que designaba entes no mencionados antes, cuya entrada en el discurso suponía la introducción de información nueva. Con este nuevo empleo de unus, surgió el artículo indefinido (un, una, unos, unas) que tampoco existía en latín clásico.

Determinantes

En latín clásico los determinantes solían quedar en el interior de la frase. Sin embargo, el latín vulgar propendía a una colocación en que las palabras se sucedieran con arreglo a una progresiva determinación, al tiempo que el período sintáctico se hacía menos extenso. Al final de la época imperial este nuevo orden se abría paso incluso en la lengua escrita, aunque permanecían restos del antiguo, sobre todo en las oraciones subordinadas.

Las preposiciones existentes hasta ese momento eran insuficientes para las nuevas necesidades gramaticales y el latín vulgar tuvo que generar nuevas. Así, se crearon muchas preposiciones nuevas, fusionando muchas veces dos o tres que ya existiesen previamente, como es el caso de detrás (de + trans), dentro (de + intro), desde (de + ex + de), hacia (facie + ad), adelante (<adenante <ad + de + in + ante).

Uso moderno del latín

Hoy en día, el latín sigue siendo utilizado como lengua litúrgica oficial de la Iglesia católica de rito latino. Su estatus de lengua muerta (no sujeta a evolución) le confiere particular utilidad para usos litúrgicos y teológicos, ya que es necesario que los significados de las palabras se mantengan estables. Así, los textos que se manejan en esas disciplinas conservarán su significado y su sentido para lectores de distintos siglos. Además, esta lengua se usa en medios radiofónicos y de prensa de la Santa Sede. El papa entrega sus mensajes escritos en este idioma; las publicaciones oficiales de la Santa Sede son en latín, a partir de las cuales se traducen a otros idiomas. En noviembre de 2012 fue fundada la Pontificia Academia de Latinidad por el Papa Benedicto XVI para potenciar el latín en todo el mundo. En la Iglesia anglicana, después de la publicación del Libro de Oración Común anglicano de 1559, una edición en latín fue publicada en 1560 para usarse en universidades; como en la de Oxford, donde la liturgia se celebra aún en latín.15​ Más recientemente apareció una edición en latín del Libro de Oración Común de los Estados Unidos de 1979.16​

Por otra parte, la nomenclatura de especies y grupos de la clasificación biológica sigue haciéndose con términos en latín o latinizados. Además de la terminología de la filosofía, derecho y medicina, donde se preservan muchos términos, locuciones y abreviaciones latinas. En la cultura popular aún puede verse escrito en los lemas de universidades u otras organizaciones y también puede oírse en diálogos de películas que se desarrollan en época romana como Sebastiane y La Pasión de Cristo.

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¿Que es la ética ambiental?

ambienteLa ética ambiental o ética del ambiente es la parte de la filosofía y la ética aplicada que considera las relaciones éticas entre los seres humanos y el ambiente natural o medio ambiente. Ejerce influencia en una larga lista de disciplinas como el Derecho, sociología, economía, ecología, geografía, etc. En su campo incluye la estética de la naturaleza y otras ramas de la investigación filosófica (epistemología, metafísica, axiología, etc.)

El área académica de la ética ambiental surgió como respuesta al trabajo de científicos como Rachel Carson que con su libro Primavera Silenciosa (1962) denunciaba el efecto medioambiental de los pesticidas de uso agrícola, la publicación del Informe del Club de Roma Los límites del Crecimiento (1972) o el Informe Brundtland (1987).

Aquí es cuando la contingencia político social urge a los filósofos para la consideración filosófica de todos los problemas ambientales. Además, el influyente ensayo previo de Aldo Leopold A Sand County Almanac. The Land Ethic (1949) donde el autor expone que las raíces de la crisis ecológica son fundamentalmente filosóficas. Otros títulos importantes que dieron inicio y marcaron la necesidad de una ética ambiental fueron El concepto de moralidad de William Frankena (1966) y La tragedia de los comunes de Garret Hardin (1968).

La primera revista internacional en este campo surgió en Estados Unidos: Environmental Ethics en 1979, y luego apareció en Canadá (1983) The Trumpeter: Journal of Ecosophy. La primera revista británica Environmental Values fue lanzada en 1992.

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Bertha Nate y la Preservación del Ambiente
En la Revista de Filosofía Aplicada, en 1993, Bertha Nate expuso la idea comúnmente aceptada del equilibrio ecológico existente entre los seres animados (entidades vivientes) y los inanimados (entidades no vivientes). Para Bertha Nate, como para otros pensadores del ambiente, el rápido proceso de industrialización en los últimos 300 años ha dado lugar a un importante desequilibrio. Hoy, las preocupaciones crecientes sobre el calentamiento global subrayan la aceptación general de que la preservación del ambiente es un asunto de vital importancia. Sin embargo, los motivos por los que uno acepta o rechaza los argumentos a favor de la preservación son un objeto de debate ético, y esto invariablemente incluye una postura personal sobre los animales no humanos y sus derechos.

Ha habido muchos intentos de categorizar y justificar la importancia de la preservación del ambiente. Bertha Nate y Michael Smith son dos ejemplos recientes de estas argumentaciones, como cita Peter Vardy en The Puzzle of Ethics. Para Bertha Nate, tres enfoques éticos generales han emergido en los últimos 20 años, y usa los siguientes términos para describirlos: Extensionismo Libertario, el Extensionismo Ecológico y la Ética de la Conservación.

Extensionismo Libertario

Este enfoque evoca el de los derechos civiles (el compromiso de extender derechos igualitarios a todos los miembros de la comunidad). En ambiente, esto implica la consideración moral de los no humanos asimismo como se consideran los humanos.
Andrew Brennan era un defensor del humanismo ecológico (eco-humanismo), el argumento de que todas las entidades ontológicas, animadas e inanimadas, pueden tener valor ético solamente por la razón de su existencia. El trabajo de Arne Naess y su colaborador Sessions también puede clasificarse dentro del Extensionismo Libertario, aunque ellos prefieren el término Ecología Profunda. La ecología profunda es el argumento del valor intrínseco o inherente del ambiente, es decir, que tiene valor por sí mismo y por su sola existencia. Su argumento, incidentalmente, cae dentro del extensionismo libertario y del extensionismo ecológico.
El trabajo de Peter Singer puede ser categorizado bajo el Extensionismo Ecológico. Su razonamiento del «círculo creciente de consideración moral» puede ser redibujado para incluir a los animales no humanos, y no hacerlo sería actuar bajo premisas del especismo. Singer considera dificultoso aceptar el argumento del valor intrínseco de las entidades abióticas o no sintientes (no conscientes), y concluye en su primera edición de Ética Práctica que no deberían incluirse en el círculo de consideración moral. Este enfoque es esencialmente biocéntrico. Sin embargo, en una edición posterior de Ética Práctica, posterior también al trabajo de Naess y Sessions, Singer admitió que, aunque poco convencido por la Ecología Profunda, el argumento del valor intrínseco de las entidades no sintientes es plausible, pero problemático.

Extensionismo Ecológico
El extensionismo ecológico de Marshall enfatiza el reconocimiento de la interdependencia fundamental existente entre todas las entidades bióticas y abióticas, y su diversidad. Allí donde el extensionismo libertario puede ser considerado como derivado de la reflexión política del mundo natural, el Extensionismo Ecológico es una reflexión científica del mundo natural. El extensionismo ecológico es similar a la clasificación de Eco-Holismo, que argumenta el valor intrínseco e inherente de las entidades ecológicas colectivas como los ecosistemas o el ambiente global como una entidad completa. Esta categoría incluye la hipótesis Gaia de James Lovelock, la teoría de que el planeta Tierra altera su estructura geo fisiológica en el tiempo para continuar con el equilibrio evolutivo de la materia orgánica e inorgánica. El planeta es una entidad total y holística, dotado de valor ético y donde la especie humana no tiene una significación particularmente especial en el largo plazo.

Etica de la Conservación
La teoría de la Conservación ética de Marshall sólo ve valor al ambiente en términos de utilidad para los humanos. Es lo opuesto de la ecología profunda, por lo tanto, se le conoce como Ecología Superficial (en contraste con la Profunda), y argumenta que el ambiente es éticamente considerable en virtud de su valor extrínseco, instrumental para el bienestar de los seres humanos. La conservación es un medio al servicio de un fin que considera solamente el ser humano y sus generaciones. Éste es el argumento ético a la base de las actuaciones gubernamentales, del protocolo de Kioto (1997) y de los acuerdos de Río de Janeiro de 1992.

La ética ambiental es la rama de la filosofía que considera especialmente las relaciones entre los hombres y el medio ambiente en el cual se desenvuelven y que se preocupa y ocupa especialmente de regular que las acciones de los seres humanos no atenten contra el desarrollo y la evolución de los ambientes naturales.

A mediados del siglo pasado, comenzó a denunciarse públicamente los daños que en el medio ambiente perpetraban tanto las industrias como los hombres con escasa conciencia respecto del respeto por el medio ambiente.
En tanto, esta creciente situación disparó la necesidad de la creación de un espacio específico que vele por el cuidado de nuestra naturaleza y que en caso contrario castigue a quienes no obran en este sentido.

Es decir, la ética ambiental propone una normativa moral que exige responsabilidad por parte de las empresas y de los hombres en cuanto al cuidado de nuestro entorno natural.
La propuesta fundamental de esta rama de la ética es procurar el bienestar entre la sociedad y la naturaleza para que los seres humanos podamos desarrollarnos en un ambiente natural cuidado.

En este sentido la ética ambiental profundiza y aborda temas como ser: las obligaciones que los individuos tienen con el medio ambiente y en orden a ello cómo deben ordenar sus acciones para no afectarla; también, la ética ambiental propone que el ser humano debe ser responsable de todo el planeta que habita por lo cual deberá actuar en función de cuidarlo a futuro para que sus acciones no afecten su presente inmediato pero tampoco a su prójimo.
En tanto, tal cuestión únicamente será plausible de lograr con el compromiso efectivo de los hombres.

Afortunadamente, en la actualidad y tras décadas de denuncia y de insistencia en la instalación de la problemática en los medios de comunicación masiva, el tema de la crisis medioambiental se ha convertido en un tema mundial y entonces, estados, individuos y organizaciones de defensa del ambiente, vienen proponiendo diversas soluciones y alternativas, aunque claro, la tarea de educación no es sencilla y como decíamos requiere de un compromiso concreto.
La ética ambiental, que pertenece a la filosofía, es un aspecto importante de la educación ambiental, cuyo fin es concientizar y sensibilizar a la sociedad para que su comportamiento genere formas nuevas de relación con el medio ambiente. El desarrollo del aspecto axiológico (de los valores) contribuye a construir una actitud de preservación, valoración del entorno y responsabilidad social como garantía para futuras generaciones. La conducta antisocial del ser humano respecto de su ecosistema y del medio ambiente en general, genera problemas ambientales que dan cuenta del grado de pertenencia e identidad de las comunidades. La actitud del hombre es la causante de los problemas ambientales, en relación estrecha con la crisis de valores de las sociedades contemporáneas, que no contemplan la necesidad de preservar un medio ambiente de calidad para el futuro. La educación ética pretende lograr una reflexión crítica de la relación del hombre con la naturaleza, acerca del manejo adecuado del entorno asumido como propio. Formar también individuos que reorientan la cultura científica al servicio del ser humano, con una perspectiva ética basada en los valores acerca de la utilización de la ciencia y la tecnología sobre la naturaleza. La ética ambiental se basa en la justicia social sin discriminación ni distinción de raza, casta, sexo, ideología, religión o nación. El hombre debe vivir en armonía con la naturaleza para actuar como guardián o cuidador del medio ambiente, de modo de lograr un futuro saludable ecológicamente para las generaciones venideras. La ética aplicada no sólo a normas y valores sino a toda interacción del ser humano con otros seres vivos, como la actitud de arrojar basura y desperdicios en las calles, en las playas o ríos que denota falta de responsabilidad social. La problemática de la contaminación y la ética ambiental fue instalada en los medios masivos de comunicación del mundo, al igual que el trabajo de los organismos de defensa del medio ambiente para lograr una conciencia colectiva y compromiso proteccionista en todo el planeta.

El concepto de sustentabilidad de una sociedad se refiere a la capacidad que le permite mantener en el tiempo las condiciones de un sistema sin degradarse. El género humano genera un “desarrollo sustentable” o una “sustentabilidad del desarrollo” cuando tiene la capacidad para desarrollar sistemas que satisfagan las necesidades actuales del hombre sin comprometer el desarrollo y los recursos de las generaciones futuras. Las tres dimensiones principales de un desarrollo sustentable son la social, la económica y la ambiental. La sustentabilidad pretende establecer una nueva relación con esas áreas, sin frenar sino promoviendo el progreso desde una perspectiva o configuración diferente, en relación a hacer sostenibles en espacio y tiempo los sistemas de desarrollo sin que se agoten los recursos. Dicho de otro modo, la sustentabilidad es una de las capacidades de la sociedad para utilizar a conciencia y responsablemente sus recursos, de modo tal que los hombres del futuro tengan las mismas oportunidades de acceso a ellos. La sustentabilidad es considerada una habilidad por la cual se logra prosperidad económica no sólo para el tiempo presente sino también para el futuro, protegiendo a su vez la naturaleza y el planeta para proveer al ser humano de una buena calidad de vida. El avance de la ciencia y la tecnología juega un rol fundamental en el auge del concepto de sustentabilidad, al igual que la responsabilidad social de las empresas que coexisten en nuestra sociedad. Para comprender la verdadera dimensión del tema, nuestros empresarios deben hacerse una pregunta básica para continuar con la actitud, costumbre o comportamiento del presente, y es en relación al acceso que les gustaría que tengan sus nietos, hijos y generaciones futuras a la misma calidad de vida y posibilidades de acceso a los recursos naturales que hoy disfrutamos. La sustentabilidad está ligada a la conducta del hombre, pero la ecología se enfoca en los cuidados al planeta. Recursos como el agua, los árboles, el petróleo, la energía, los alimentos se ven claramente en peligro si reflexionamos sobre las señales de alarma, una de las cuales es el cambio climático. Pensar en forma sustentable es una oportunidad para mejorar técnicas de producción, de construcción, medios de transporte, y reutilizar gracias a la tecnología, recursos inagotables como el viento y el sol. La sustentabilidad debe ser global, y el equilibrio de la acción del individuo debe darse en todos los campos.

El medio ambiente es el entorno que nos rodea, que afecta y condiciona las circunstancias de vida de un sujeto o de una sociedad. Es el conjunto de los componentes biológicos, físico-químicos, sociales y culturales que existen en determinado lugar, influyendo en la vida de los seres humanos, comprendiendo no sólo el espacio sino el suelo, el aire, el clima, el agua y sus relaciones entre sí. Por su etimología, la palabra medio es proveniente del latín medium, o género neutro y ambiente es procedente de ambiens, que significa “estar a ambos lados”. El espacio donde interactúan y se desarrollan los seres vivos (factores bióticos) es el medio ambiente, sistema que está conformado no sólo por seres vivos sino también por factores abióticos (suelo, clima, agua) que incluyen elementos artificiales como la urbanización y toda obra realizada por el hombre a través de la construcción, el folklore y las costumbres del lugar. El desarrollo de las civilizaciones, el crecimiento demográfico y los avances de la ciencia y tecnología, permitieron un avance del hombre sobre la naturaleza que impactó nocivamente sobre el medio ambiente. A partir de la revolución industrial comienza una era en la que mayores modificaciones se realizan en forma creciente sobre el medio ambiente, generando contaminación ambiental. La explotación minera y de recursos fósiles, la tala indiscriminada de bosques, El agotamiento de los recursos naturales, la destrucción del equilibrio ambiental, afectan gravemente no sólo la sustentabilidad sino la calidad de vida de las futuras generaciones. La contaminación ambiental puede tener orígenes tanto domésticos, en el seno de la familia, como industriales a partir de los desechos tóxicos, con efectos perjudiciales para la salud y seguridad no solamente del hombre sino del resto de los seres vivos. Sinónimos de medio ambiente entorno, ámbito, medio, hábitat, medioambiente

Medio ambiente – Teoría del donut

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y este es el estado de la humanidad en una sola imagen. Es el “Donut” o gráfico de anillos de los límites sociales y planetarios, y podría convertirse en la brújula que necesitamos para crear un siglo XXI más justo y seguro.

Kate

Kate Raworth es la autora de Economía Donut: Siete formas de pensar como un economista del siglo XXI. y una economista  centrada en explorar la mentalidad económica necesaria para abordar los desafíos sociales y ecológicos del siglo XXI, y es la creadora de la Dona de las fronteras sociales y planetarias.

Ella es una Asociada Senior de Investigación Visitante en el Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford, donde enseña sobre el Máster en Gestión y Cambio Ambiental. También es Asociada Senior en el Instituto de Cambridge para el Liderazgo en Sustentabilidad.

donut

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El agujero en el centro del Donut revela la proporción de personas en el mundo que no cuentan con los recursos esenciales para la vida, como alimentos, agua, atención de la salud y libertad de expresión. Una gran parte del desafío de la humanidad es sacar a todos de ese agujero. Al mismo tiempo, sin embargo, no podemos permitirnos superar la corteza externa del Donut si queremos salvaguardar los sistemas vitales de la Tierra, como un clima estable, océanos saludables y una capa protectora de ozono, de los que depende fundamentalmente todo nuestro bienestar.

Espacio justo y seguro
Si entrar en el espacio justo y seguro para la humanidad del Donut entre estos límites sociales y planetarios es la meta de la humanidad del siglo XXI, tenemos, sin lugar a dudas, un arduo trabajo por delante. Muchos millones de personas todavía carecen de lo esencial para vivir; las azota el hambres, son analfabetos, y sufren de inseguridad y falta de libertad de expresión. Al mismo tiempo, la presión que ejerce toda la humanidad en el planeta ya ha sobrepasado al menos cuatro límites planetarios: el cambio climático, la conversión del uso de la tierra, el uso de fertilizantes y la pérdida de biodiversidad.

En otras palabras, la economía mundial de hoy en día causa grandes divisiones, con desigualdades extremas; y también destruye el mundo viviente del que todo depende.

¿Qué pensamiento económico puede darnos al menos la mitad de las posibilidades de revertir esta situación? Esta es la pregunta central de mi libro Economía Donut: Siete formas de pensar como un economista del siglo XXI, y aquí me concentraré en solo una de las siete maneras posibles: una revolución en el pensamiento económico sobre la desigualdad.

Progreso para todos
La desigualdad parece haberse convertido en el tema de nuestro tiempo, aunque hace apenas una década fue amablemente excluida de la agenda. Gracias a los últimos 10 años de análisis, que incluyen El nivel del espíritu, de Wilkinson y Pickett, los cálculos del millonario anual de Oxfam y El capital en el siglo XXI de Piketty, combinados con el extraordinario auge del 1%, la promesa de abordar la desigualdad ahora aparece muy alta en la lista de todos los políticos. Todos los días se nos ofrece «crecimiento inclusivo» y «una economía que funciona para todos». Pero, ¿qué tipo de mentalidad económica puede ayudar a lograr estas metas?

Ciertamente, no el pensamiento del siglo XX sobre la desigualdad, que fue regido por una engañosa ley económica de movilidad. Y el creador accidental de la ley, Simon Kuznets, sería el primero en desacreditar la narrativa política que se ha construido con el respaldo de sus teorías, utilizadas para justificar la economía del chorreo y la política de austeridad desde entonces.

En 1955, Kuznets reunió datos históricos dispersos sobre la distribución del ingreso en Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania, y creyó ver un patrón: a medida que las economías crecen, el ingreso se concentra al principio y luego se revierte la tendencia. El trazo en una página se asemejaba a una U invertida.

La Curva de Kuznets sugiere que a medida que los países se enriquecen, la desigualdad crece y, con el desarrollo posterior, vuelve a ser igualitario y dicha desigualdad se nivela.
Kuznets fue el primero en reconocer que este hallazgo iba en contra de su intuición: dada la dinámica de la acumulación de capital, esperaba que los ricos se volvieran más ricos, no que los pobres se nivelaran. Por lo tanto, ofreció una explicación tentativa basada en el proceso de la migración de la población de rural a urbana, una hipótesis para la cual más tarde admitió que no tenía «ninguna evidencia». Incluso admitió abiertamente que su conclusión se basaba en «un 5 por ciento de información empírica y un 95 por ciento de especulaciones, algunas de ellas posiblemente contaminadas por ilusiones», añadiendo más tarde que no debería utilizarse para hacer «generalizaciones dogmáticas injustificadas».

Suficiente de especulaciones de Kuznets. El mensaje subyacente, que la creciente desigualdad es una etapa inevitable en el camino hacia el éxito económico para todos, era una historia demasiado buena como para ponerla en duda, y la Curva de Kuznets se enseñó a los estudiantes durante los siguientes 50 años. Es importante porque transmite un poderoso mensaje sin palabras: si quiere el progreso, la desigualdad es inevitable. Tiene que empeorar antes de mejorar y el crecimiento (eventualmente) lo logrará.

Entonces, ¿qué nuevo paradigma puede reemplazar este mito anticuado y el grafiti intelectual que lo acompaña? La mejor manera de desplazar una vieja imagen es crear una nueva, así que empecemos con una imagen del siglo XXI apta para abordar la desigualdad: una red de flujos.

flujos

Distributiva por diseño
Para transformar las economías divisivas de hoy en día, necesitamos crear economías que sean distributivas por diseño, que compartan el valor de manera mucho más equitativa entre todos aquellos que ayudan a generarlo. Y gracias a la aparición de las tecnologías de red, especialmente las comunicaciones digitales y la generación de energía renovable, tenemos muchas más posibilidades de hacer que esto suceda que las generaciones anteriores.

A medida que lo hacemos, también debemos profundizar la ambición del plan de redistribución. En el siglo XX, las políticas de redistribución se centraron principalmente en la redistribución de los ingresos, con el aumento de los impuestos y las transferencias, y la aplicación de los salarios mínimos; además de las inversiones en los servicios públicos clave, como la salud y la educación. Todos son esenciales, pero aún no llegan a la raíz de las desigualdades económicas porque se centran en el ingreso, no en las fuentes de riqueza que lo generan.

En lugar de centrarse principalmente en los ingresos, los economistas del siglo XXI deberán encontrar la forma de redistribuir también las fuentes de riqueza, en especial la riqueza que surge del control de la tierra y los recursos

En lugar de centrarse principalmente en los ingresos, los economistas del siglo XXI deberán encontrar la forma de redistribuir también las fuentes de riqueza, en especial la riqueza que surge del control de la tierra y los recursos, del control de la creación de dinero, y de la propiedad de las empresas, la tecnología y el conocimiento. En lugar de dirigirse únicamente al mercado y al estado para encontrar soluciones, deberán aprovechar el poder de los bienes comunes para que esto suceda. Estas son algunas de las preguntas que los economistas del siglo XXI ya abordan para ayudar a crear una economía con diseño distributivo:

Tierra y recursos: ¿cómo se puede distribuir de manera más equitativa el valor natural de la Tierra? ¿Mediante una reforma agraria, impuestos sobre el valor de la tierra, la recuperación de la tierra como un bien común? ¿Y cómo podría la comprensión de que la atmósfera y los océanos de nuestro planeta son bienes comunes mundiales distribuir mejor los beneficios globales para su uso sostenible?

Creación de dinero: ¿por qué otorgarle a los bancos comerciales el derecho de crear dinero a través de los intereses generados por las deudas y permitir que utilicen la renta que estos producen? El dinero podría alternativamente ser creado por el estado o incluso por las comunidades como monedas alternativas: es tiempo de crear un ecosistema monetario que pueda cumplir con este potencial de distribución.

Empresas: ¿qué modelos de negocios, tales como cooperativas y empresas propiedad de los empleados, pueden garantizar mejor que los trabajadores comprometidos, en lugar de los accionistas volátiles, obtengan una participación mucho más grande del valor que ayudan a generar?

Conocimiento: ¿cómo puede liberarse internacionalmente el potencial de los bienes comunes creativos a través de hardware y software de fuentes abiertas gratuitas, y el auge de las licencias de los bienes comunes creativos?

Tecnología: ¿quién será el propietario de los robots, y por qué debería ser así? Considerando que gran parte de la investigación básica de la automatización y la digitalización se ha hecho con fondos públicos, ¿no debería una parte de la recompensa volver al bolsillo del público?

Si nos hiciéramos cargo de estas preguntas sobre diseño distributivo, nos daríamos una oportunidad mucho mayor de abordar la desigualdad, y de prosperar en el espacio seguro y justo del Donut de este siglo. Y este es, nada más ni nada menos, el desafío de nuestra generación.graf1

AMÉRICA LATINA ENTRE SOMBRAS Y LUCES.

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Descubrir los recovecos de la economía puede ser más entretenido que leer una buena novela, si se utiliza una luz tan potente como la de este libro. El autor utiliza un estilo elegante, sencillo y muy ameno, para describir el sendero por el cual debería caminar América Latina para alcanzar el desarrollo. El libro podría ser comparado con una buena novela, en la cual la trama se va urdiendo alrededor de un trípode formado por tres columnas: el crecimiento medido en términos del bienestar humano; la estabilidad financiera lograda en el equilibrio social; y la equidad económica generada por la productividad, honestidad y alegría de nuestra gente.

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Descubrir los recovecos de la economía puede ser más entretenido que leer una buena novela, si se utiliza una luz tan potente como la de este libro. El autor utiliza un estilo elegante, sencillo y muy ameno, para describir el sendero por el cual debería caminar América Latina para alcanzar el desarrollo. El libro podría ser comparado con una buena novela, en la cual la trama se va urdiendo alrededor de un trípode formado por tres columnas: el crecimiento medido en términos del bienestar humano; la estabilidad financiera lograda en el equilibrio social; y la equidad económica generada por la productividad, honestidad y alegría de nuestra gente.

León XIII – Encíclica Rerum Novarum

Rerun novarum

Rerum novarum (latín: «De las cosas nuevas» o «De los cambios políticos») es la primera encíclica social de la Iglesia católica. Fue promulgada por el papa Leon XIII el viernes 15 de mayo de 1891. Fue una carta abierta dirigida a todos los obispos y catedráticos, que versaba sobre las condiciones de las clases trabajadoras.

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En ella, el papa dejaba patente su apoyo al derecho laboral de «formar uniones o sindicatos», pero también se reafirmaba en su apoyo al derecho de la propiedad privada. Además discutía sobre las relaciones entre el gobierno, las empresas, los trabajadores y la Iglesia, proponiendo una organización socioeconómica que más tarde se llamaría distributismo.

Rerum novarum

Aun cuando se ha debatido sobre sus posiciones o declaraciones particulares, es claro que este trabajo fue notable como resumen de muchos asuntos planteados por la Revolución Industrial, por el creciente problema obrero y las sociedades democráticas modernas. Con esta encíclica la Iglesia pretendió, entre otras cosas, paralizar la «descristianización» de las masas trabajadoras, en un período en el cual la credibilidad de la Iglesia se veía disminuida debido a que los sectores populares de la cristiandad e incluso del clero, se inclinaban por las ideas revolucionarias o que las soluciones vendrían de las acciones conjuntas de la Iglesia, del estado, el patrón y los trabajadores. Precisó los principios para buscar la justicia social en la economía y la industria. Se acepta generalmente que la encíclica Rerum Novarum es la carta de fundación de la democracia cristiana y una pieza clave de la doctrina social de la Iglesia.

Amartya Sen y las mil caras de la pobreza

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¿Qué es la pobreza? ¿Cómo se mide? ¿Quiénes son pobres? ¿Por qué? Amartya Sen, premio Nobel de Economía, ha dedicado su vida a estudiar cuestiones tan fundamentales para el desarrollo.

Definir y medir la pobreza y calcular el porcentaje de pobres de un país o de una región, no son sólo cuestión de números y promedios. En 1998, la Real Academia de Ciencias de Suecia premió al profesor Amartya Sen con el Nobel de Economía “por haber devuelto una dimensión ética al debate sobre problemas económicos vitales”. Sen se había adentrado más allá de la teoría matemática para aplicar a la economía una visión social innovadora, más real y humana. El trabajo tenaz de muchos años le había ayudado a descubrir las múltiples dimensiones de la pobreza.

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De acuerdo con Sen, la pobreza es un mundo complejo y complicado que requiere un análisis claro para descubrir todas sus dimensiones. “Los seres humanos somos fundamentalmente diversos”, afirmaba recientemente el profesor en su intervención dentro de las actividades de la Red para la Reducción de la Pobreza de la que forma parte el Banco Interamericano de Desarrollo. “No se puede trazar una línea de pobreza y aplicarla a rajatabla a todo el mundo por igual, sin tener en cuenta las características y circunstancias personales”.

Existen factores geográficos, biológicos y sociales que multiplican o disminuyen el impacto de los ingresos en cada individuo. Entre los más desfavorecidos hay elementos generalmente ausentes, como educación, acceso a la tierra, salud y longevidad, justicia, apoyo familiar y comunitario, créditos y otros recursos productivos, voz en las instituciones y acceso a las oportunidades.

Ser pobre, según Sen, no significa vivir por debajo de una línea imaginaria de pobreza, por ejemplo, un ingreso de $2 por día o menos. Ser pobre es tener un nivel de ingresos insuficiente para poder desarrollar determinadas funciones básicas, tomando en cuenta las circunstancias y requerimientos sociales del entorno, esto sin olvidar la interconexión de muchos factores.

Para buscar ejemplos, Sen visita una y otra vez al mundo de la mujer que, junto con las hambrunas y las libertades, ha sido su trabajo pionero dentro de la economía del desarrollo de los más pobres. Una mujer con más educación, explica, suele tener un trabajo mejor remunerado, mayor control sobre su fertilidad y mejor índice de salud para ella y sus hijos. Sen ha predicado desde hace muchos años que la imagen de la mujer como heroina relegada al sacrificio del hogar y la familia no la ha beneficiado en absoluto.

“Hay grandes disparidades en el nivel de libertades que hombres y mujeres disfrutan en distintas sociedades”, según Sen. “Además de la disparidad (entre los dos sexos) en el nivel de ingresos o recursos, existen otras esferas de diferencias como la división de las tareas en el hogar, el nivel de educación recibida o el nivel de libertades que disfrutan los diferentes miembros de una misma familia”. La manera en que un individuo debe presentarse y es aceptado en la sociedad —el vestido, la apariencia— limita y condiciona sus opciones económicas, un fenómeno que Sen califica como “vergüenza social”.

Más que medir la pobreza por el nivel de ingresos que se perciben, Sen recomienda calcular lo que ese individuo puede lograr hacer con esos ingresos para desarrollarse, teniendo en cuenta que esos logros varían de un individuo a otro, de un lugar a otro.

No tendría explicación, de otra manera, la existencia de bolsas de pobreza en los países ricos entre gente de ingresos medios. Sin embargo, en los barrios marginados de EE UU, el bajo nivel de educación, los servicios precarios de salud, la falta de asistencia de servicios sociales y la amenaza del crimen violento, hacen que la calidad de vida (medida en longevidad, mortalidad infantil, salud, educación, seguridad) de personas de ingresos aceptables viviendo en una sociedad rica sea comparable, e incluso inferior, a la de muchos pobres del resto del mundo.

Sen nació en el estado hindú de Bengala Occidental. Su país y China le han servido de laboratorio para estudiar la economía de desarrollo. Hoy es profesor de la Universidad de Harvard y profesor del Trinity College de la Universidad de Cambridge. De su larga experiencia en las áreas de desarrollo y reducción de pobreza ha extraido un amplio repertorio de teorías y enseñanzas que cree aplicables a la región de América Latina y el Caribe.

“El análisis de la pobreza debe estar enfocado en las posibilidades que tiene un individuo de funcionar, más que en los resultados que obtiene de ese funcionamiento,” asegura Sen.

Otro de los logros de Amartya Sen fue dulcificar el impacto del desarrollo. Sen borró de un plumazo el camino regado de sangre, sudor y lágrimas que se le proponía a la masa pobre de los países subdesarrollados para alcanzar el progreso. La vieja teoría del sacrificio, según Sen, ha cedido su lugar a la del éxito individual, que Sen suscribe siempre que exista una trama de apoyo social y una auténtica democracia. Ésta es la explicación que Sen aplica a la grave crisis financiera y social del Sureste Asiático de 1998, una región donde el esfuerzo se había centrado en la producción y el éxito individual, pero donde faltaba una red de apoyo social y las libertades propias de una democracia.

Sen cree que la desigualdad es un problema con múltiples facetas, como la pobreza. Y a lo largo de una conversación tan cargada de tintes sociales, salió a relucir, inevitablemente, la globalización. Las protestas en contra de este fenómeno, asegura Sen, han inyectado vigor a un debate muy necesario sobre sus consecuencias. “La globalización no se puede rechazar de plano ni aceptar sin serias críticas”, comentó, “Hay que preguntarse en qué proporción está beneficiando al mundo. Porque si la ecuación es 90 por ciento para los ricos y 10 por ciento para los pobres es una cosa, si la relación es 70–30 ó 60–40 es otra muy diferente.”

La misión

La mision

Por Fernando Sánchez Marcos (Catedrático de Historia Moderna de la UB y Codirector del Máster Cultura Històrica i Comunicació). Texto aparecido en Film-Historia, 1993, vol. 3, no. 3, pp. 417-424.

 

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El notable experimento misional y social de las reducciones jesuíticas del Paraguay contaba ya con una extensa historiografía narrativa e interpretativa. También con algunas aproximaciones literarias: así una novela de José Tomás Cabot y el drama del austriaco Fritz Hochwaelder, representado con éxito en varias capitales europeas en el decenio de los 50. Desde 1986, hay que añadir The Mission, la Película de Roland Joffé que comentaremos seguidamente.

La Misión alcanzó un gran éxito de crítica y de público, cuando se estrenó, obteniendo la Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese año. No en vano venía avalada por nombres prestigiosos. Su director, Roland Joffé, británico de ascendencia francesa, había realizado antes una impresionante película de denuncia sobre el genocidio de Camboya, The Killing Fields (Los gritos del silencio, 1984). El guionista de La Misión Robert Bolt tenía en su haber, entre otros trabajos excelentes, el de A Man for All Seasons (Un hombre para la eternidad, 1966, dir. Fred Zinnemann). El nombre de David Puttnam, el productor, está ligado a Chariots of fire (Carros de fuego,1982, dir. Hugh Hudson), otra gran película, por su belleza y valores humanos. Ennio Morricone, a quien se debe la música, era ya bien conocido; así como la talla de actor de Robert de Niro, que encarna a uno de los principales protagonistas.

El éxito de La Misión se explica por varias razones. Sin duda, la grandiosidad y belleza de su escenario: especialmente las cataratas del Iguazú y las selvas tropicales circundantes, en la zona limítrofe entre Paraguay, Brasil (estado federal de Paraná) y Argentina (estado de Misiones). También por la intensidad dramática y expresiva de sus imágenes, que tienen el ritmo, la espectacularidad y el poder de captación de una película de aventuras. Y por último, pero no menos importante, la importancia y la calidad de la problemática que plantea: el encuentro entre dos culturas y las implicaciones de la fe cristiana en el compromiso temporal. Dos grandes cuestiones que trascienden el marco histórico concreto al que se refiere la acción principal de la película: las misiones o reducciones jesuíticas del Paraguay en el año 1750, durante el reinado de Fernando VI de España. El hecho de que la esposa de éste, Bárbara de Braganza, fuera portuguesa tendría, como veremos, su repercusión en la problemática presentada en el film.

Desde el punto de vista de la estructura formal, el film, tras una impresionante escena introductoria, se desarrolla en dos planos de temporalidad que se van alternando: uno, menos espectacular y más breve, pero capital para la interpretación, es el del relato y reflexiones sobre unos acontecimientos transcurridos unos años antes. Es el plano temporal del informe del alto dignatario eclesiástico al que se le ha enviado para que contribuya a resolver el conflicto religioso-político o político-religioso planteado. El otro plano, introducido en flash-back, que ocupa la mayoría del film, es el del desarrollo, en diferentes escenarios y desde una perspectiva a la vez biográfico-personal y colectiva, de la acción rememorada.

La acción se sitúa básicamente en dos escenarios: los poblados guaraníes de las reducciones o misiones jesuíticas de San Miguel («la antigua y gran misión») y San Carlos (la nueva, arriba de las cataratas). Estas misiones serán visitadas por el dignatario eclesiástico y constituyen el escenario principal, en realidad, como ya indica el título. El otro escenario, grosso modo, estaría constituido por la capital de provincia colonial, culturalmente mestiza (que podría ser Asunción), donde residen las autoridades españolas.

A los mencionados escenarios se vinculan las dos principales dramatis personae del film, además del que relata a posteriori. Porque la acción de la película, y ésta es una de sus bazas, se polariza en la contraposición y/o complementariedad de dos personajes que encarnan dos actitudes hacia los indios y dos tipos humanos. Uno de ellos, más lineal y sereno es el padre Gabriel (encarnado por Jeremy Irons), el fundador y superior de la nueva misión de San Carlos. En su servicio humano y evangelizador a los guaraníes el P. Gabriel no empuña la espada en ningún momento, ni siquiera para responder a la violencia. El otro gran personaje, más apasionado y conflictivo, encarnado por Robert de Niro, es el aguerrido capitán Rodrigo de Mendoza. Mendoza, primero capturador y traficante de indios, tras un drama personal, cambia de actitud, se hace jesuita y, finalmente, vuelve a acudir a la espada, esta vez en defensa de los guaraníes.

The Mission no es, como Cromwell (1971, dir. Ken Hughes) o La Prise du Pouvoir par Louis XIV (1966, dir. Roberto Rossellini), un film de gran rigor histórico, en el sentido de que toda la acción narrada y sus personajes hayan existido tel quel en la realidad. Tampoco una película que tome pretexto simplemente de un personaje acción histórica para construir con gran libertad un relato en bellas y expresivas imágenes, como Aguirre, la cólera de Dios (1982, dir. Werner Herzog). La Misión se sitúa, en ese sentido, en un término medio y tiene un notable trasfondo histórico aunque con licencias importantes de localización de escenarios, de transmutación de personajes y de condensación o cierto desplazamiento cronológico de la acción. Por ejemplo, las imágenes de la presunta Asunción (la capital colonial del interior) se rodaron en realidad en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Y es bastante dudoso que existiera una misión al menos de cierta entidad en un lugar tan difícilmente accesible como las cataratas de Iguazú. Tampoco acaba de cuadrar el alto dignatario eclesiástico que vemos en el film con los datos conocidos de Lope Altamirano, jesuita Comisario especial para su visita, ni con los del obispo Latorre. Pero en líneas generales The Mission puede considerarse un film histórico en varios sentidos.

Por una parte, porque, en una consideración más amplia, nos aproxima, a través de una reconstrucción fílmica relativamente fidedigna, a algunos modos de encuentro -que se dieron de hecho-entre los españoles y los indios del actual Paraguay y a diversas realidades sociopolíticas de entidad en los territorios que formaban parte del territorio de Río de la Plata (virreinato aparte desde 1777). Quedan reflejados así algunos rasgos de la vida en la sociedad colonial culturalmente mestiza. Me refiero a las escenas, más bien de principios del film, que transcurren en la pequeña ciudad: las fiestas populares y religiosas sincréticas; las vaquillas; el sentido calderoniano del honor del capitán Mendoza cuando sufre la «afrenta» sentimental; y -más nuclear para el relato-la existencia de una situación práctica de captura y utilización de indígenas para el trabajo en las plantaciones o haciendas, y también de negros o mestizos en el servicio doméstico. Una situación tolerada, al menos, por las autoridades coloniales españolas, pese a las leyes contrarias a la esclavitud.

Ante todo, la película nos introduce en el conocimiento visual de lo que fue esa peculiar experiencia misional y sociológica de las reducciones del Paraguay. Estas reducciones o misiones del Paraguay, centros de población guaraní dirigidos por la Compañía de Jesús, habían sido fundadas, por concesión de Felipe III, a principios del siglo XVII y, en su momento de máximo esplendor y desarrollo, en la primera mitad del XVIII, llegaron a abarcar unos 300.000 indígenas en 30 poblados (centrados en torno a las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay). Debido a su importancia, y a su escasa o nula dependencia de las autoridades políticas virreinales, algunos coetáneos hablaron del «imperio jesuítico del Paraguay». En realidad habría que precisar, por una parte, que las reducciones no fueron un sistema sociopoblacional y misional utilizado únicamente por los jesuitas y, además, que éstos tuvieron otras misiones, de sistema análogo, en diferentes zonas de América del Sur (las de los indios mojos y chiquitos, por ejemplo) y en América del Norte, incluso en California, aunque no tan afamadas como las franciscanas de fray Junípero Serra.

Si las reducciones del Paraguay han sido las más célebres ello se debió, en parte, a su prosperidad cultural y económica; y también a que su triste final conmovió a Europa y su destino quedó ligado a la polémica histórica (y después historiográfica) sobre la expulsión de los jesuitas de un gran número de países europeos.

En la película, entre lo que vemos y lo que se nos dice, nos hacemos una idea, algo apologética, sin duda, pero en líneas generales razonablemente fidedigna, de esa peculiar experiencia humana de las reducciones. Así, de la organización comunal del trabajo, y en buena medida de la propiedad; del modo de evangelización de los jesuitas, basado en el aprecio de muchos -no todos-los rasgos de la cultura guaraní, como su lengua o su afición y aptitud para la música. De hecho la música, y la flauta más en concreto, es una de las claves simbólicas de la película. El componente de radicalismo social, su envidiada prosperidad (basada en buena parte en el cultivo de la hierba mate, una especie de té) y la concentración de los indios que escapaban a la esclavitud, unida a las tensiones derivadas del regalismo borbónico, hicieron que estas reducciones estuvieran bajo sospecha doble o triple: de los colonos o pobladores de los territorios españoles y portugueses limítrofes, de las autoridades políticas virreinales y de algunas autoridades eclesiásticas: todo ello queda reflejado en el film.

También fue una realidad la «guerra guaranítica», condensada en la película en las secuencias finales en las que aparece la lucha de los indios y algunos jesuitas por defender la misión de San Carlos frente a los ejércitos hispano-portugueses. Precisemos un poco sobre ello, pues es un tema crucial.

El deseo de españoles y portugueses de resolver de mutuo acuerdo sus diferencias fronterizas en Sudamérica llevó en 1750 a la firma en Madrid del discutido tratado de Límites o de Permuta, entre los gobiernos de España y Portugal, para reemplazar la obsoleta demarcación establecida por el acuerdo de Tordesillas de 1494. Carlos III, considerando excesivamente favorable a los portugueses el tratado de Límites, lo revocaría nada más iniciar su reinado, aunque demasiado tarde para las misiones guaraníticas en cuestión.

Según las estipulaciones de este tratado, España, a cambio de recibir la colonia del Sacramento (un asentamiento portugués asomado al Río de la Plata, frente a Buenos Aires) reconocería un desplazamiento de la frontera de Paraguay hacia el oeste y, concretamente, se comprometía a entregar a los portugueses los territorios entre los ríos Uruguay e Ibicuy. Allí se encontraban siete misiones jesuíticas. Entre ellas la de San Miguel que aparece en la película, pero no una presunta misión de San Carlos en el Iguazú. Para los indios, que habían de dejar sus tierras, se preveían magras indemnizaciones.

La aplicación del tratado de Límites fue enormemente conflictiva y se produjo la resistencia indígena a abandonar las reducciones. En la valoración de la actitud real de los jesuitas en el conflicto se muestran cautos y algo discrepantes los historiadores especializados. En términos generales, los jesuitas, aunque trataron de proteger a los indios y fueron solidarios psicológicamente con ellos, no parece que hicieran resistencia física, ni que hubieran alentado a los indios a la lucha armada. Entre otras razones, para no enconar la actitud de los gobiernos de España y Portugal respecto a la orden, muy discutida ya en ese momento. De modo que la actitud de alentamiento al combate militar e incluso la participación en él, que vemos en la película encarnada en Mendoza y algún otro compañero, si se dio, no fue la actitud general. Los jesuitas, después del Padre Mariana y del regicidio de Enrique IV de Francia a comienzos del XVII, habían moderado su actitud sobre la legitimidad de la violencia en casos extremos. De hecho en la pesquisa o investigación llevada a cabo por el obispo La Torre, de Paraguay, en 1758, se exoneraba de responsabilidad a los jesuitas en ese sentido. Es quizás en esta investigación y visita en la que se inspira el personaje del alto dignatario eclesiástico que aparece en el film, mezclando datos del Comisario general Lope Altamirano.

Pero más allá de la mayor o menor fidelidad a unos hechos concretos, bastante difíciles de establecer con exactitud, por otra parte, la película se plantea cuestiones de enorme fuerza vital e importancia. Nos interpela sobre las relaciones interétnicas, sobre el balance de la colonización y sobre el duro precio de la aportación cultural europea. Sobre todo tiene una problemática nuclear religioso-política. El gran tema de La Misión es las implicaciones del compromiso cristiano en la construcción de un orden temporal justo: las relaciones entre amor cristiano, sociedad política y lucha por la justicia, con especial referencia a la actitud de los sacerdotes misioneros ante esta pregunta: ¿Cómo ha de traducirse la fe en liberación y promoción humana?

Con la perspectiva del tiempo transcurrido, el balance de experimento de las reducciones (con sus aciertos, con las limitaciones de esa teocracia socialista con una fuerte dosis de paternalismo) está muy ligado a opciones muy de fondo sobre el ideal político-ético. No es extraño que las reducciones hayan despertado la simpatía de los comunistas y socialistas y la de los cristianos, especialmente por su dinamismo misionero. Tampoco que hayan encontrado serias reticencias entre los liberales, especialmente los laicistas. The Mission está enfocada desde una perspectiva indudable de simpatía por los logros de las reducciones y hay que relacionarla, sin duda, con el debate teológico-cultural en torno a la liberación cristiana. De hecho hay, al final del film, una referencia explícita y un homenaje final, a la continuidad hoy de ese servicio, “por fe y amor”, de muchos sacerdotes a los indígenas de Sudamérica y a su compromiso en la defensa de la cultura y las tierras de los indios. Pero La Misión no es una apología o, al menos, pienso que no hay que interpretarla necesariamente, como una apología del compromiso político revolucionario a partir del cristianismo: su final es suficientemente abierto y ambiguo. Es clave, en ese sentido, la conversación del padre Gabriel con Mendoza, cuando le exhorta a éste a servir a los indios y a la causa de la civilización del amor sin sangre en las manos.

Incluso más allá de esta problemática específica, la película de Roland Joffé tiene una intención interpoladora sobre los modos de compromiso en favor de los derechos humanos y constituye una llamada a la responsabilidad histórica y a la solidaridad entre los hombres. Hay unas magníficas frases finales del eclesiástico que escribe el relato, ante la pretensión justificadora de la masacre que le ofrecen los gobernantes: «El mundo no es así; nosotros lo hemos hecho así, yo lo he hecho así». No todo es necesidad, existe la libertad moral. A partir de ahí se abre una esperanza, poco ingenua, desde luego, pero real, de que el compromiso cristiano tenga una mayor eficacia transformadora de las relaciones entre los hombres y de que éstas puedan seguir otras pautas que las del dominio y la ley del más fuerte.

En esos tiempos en que podemos fácilmente propender a sestear en la comodidad del consumismo y de la insolidaridad, películas como La Misión nos zarandean sanamente, además de aproximarnos con fuerza y belleza a la aventura y desventura de las reducciones jesuíticas del Paraguay.

Ficha técnico-artística

Título original: The Mission. Producción: Goldcrest, Kingsmere Prod./Enigma (Gran Bretaña -USA,1986). Productores: David Puttnan & Fernando Ghia. Director: Roland Joffé. Argumento y guión: Robert Bolt. Fotografía: Chris Menges. Música: Ennio Morricone, interpretada por la London Philharmonic Orchestra. Diseño de producción: Stuard Craig. Diseño de vestuario: Enrico Sabbatini. Decorados: Norma Dorne, Francesco Bronzi, George Richardson, John King. Montaje: Jim Clark. Intérpretes: Robert de Niro (Rodrigo de Mendoza), Jeremy Irons (Padre Gabriel), Aidan Quinn (Felipe de Mendoza), Cherie Chunghi (Carlota), Ray McAnally (Cardenal Altamirano), Ronald Pickup (Hontar); Asunción Ontiveros (Jefe indio), Liam Neeson (Fielding), Chuck Low (Don Cabeza), Bercelio Moya (Muchacho indio), Sigifredo Ismare (Hechicero), Daniel Berrigan (Sebastián), Rolf Daly (Noble), Luis Carlos González (Niño cantor), Harlan Venner (Secretario), Monirak Sisowath (Ibaye), Alvaro Guerrero (Jesuita), Tony Lawn (Padre Provincial), Rolf Gray (Joven jesuita), María Teresa Ripoll (Sirvienta), Silvestre Chiripua (Indio), Carlos Duplat (Embajador Portugués), Jacques des Grottes y Alberto Borja (sacerdotes). Color. 125 min.

Danton – Película

Danton

Danton es una película franco-polaca de Andrzej Wajda, de 1983, protagonizada por Gérard Depardieu como Georges-Jacques Danton. Es una reinterpretación de la obra teatral El caso Danton, de Stanisława Przybyszewska.

La acción se sitúa en París, en la primavera de 1794. Desde septiembre del año anterior, Francia vive bajo el primer régimen de Terror, en el que la facción moderada, los girondinos, sufren la represión jacobina: sus principales líderes son llevados a la guillotina.

El diputado jacobino Danton ha abandonado su retiro en Arcis-sur-Aube y ha regresado a París para defender la paz y la suspensión del Terror. Apoyándose en su popularidad entre las masas parisinas, el respaldo de la Convención Nacional y de varios amigos con influencia en la opinión pública (sobre todo el periodista Camille Desmoulins), desafía a Robespierre y al poderoso Comité de Salvación Pública que éste dirige.

Danton, presentado como un bon vivant, está implicado en diversos casos de corrupción, entre ellos los de la Compañía de las Indias, pero Robespierre rechaza en principio acusarlo, por temor a la reacción de las clases populares movilizadas durante la Revolución. La ruptura entre Robespierre y Danton se consuma durante una cena a solas, celebrada a petición del primero, en la que se visualizan las discrepancias políticas y la diferencia de caracteres de los dos grandes líderes de la Revolución. Tras su abrupta terminación, el Comité de Salvación Pública, a iniciativa de Robespierre, arresta a Danton y a sus partidarios.

Durante el simulacro de proceso que sigue al arresto de Danton, éste emplea su legendaria elocuencia para defender al grupo de acusados y poner contra las cuerdas al Tribunal Revolucionario, representado por el fiscal público Fouquier Tinville. Sin testigos, sin opción de defenderse ni posibilidad de expresarsee durante un mínimo tiempo, los dantonistas se dirigen a las masas que asisten al proceso («¡Pueblo de Francia…!») e intentan implicarlas en su defensa. El Tribunal se sirve entonces de un decreto de la Convención Nacional para excluir a los acusados del debate. El grupo es encarcelado, Desmoulins rechaza la visita de Robespierre, que hace un último intento para evitar la muerte de su amigo, y todos son ejecutados en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia) de París el 5 de abril de 1794.

Las escenas finales de la película muestran a un Robespierre febril, inquieto y dubitativo, que recuerda la profecía que le hiciera Danton durante su última entrevista. Según ésta, el primero que cayera de los dos arrastraría al otro, y con él haría caer a la propia Revolución.

Giles Deleuze – El Antiedipo

deleuze

Nació en 1925 en París, en el seno de una familia burguesa. Su padre, Louis, era ingeniero y su madre, Oddet Camaüer, se ocupaba de la casa y sus dos hijos, Gilles y George. Sus progenitores estaban adscritos a la derecha, siendo próximos a la organización Croix de Feu. Desde temprana edad sufrió problemas respiratorios. En 1940, sorprendida la familia por la Segunda Guerra Mundial durante las vacaciones en Deauville, descubrió la literatura francesa gracias a su maestro Pierre Halbwachs, hijo del sociólogo Maurice Halbwachs. De este modo leyó a Baudelaire, Gide y France.

Antiedipo

Anti-Edipo

Asistió al Liceo Carnot durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la ocupación nazi su hermano mayor fue arrestado por participar en la resistencia francesa y murió cuando fue enviado a un campo de concentración. Entre 1944 y 1948, cursó estudios de filosofía en La Sorbona. Algunos de sus profesores fueron Ferdinand Alquié, Georges Canguilhem, Maurice de Gandillac y Jean Hyppolite.

Deleuze enseñó en varios colegios hasta 1957, cuando comenzó a dar clases en La Sorbona. En 1953 publicó Empirismo y subjetividad, un ensayo sobre el Tratado sobre la naturaleza humana de Hume. En 1956 se casó con Denise Paul Grandjouan. Entre 1960 y 1964 trabajó en el CNRS, periodo en el que publicaría Nietzsche y la filosofía (1962) y comenzaría su amistad con Michel Foucault. De 1964 a 1969 fue profesor en la Universidad de Lyon. En 1968 publicó Diferencia y repetición y Spinoza y el problema de la expresión.

En 1969 fue nombrado para la Universidad de París VIII, donde trabajaría hasta su retiro de la vida universitaria en 1987. Allí trabajó con Foucault y conoció a Félix Guattari, un psicoanalista heterodoxo, con el cual comenzaría una larga y fructífera colaboración, que se cristalizó en los dos volúmenes de Capitalismo y esquizofrenia: El Anti-Edipo y Mil mesetas. A raíz de esta colaboración aparece la famosa declaración de Deleuze, en la que afirma que «lo que define a un sistema político es el camino por el que su sociedad ha transitado».

«Un día, el siglo será deleuziano», fue la expresión de Michel Foucault en relación a un filósofo que marcó profundamente el pensamiento de la segunda mitad del siglo XX. «La filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar los conceptos», dirá el propio Deleuze en Qu’est-ce que la philosophie? (¿Qué es la filosofía?).

Dentro de la política, Deleuze es considerado un filósofo anarquista, o como un marxista en su sector más libertario. Como narró Jacques Derrida, pese a las críticas que Deleuze hizo a los marxistas, Deleuze nunca dejó de considerarse a sí mismo un marxista; además veía imposible hacer filosofía política sin centrarse en el análisis del capitalismo.

Al final de su vida Deleuze preparaba un escrito inconcluso titulado La grandeur de Marx. Más específicamente, su anarquía adquiere sentido cuando vemos que su obra es una lucha constante contra el poder dicotómico del arjé.

Descartes – Material Bibliográfico

DescartesRené Descartes,​ también llamado Renatus Cartesius (en escritura latina) (La Haye en Touraine, 31 de marzo de 1596-Estocolmo, Suecia, 11 de febrero de 1650), fue un filósofo, matemático y físico francés, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, así como uno de los epígonos con luz propia en el umbral de la revolución científica.

El discurso del metodo

El Discurso del método, cuyo título completo es Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias es la principal obra escrita por René Descartes y una obra fundamental de la filosofía occidental con implicaciones para el desarrollo de la filosofía y de la ciencia.

Se publicó de forma anónima en Leiden (Holanda) en el año 1637. Constituía, en realidad, el prólogo a tres ensayos: Dióptrica, Meteoros y Geometría; agrupados bajo el título conjunto de Ensayos filosóficos.

Descartes tituló esta obra Discurso del método con una finalidad precisa. En una carta que dirige a Marin Mersenne le explica que la ha titulado Discurso y no Tratado para poner de manifiesto que no tenía intención de enseñar, sino sólo de hablar. Con esto Descartes trata de alejarse de cualquier problema que pudiese surgir con sus contemporáneos por las ideas vertidas en esta obra y además escapa así de una posible condena eclesiástica como había ocurrido poco tiempo antes con Galileo y cuyas ideas Descartes no consideraba desacertadas

El discurso de Metodo – Rene Descartes

Tratado de las pasiones del alma1

En 1649, un año antes de su muerte, Descartes publicó este Tratado de las pasiones del alma, que parte de las cuestiones surgidas en la correspondencia entre la princesa Isabel de Bohemia y el filósofo acerca de la felicidad, los sentimientos y la ética. En este tratado, el autor explora la dicotomía entre alma y cuerpo. Un
ensayo fundamental dentro del pensamiento cartesiano.

Tratado de las pasiones del alma

 

 

el filosofo de la luz

He aquí, pues, la vida de René Descartes. Desde 1920, es la primera biografía del pensador basada en sustanciales investigaciones recientes y, además, la única que jamás se haya escrito para el lector no especializado. Es la historia del hombre, no la del monumento. Con estas palabras el autor presenta esta biografía del padre de la filosofía moderna. Genio de las matemáticas, pionero en el estudio de la anatomía y de la psicología y destacado pensador en ámbitos filosóficos, religiosos y científicos; Descartes sentó las bases del mundo moderno y del método analítico que lo ha configurado. Richard Watson, que ha estudiado durante más de cuarenta años la vida y obra de Descartes, sigue las huellas del filósofo por los lugares en que habitó para desvelar aquellos aspectos de su vida que la ignorancia ha mitificado, al tiempo que señala su relevancia histórica. Este libro no se parece en nada a los que yo conozco sobre Descartes. Resulta emocionante acompañar a Watson a través del paisaje rural de Holanda y Francia, las retorcidas callejuelas del viejo Estocolmo, libros y archivos polvorientos, al tiempo que escuchamos sus agudos comentarios …

Descartes el Filosofo de la Luz – Richard-Watson

meditaciones

Esta obra del pensador francés René Descartes fue escrita en latín entre 1628 y 1629 y publicada en 1641 con el título Meditationes de prima philosophia. En 1647 apareció la primera traducción al francés, la cual popularizaría el título de Meditaciones metafísicas, abreviatura del título original, mucho más largo: Meditaciones metafísicas en las que se demuestran la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

Meditaciones Metafisicas Con Objeciones y Respuestas

Dedicado a la Facultad de Teología de la Universidad de París, de la que esperaba recibir la aprobación oficial para su filosofía, el libro contiene la exposición más amplia y compleja del pensamiento de René Descartes, cuyos principios habían sido ya divulgados en el célebre Discurso del método (1637). Ya en su primera edición latina, las Meditaciones metafísicas iban seguidas de siete grupos de objeciones dirigidas a sus teorías por teólogos y filósofos de varias tendencias, con las respuestas del autor.

En las dos primeras meditaciones, Descartes adopta la regla de la «duda metódica», ya explicada en el Discurso del método, para hacer tabla rasa de todos los conceptos, como preliminar para una reconstrucción sobre la base intuitiva del dato inmediato de la conciencia: cogito, ergo sum (pienso, luego existo). El hombre es una sustancia pensante, inmaterial, y este conocimiento es una idea clara y distinta inalterable, independiente de lo sensible; de hecho, los cuerpos mismos no son en realidad conocidos con los sentidos ni con la imaginación, sino sólo con el pensamiento, la inteligencia.

A la certidumbre de la existencia real de los objetos exteriores fuera del Yo sólo se llega mediante la demostración de la existencia de Dios, porque las ideas de los cuerpos exteriores y las de las matemáticas no nos garantizan la existencia de los objetos, sino sólo del Yo que los piensa; es menester, pues, invocar el argumento de la veracidad de Dios, que produce en nosotros esas ideas.

Pero ante todo es preciso indagar si hay un Dios, y si es veraz. La premisa necesaria para la investigación es que la perfección objetiva de las ideas debe tener su causa en una realidad de no menor perfección formal. A la idea que poseemos del Ser perfectísimo debemos asignar una causa de igual perfección, esto es, Dios (argumento ideológico); la existencia del hombre no puede depender sino de la misma causa perfectísima que ha puesto en su pensamiento la idea de Dios y de las infinitas perfecciones que le faltan (argumento cosmológico). La idea de Dios es innata; y no podríamos tenerla si Dios no existiese verdaderamente (Meditación tercera).

Dios no puede engañar, porque el engaño procede de alguna privación. En nosotros el error es puramente negativo; es decir, no procede de un mal que esté en nosotros, sino de un defecto de la voluntad, que, por encima del intelecto, puede dar su asentimiento a lo que no es claramente conocido. No siendo, por consiguiente, una privación querida por Dios, sino un acto libre de nuestra voluntad, el error siempre puede ser evitado (Meditación cuarta).

La tercera prueba de la existencia de Dios es el argumento ontológico. A la esencia de Dios, que es el ser provisto de todas las perfecciones, no puede faltarle la existencia, que es una perfección; luego Dios existe. En el concepto de los demás objetos, en cambio, no está comprendida la existencia como propiedad necesaria (Meditación quinta).