Descartes – Material Bibliográfico

DescartesRené Descartes,​ también llamado Renatus Cartesius (en escritura latina) (La Haye en Touraine, 31 de marzo de 1596-Estocolmo, Suecia, 11 de febrero de 1650), fue un filósofo, matemático y físico francés, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, así como uno de los epígonos con luz propia en el umbral de la revolución científica.

El discurso del metodo

El Discurso del método, cuyo título completo es Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias es la principal obra escrita por René Descartes y una obra fundamental de la filosofía occidental con implicaciones para el desarrollo de la filosofía y de la ciencia.

Se publicó de forma anónima en Leiden (Holanda) en el año 1637. Constituía, en realidad, el prólogo a tres ensayos: Dióptrica, Meteoros y Geometría; agrupados bajo el título conjunto de Ensayos filosóficos.

Descartes tituló esta obra Discurso del método con una finalidad precisa. En una carta que dirige a Marin Mersenne le explica que la ha titulado Discurso y no Tratado para poner de manifiesto que no tenía intención de enseñar, sino sólo de hablar. Con esto Descartes trata de alejarse de cualquier problema que pudiese surgir con sus contemporáneos por las ideas vertidas en esta obra y además escapa así de una posible condena eclesiástica como había ocurrido poco tiempo antes con Galileo y cuyas ideas Descartes no consideraba desacertadas

El discurso de Metodo – Rene Descartes

Tratado de las pasiones del alma1

En 1649, un año antes de su muerte, Descartes publicó este Tratado de las pasiones del alma, que parte de las cuestiones surgidas en la correspondencia entre la princesa Isabel de Bohemia y el filósofo acerca de la felicidad, los sentimientos y la ética. En este tratado, el autor explora la dicotomía entre alma y cuerpo. Un
ensayo fundamental dentro del pensamiento cartesiano.

Tratado de las pasiones del alma

 

 

el filosofo de la luz

He aquí, pues, la vida de René Descartes. Desde 1920, es la primera biografía del pensador basada en sustanciales investigaciones recientes y, además, la única que jamás se haya escrito para el lector no especializado. Es la historia del hombre, no la del monumento. Con estas palabras el autor presenta esta biografía del padre de la filosofía moderna. Genio de las matemáticas, pionero en el estudio de la anatomía y de la psicología y destacado pensador en ámbitos filosóficos, religiosos y científicos; Descartes sentó las bases del mundo moderno y del método analítico que lo ha configurado. Richard Watson, que ha estudiado durante más de cuarenta años la vida y obra de Descartes, sigue las huellas del filósofo por los lugares en que habitó para desvelar aquellos aspectos de su vida que la ignorancia ha mitificado, al tiempo que señala su relevancia histórica. Este libro no se parece en nada a los que yo conozco sobre Descartes. Resulta emocionante acompañar a Watson a través del paisaje rural de Holanda y Francia, las retorcidas callejuelas del viejo Estocolmo, libros y archivos polvorientos, al tiempo que escuchamos sus agudos comentarios …

Descartes el Filosofo de la Luz – Richard-Watson

meditaciones

Esta obra del pensador francés René Descartes fue escrita en latín entre 1628 y 1629 y publicada en 1641 con el título Meditationes de prima philosophia. En 1647 apareció la primera traducción al francés, la cual popularizaría el título de Meditaciones metafísicas, abreviatura del título original, mucho más largo: Meditaciones metafísicas en las que se demuestran la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

Meditaciones Metafisicas Con Objeciones y Respuestas

Dedicado a la Facultad de Teología de la Universidad de París, de la que esperaba recibir la aprobación oficial para su filosofía, el libro contiene la exposición más amplia y compleja del pensamiento de René Descartes, cuyos principios habían sido ya divulgados en el célebre Discurso del método (1637). Ya en su primera edición latina, las Meditaciones metafísicas iban seguidas de siete grupos de objeciones dirigidas a sus teorías por teólogos y filósofos de varias tendencias, con las respuestas del autor.

En las dos primeras meditaciones, Descartes adopta la regla de la «duda metódica», ya explicada en el Discurso del método, para hacer tabla rasa de todos los conceptos, como preliminar para una reconstrucción sobre la base intuitiva del dato inmediato de la conciencia: cogito, ergo sum (pienso, luego existo). El hombre es una sustancia pensante, inmaterial, y este conocimiento es una idea clara y distinta inalterable, independiente de lo sensible; de hecho, los cuerpos mismos no son en realidad conocidos con los sentidos ni con la imaginación, sino sólo con el pensamiento, la inteligencia.

A la certidumbre de la existencia real de los objetos exteriores fuera del Yo sólo se llega mediante la demostración de la existencia de Dios, porque las ideas de los cuerpos exteriores y las de las matemáticas no nos garantizan la existencia de los objetos, sino sólo del Yo que los piensa; es menester, pues, invocar el argumento de la veracidad de Dios, que produce en nosotros esas ideas.

Pero ante todo es preciso indagar si hay un Dios, y si es veraz. La premisa necesaria para la investigación es que la perfección objetiva de las ideas debe tener su causa en una realidad de no menor perfección formal. A la idea que poseemos del Ser perfectísimo debemos asignar una causa de igual perfección, esto es, Dios (argumento ideológico); la existencia del hombre no puede depender sino de la misma causa perfectísima que ha puesto en su pensamiento la idea de Dios y de las infinitas perfecciones que le faltan (argumento cosmológico). La idea de Dios es innata; y no podríamos tenerla si Dios no existiese verdaderamente (Meditación tercera).

Dios no puede engañar, porque el engaño procede de alguna privación. En nosotros el error es puramente negativo; es decir, no procede de un mal que esté en nosotros, sino de un defecto de la voluntad, que, por encima del intelecto, puede dar su asentimiento a lo que no es claramente conocido. No siendo, por consiguiente, una privación querida por Dios, sino un acto libre de nuestra voluntad, el error siempre puede ser evitado (Meditación cuarta).

La tercera prueba de la existencia de Dios es el argumento ontológico. A la esencia de Dios, que es el ser provisto de todas las perfecciones, no puede faltarle la existencia, que es una perfección; luego Dios existe. En el concepto de los demás objetos, en cambio, no está comprendida la existencia como propiedad necesaria (Meditación quinta).

 

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