NIETZSCHE Su filosofía y posición ante la sociedad alemana del siglo XIX


Friedrich Wilhelm Nietzsche

Friedrich Wilhelm Nietzsche fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. Realizó una crítica exhaustiva de la cultura, la religión y la filosofía occidental, mediante las genealogías de los conceptos que las integran, basada en el análisis de las actitudes morales (positivas y negativas) hacia la vida. Este trabajo tuvo gran influencia en generaciones posteriores de teólogos, antropólogos, filósofos, sociólogos, psicólogos,politólogos, historiadores, poetas, novelistas y dramaturgos.

Meditó sobre las consecuencias del triunfo del secularismo de la Ilustración, expresada en su observación «Dios ha muerto», de una manera que determinó la agenda de muchos de los intelectuales más célebres después de su muerte. Si bien hay quienes sostienen que la característica definitoria de Nietzsche no es tanto la temática que trataba sino el estilo y la sutileza con que lo hacía, fue un autor que introdujo, como ningún otro, una cosmovisión que ha reorganizado el pensamiento del siglo XX, en autores tales como Martin Heidegger, Michel Foucault, JacquesDerrida, Gilles Deleuze o  GianniVattimo, entre otros.

Nietzsche recibió amplio reconocimiento durante la segunda mitad del siglo XX como una figura significativa en la filosofía moderna. Su influencia fue particularmente notoria en los filósofos existencialistas, críticos,fenomenológicos, posestructuralistas y posmodernos, y en la sociología de Max Weber. Es considerado uno de los tres maestros de la sospecha (según la conocida expresión de Paul Ricoeur), junto a Karl Marx y Sigmund Freud.

“! Pobres príncipes reinantes ¡Todos sus derechos se van cambiando ahora inesperadamente en pretensiones y todas estas pretensiones parecerán bien pronto usurpaciones! Solo con que digan Nos o Mi pueblo, esta vieja Europa es tan mala que se echa a reír. Verdaderamente, un maestro de ceremonias moderno guardaría con ellos poca ceremonia, acaso diría: Los soberanos colóquense delante de los advenedizos.”[1]

Los europeos nos encontramos frente a un inmenso conjunto de ruinas, en el que se alzan aún varias obras elevadas, en el que subsisten muchas cosas carcomidas y de aspecto inquietante, mientras que la mayor parte se ha hundido y cubre el suelo plagado de malezas, grandes y pequeñas, produciendo en su totalidad un efecto muy pintoresco. ¿Dónde hubo nunca ruinas más bellas? Esta ciudad en ruinas es la Iglesia. Observamos la sociedad religiosa del cristianismo sacudida hasta sus últimos cimientos. La fe en Dios ha sido derribada, demolida, mientras que la creencia en el ideal ascético cristiano libra precisamente su último combate.Un edificio tan paciente y sólidamente construido como el cristianismo –¡fue el último edificio romano! – no podía evidentemente ser destruido de un solo golpe; ha sido necesaria toda clase de temblores de tierra, toda clase de espíritus para perforar, cavar, roer, ablandar y desintegrar. Pero lo más extraños que quienes se han esforzado en mantener el cristianismo, en conservarlo, se han convertido en sus mejores destructores: los alemanes. Parece que los alemanes no entienden la esencia de una iglesia. ¿Será que no son lo suficientemente espirituales y desconfiados? El edificio de la Iglesia descansa en todo caso sobre una libertad y una generosidad espirituales propiamente meridionales y, a la vez, sobre una desconfianza también austral hacia la naturaleza, el hombre y el espíritu; descansa en un conocimiento del hombre,una experiencia de los hombres, absolutamente distintos de los que se tienen en el norte. La reforma luterana fue en toda su extensión la revolución indignada de la simplicidad contra lo ‘matizado’, por hablar con prudencia; un mal entendido tosco, ingenuo, donde hay mucho que perdonar. No se entendía la expresión de una Iglesia victoriosa y no se veía en ella más que corrupción; se juzgó mal el escepticismo aristocrático, ese lujo de escepticismo y de tolerancia, que se permite todo poder victorioso, seguro de sí mismo… Hoy vemos con toda claridad cómo Lutero, en todas las cuestiones cardinales del poder, actuó deforma nefasta, superficial, sin discernimiento, aturdido, como hombre de pueblo a quien le faltaba la herencia de una casta dominante, todo instinto de poder,hasta el extremo de que su obra, su voluntad de reconstruir el edificio romano,fue, involuntaria e inconscientemente en su origen, una empresa destructora. Se puso a desligar y a desgarrar con verdadera ira lo que la vieja araña había tejido con más laboriosidad y paciencia. Entregó a todo el mundo los libros sagrados, que llegaron a manos de los filósofos, es decir, de los destructores de toda creencia basada en libros. Al rechazar la fe en la inspiración de los concilios destruyó la idea de ‘Iglesia’, la cual conserva su fuerza suponiendo previamente que el espíritu inspirador que la fundó continúa viviendo en ella,construyendo y prosiguiendo la edificación de su morada. Devolvió al sacerdote la relación sexual con la mujer; pero las tres cuartas partes del respeto que el pueblo, sobre todo la mujer del pueblo, es capaz de tener, se basa en la creencia de que un hombre que es excepcional en ese aspecto no lo será menos en otros puntos. Aquí precisamente la creencia popular en algo sobrehumano en el hombre, en el milagro, en Dios redentor en el hombre, había encontrado al defensor más sutil y fascinante. Lutero, después de haber devuelto la mujer al sacerdote, debía retirarle la facultad de escuchar confesiones, lo que psicológicamente era justo; con este hecho quedó, en definitiva, suprimido el sacerdote cristiano, cuya utilidad más profunda había sido siempre ser un oído santo, unpozo de silencio, una tumba para los secretos. Bajo fórmulas como «cadauno es sacerdote de sí mismo» y su astucia de campesino se escondía el odio profundo de Lutero al “hombre superior» como lo había concebido la Iglesia. De este modo, destruyó un ideal que no había podido alcanzar, mientras parecía que estaba combatiendo y aborreciendo la degeneración de dicho ideal. En realidad, este monje imposible rechazó lejos de sí el dominio de los hombres religiosos, con lo que hacia el interior del orden eclesiástico no hizo otra cosa que suscitar lo que con tanta intolerancia combatía en el orden civil: una‘sublevación de campesinos’. En cuanto a todo lo bueno y lo malo que haya surgido a partir de su Reforma, que puede más o menos valorarse hoy, ¿quién será lo bastante ingenuo para pretender simplemente alabar o censurar a Lutero por semejantes consecuencias? Él es inocente de todo, no sabía lo que hacía. El aplanamiento del espíritu europeo, principalmente en el norte, su exceso de bondad, si se prefiere decirlo con un término moral, dio un prodigioso paso hacia delante gracias a la Reforma luterana, eso está fuera de duda. También se desarrollaron, en virtud de ella, la movilidad y la inquietud del espíritu, su sed de independencia, su creencia en el derecho a ser libre, su ‘naturaleza’.Si, como último aspecto, queremos concederle el mérito de haber preparado y favorecido lo que hoy honramos como «ciencia moderna», hay evidentemente que añadir que la Reforma contribuyó a la degeneración del sabio moderno, a su falta de respeto, de pudor y de profundidad, a toda esa confianza y bondad en las cosas del conocimiento, en última instancia, a ese espíritu plebeyo que caracteriza a los dos últimos siglos y del que no nos ha redimido aún en modo alguno el pesimismo reciente. También las «ideas modernas» demuestran aún esa sublevación de campesinos en el norte contra el espíritu más frío, más equívoco, más desconfiado del sur, cuyo monumento más grandioso es la Iglesia cristiana. No olvidemos, en definitiva, lo que representa una Iglesia,principalmente por oposición a cualquier ‘Estado’; una Iglesia es ante todo una estructura de dominio que asegura al hombre más espiritual el rango supremo y que cree en el poder de la espiritualidad, a fin de prohibirse todo recurso a medios de violencia más toscos; sólo por eso, la Iglesia es, en todos los sentidos,una institución más noble que el Estado[2]

En Nietzsche la redención es personal, al igual que en Kierkegaard y contrariamente a Marx en donde la redención se da a través de una clase, que en su caso es la del proletariado industrial.

Dice Nietzsche: “Los que hablan de lo supra terrestre son inmerecedores de la vida[3]

En el Prólogo de Ecce Homo, cómo se llega a ser lo que se es,Nietzsche dice que el camino o el medio se dan a través del artista. Aquí también encontramos una posición contraria a Platón, quien en el libro X de República se pronuncia contra los poetas y los trágicos en la polis.

1. Como preveo que dentro de poco tendré que dirigirme a la humanidad presentándole la más grave exigencia que jamás se le ha hecho, me parece indispensable decir quién soy yo.En el fondo sería lícito saberlo ya: pues no he dejado de «dar testimonio» de mí. Mas la desproporción entre la grandeza de mi tarea y la pequeñez de mis contemporáneos se ha puesto de manifiesto en el hecho de que ni me han oído ni tampoco me han visto siquiera. Yo vivo de mi propio crédito; ¿acaso es un mero prejuicio que yo vivo? Me basta hablar con cualquier «persona culta» de las que en verano vienen a la Alta Engadina para convencerme de que yo no vivo. En estas circunstancias existe un deber contra el cual se rebelan en el fondo mis hábitos y aún más el orgullo de mis instintos, a saber, el deber de decir:¡Escuchadme, pues yo soy tal y tal! ¡Sobre todo, no me confundáis con otros!

2. Por ejemplo, yo no soy en modo alguno un espantajo, un monstruo de moral; yo soy incluso una naturaleza antitética de esa especie de hombres venerada hasta ahora como virtuosa. Dicho entre nosotros, a mí me parece que justo esto forma parte de mi orgullo. Yo soy un discípulo del filósofo Dioniso, preferiría ser un sátiro antes que un santo. Pero léase este escrito. Tal vez haya conseguido expresar esa antítesis de un modo jovial y afable, tal vez no tenga este escrito otro sentido que ése. La última cosa que yo pretendería sería «mejorar» a la humanidad. Yo no establezco ídolos nuevos, los viejos van a aprender lo que significa tener pies de barro. Derribar ídolos («ídolos» es mi palabra para decir «ideales»), eso sí forma ya parte de mi oficio. A la realidad se la ha despojado de su valor, de su sentido, de su veracidad en la medida en que se ha fingido mentirosamente un mundo ideal. El «mundo verdadero» y el «mundo aparente»; dicho con claridad: el mundo fingido y la realidad. Hasta ahora la mentira del ideal ha constituido la maldición contra la realidad, la humanidad misma ha sido engañada y falseada por tal mentira hasta en sus instintos más básicos hasta llegar a adorar los valores inversos de aquellos solos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el elevado derecho al futuro.

3. Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas, un aire fuerte. Es preciso estar hecho para ese aire, de lo contrario se corre el no pequeño peligro de resfriarse en él. El hielo está cerca, la soledad es inmensa; ¡más qué tranquilas yacen todas las cosas en la luz!, ¡con qué libertad se respira!,¡cuántas cosas sentimos debajo de nosotros! La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hielo y en las a altas montañas: búsqueda de todo lo problemático y extraño que hay en el existir, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. Una prolongada experiencia,proporcionada por ese caminar en lo prohibido, me ha enseñado a contemplar las causas a partir de las cuales se ha moralizado e idealizado hasta ahora, de un modo muy distinto a como tal vez se desea: se me han puesto al descubierto la historia oculta de los filósofos, la psicología de sus grandes nombres. ¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu? Esto fue convirtiéndose cada vez más, para mí, en la auténtica unidad de medida. El error (el creer en el ideal)no es ceguera, el error es cobardía. Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del coraje, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo. Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente, me pongo los guantes. Nitimur in vetitum [nos lanzamos hacia lo prohibido]: bajo este signo vencerá un día mi filosofía, pues hasta ahora lo único que se ha prohibido siempre, por principio, ha sido la verdad.

4. Entre mis escritos ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él he hecho a la humanidad el mayor regalo que hasta ahora ésta ha recibido. Este libro, dotado de una voz que atraviesa milenios, no es sólo el libro más elevado que existe. El auténtico libro del aire de alturas –todo lo hecho «hombre» yace a enorme distancia por debajo de él– es también el libro más profundo, nacido de la riqueza más íntima de la verdad, un pozo inagotable al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y de bondad. No habla en él un «profeta», uno de esos espantosos híbridos de enfermedad y de voluntad de poder denominados fundadores de religiones. Es preciso ante todo oír bien el sonido que sale de esa boca, ese sonido alciónico, para no ser lastimosamente injustos con el sentido de su sabiduría. «Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad.Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo.» Los higos caen de los árboles, son buenos y dulces; y, conforme caen, su roja piel se abre. Un viento del norte soy yo para higos maduros. Así, cual higos, caen estas enseñanzas hasta vosotros, amigos míos: ¡bebed su jugo y su dulce carne! Nos rodea el otoño, y el cielo puro, y la tarde. No habla aquí un fanático, aquí no se «predica», aquí no se exige fe: desde una infinita plenitud de luz y una infinita profundidad de dicha va cayendo gota tras gota, palabra tras palabra,una delicada lentitud es el tempo [ritmo] propio de estos discursos. Algo así llega tan sólo a los elegidos entre todos; constituye un privilegio sin igual el ser oyente aquí; nadie es dueño de tener oídos para escuchar a Zaratustra…¿No es Zaratustra, con todo esto, un seductor?… ¿Qué es, sin embargo, lo que él mismo dice cuándo por vez primera retorna a su soledad? Exactamente lo contrario de lo que en tal caso diría cualquier «sabio», «santo», «redentor del mundo» y otros decadente [decadentes] No sólo habla de manera distinta, sino que también es distinto. ¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡También vosotros os vais ahora solos! Así lo quiero yo. En verdad, éste es mi consejo:¡Alejaos de mí y guardaos de Zaratustra! Y aun mejor: ¡avergonzaos de él! Tal vez os ha engañado. El hombre del conocimiento no sólo tiene que poder amar a sus enemigos, tiene también que poder odiar a sus amigos. Se recompensa mal aun maestro si se permanece siempre discípulo. ¿Y por qué no vais a deshojar vosotros mi corona? Vosotros me veneráis: pero ¿qué ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Cuidad de que no os aplaste una estatua! ¿Decís que no creéis en Zaratustra? ¡Más qué importa Zaratustra! Vosotros sois mis creyentes,¡más qué importan todos los creyentes! No os habíais buscado aún a vosotros:entonces me encontrasteis. Así hacen todos los creyentes: por eso vale tan poco toda fe. Ahora os ordeno que me perdáis a mí y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mi volveré entre vosotros”[4]

Norberto Bobbio describe a Nietzsche como alguien que piensa a martillazos, es decir, que piensa con ideas duras, frases duras y esto es lo que en Nietzsche se llama pensar a martillazos. Esto se puede observar en»El Anticristo cuando Nietzsche elige la guerra en lugar de la paz, cuando elige el odio en lugar del amor» y hasta cuando Nietzsche dice: «no me importa que mueran los débiles, al contrario, hay que ayudarlos a morir»,

“¿Qué es lo bueno?Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder,el poder mismo. ¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad. ¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrece el poder; el sentimiento de haber superado una resistencia. No contento, sino mayor poderío; no paz en general,sino guerra; no virtud, sino habilidad (virtud en el estilo del Renacimiento.Virtud libre de moralina). Los débiles y los fracasados deben perecer; ésta es la primera proposición de nuestro amor a los hombres. Y hay que ayudarlos a perecer. ¿Qué es lo más perjudicial que cualquier vicio? La acción compasiva hacía todos los fracasados y los débiles: el cristianismo”.[5]

La compasión es un pecado que no se puede permitir, ellos no se han transformado y no se les debe compadecer.

En la Genealogía de la Moral trata sobre los valores morales, donde Nietzsche va a pensar por «moral» algo bastante distinto a la moral definida por la burguesía alemana, compuesta según su óptica por gente común que Nietzsche odiaba, el alemán cotidiano, incapaz del legar a los extremos, el incapaz de arriesgarse, el incapaz de acercarse a la locura.Ese hombre totalmente apolíneo, totalmente racional, es decir, totalmente diseñado, totalmente trazado por la sociedad burguesa a la que pertenece, es el hombre del cual Nietzsche va a resistirse; ese hombre no es el que va,precisamente, a encarnar la moral que Nietzsche va a diseñar en este texto. Nietzsche en principio le atribuyó a Dios el mal, es decir, Dios es el creador de “el ángel caído”, de Mefistófeles, entonces Dios en tanto creador de Mefistófeles, Dios habría creado el mal. Nietzsche detesta al cristianismo.Detesta la blandura, detesta la compasión, detesta la piedad, detesta el ascetismo, detesta esos valores, entonces hay que buscar valores duros y los valores duros los va a buscar en medio de los hombres duros, los hombres duros para Nietzsche son los guerreros, los guerreros también van a ser los aristócratas. Entonces, Nietzsche viene en la búsqueda de la posibilidad, que cree muy cierta, de instaurar otros valores basados en otros principios; los valores que viene a instaurar, primero, ante todo va a buscar su genealogía, va a buscar el origen de esos valores. Nietzsche no va a buscar los valores en el mundo supra sensible platónico sino que lo va a buscar en el mundo sensible,brutal, entonces lo que va a decir es que la palabra «bueno» existe porque desde los griegos, los aristócratas, se dieron a sí mismos la capacidad de nombrarse «los veraces»; la aristocracia griega se designaba a sí misma como «los veraces»; siendo los veraces son aquellos cuya palabra es la verdad; cuando la aristocracia griega decía algo, esa era la verdad; por lo tanto la fuente de la verdad, es el aristocratisismo griego.

Este concepto de aristocracia que menciona Nietzsche, no se trata de una clase social. Para Nietzsche se trata de una clase espiritual o en todo caso de un elemento filosófico espiritual; la aristocracia más que un aclase social es aquel estamento de la sociedad, indudablemente alto, pero alto por su capacidad de espíritu que es capaz de crear las verdades. De ésta aristocracia griega Nietzsche se siente el heredero y a ésta aristocracia griega es a la que se remite para pensar la genealogía de la moral.

Hay un concepto que introduce es el de «el   de la distancia». En Marx estaba el pathos de la indignación. Son dos pathos totalmente distintos. Si Marx exigía la pasión de la indignación, si Marx exigía que la indignación ante la injusticia del capitalismo, lo que Nietzsche pide de sus aristócratas es que se indignen, ante lo bajo, lo vulgar y lo plebeyo. El pathos de la distancia es esa distancia que la aristocracia pone entre ella y lo plebeyo, entre ella y lo vulgar, entre ella que es capaz de dar nombre a los cosas por el solo hecho de nombrarlas, de crear las verdades por el solo hecho de enunciarlas y la banalidad de la burguesía, entonces ésta clase espiritual, filosófica y hasta ontológica, porque crea «el ser», mantiene un pathos de la distancia frente a la burguesía vulgar del siglo XIX que Nietzsche desdeña y también contra los plebeyos, contra las clases proletarias, las clases pobres a las que Nietzsche despreciaba. Nietzsche se ha alejado por completo de Dios; no está pensando en Dios,justamente, tampoco menos está pensando en el Dios del cristianismo y menos todavía en Jesús.Los valores de la compasión, del amor al prójimo, los valores del auto sacrificio, del ascetismo, son todos valores de caídos, que son los valores blandos del cristianismo. Sus valores van a ser los de la dureza, los de los guerreros, sus valores van a ser los de la guerra. O sea, que tenemos que «lo bueno», entones surge de la aristocracia y la nobleza, lo bueno es lo que dicen los aristócratas, «lo malo» es lo que dicen los que no son aristócratas, tanto los torpes burgueses, los toscos burgueses como el oscuro mundo del plebeyaje proletario. Los valores fuertes son valores carnales, valores vitales, valores de la voluntad, valores de la vida, valores del devenir de la vida, valores de la conquista, valores de la guerra, valores del coraje.

&2 Mis pensamientos sobre el origen de nuestros prejuicios morales –  pues de eso es de lo que trata este escrito polémico- tienen su expresión primera, concisa y provisional en la colección de aforismos que lleva el título Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres, y que se empezó a escribir en Sorrento durante un invierno que me permitió detenerme, como se detiene el caminante, y abarcar con la mirada el país ancho y peligroso por el que mi espíritu había caminado hasta ese momento.Eso sucedió en el invierno 1876-77; los pensamientos mismos son más viejos. En lo esencial eran ya los mismos pensamientos que retomo en los presentes tratados: ¡esperemos que el largo tiempo transcurrido desde entonces les haya venido bien, que se hayan hecho más maduros, más claros, más fuertes, más perfectos! Que hoy siga adhiriéndome firmemente a ellos, que en el entre tanto ellos mismos se hayan adherido unos a otros cada vez con más firmeza, que incluso hayan ido creciendo juntos entre penetrándose e injertándose unos en otros: todo esto me refuerza en la alegre confianza de que han surgido en mí desde el  principio no cada uno por separado, no caprichosamente, no esporádicamente, sino todos de una misma raíz común, de una voluntad  fundamental de conocimiento que impera en la profundidad, que habla cada vez con más determinación, que exige cada vez cosas más determinadas. Solo esto le con viene  al filósofo. No tenemos derecho a hacer nada disgregadamente ni dar con la verdad disgregadamente. Sino que, más bien, con la misma necesidad con la que el árbol da sus frutos, crecen de nosotros nuestros pensamientos, nuestros valores, nuestros <si> y <no> y <si…>, emparentados todos entre ellos, referidos unos a otros y dando testimonio de una misma voluntad,de una misma salud, de un mismo humus, de un mismo sol. ¿Os saben bien a vosotros estos frutos nuestros? Pero ¡qué les importa eso a los árboles! ¡Qué nos importa a nosotros, a nosotros los filósofos! [6]

&3 A causa de una cierta suspicacia que me es propia y que confieso a disgusto, pues se refiere ala moral, a todo lo que hasta la fecha se ha venido celebrando en este mundo como moral, a causa de una suspicacia que apareció en mi vida tan pronto, tan sin buscarla, tan imparable, tan en contradicción con mi entorno, con mi edad,con los ejemplos recibidos, con todo aquello de dónde vengo, que casi tendría derecho a llamarla mi <a  priori>,tanto mi curiosidad como mis sospechas tuvieron que detenerse en el momento preciso ante la pregunta de cuál es realmente el origen de nuestro bien y mal. De hecho, el problema del origen del mal me perseguía ya cuando era un mozalbete de trece años: a él, en una edad en la que se tiene <mitad juegos de niños, mitad a Dios en el corazón>, dediqué mi primer juego literario infantil, mi primer ejercicio de caligrafía filosófica, y, en lo que respecta ala <solución> del problema llegué entonces, le tributé ese honor a Dios,como es justo, y le hice el padre del mal. ¿Era precisamente eso lo que quería de mí mi <a priori>?, ¿ese <a priori> nuevo, inmoral, o cuando menos moralista, y el <imperativo categórico> que hablaba por su boca,tan anti kantiano, ¡ay!, ¿tan enigmático, y al que desde entonces he prestado cada vez más oído, y no solo oído?… Afortunadamente, aprendí a tiempo a distinguir el prejuicio teológico de la mora, y ya no busqué el origen del mal detrás del mundo. Alfo de adiestramiento histórico y filológico, incluido un sentido innato difícil de contentar en lo que respecta a las cuestiones psicológicas en general, transformó muy pronto mi problema en otro distinto:¿bajo qué condiciones inventó el hombre esos juicios de valor del bien y el mal? Y ¿qué valor tienen ellos mismos? ¿Han obstaculizado hasta ahora el desarrollo humano, o lo han fomentado? ¿Dan muestra de un estado de necesidad, de empobrecimiento, de degeneración de la vida? ¿O, al revés, se trasluce en ellos la plenitud, la fuerza, la voluntad de la vida, su valor, su confianza, su futuro? Para esas preguntas encontré y me atreví a dar yo mismo diversas respuestas, distinguí épocas, pueblo, grados de jerarquía de los individuos,especifiqué mi problema, las respuestas se convirtieron en nuevas preguntas, en investigaciones, en conjeturas, en probabilidades: hasta que por fin tuve un país propio, un suelo propio, todo un mundo recóndito que creía y florecía,jardines secretos por así decir, de los que a nadie se le permitía sospechar nada… ¡Oh, qué felices somos, nosotros los conocedores, suponiendo que sepamos callar todo el tiempo que se suficiente¡[7]

La idea de vida y voluntad de poder fundamente a todo lo demás, siendo la vida entendida ontológicamente, no biológicamente. La vida es voluntad de poder como principio ontológico, es un fluir, entendida como instante.La voluntad de poder es lo que da el ser, la fuerza que se tiene, lo que es vida. La vida en Nietzsche tiene dos valores, los valores de»conservación» y de «aumento». Hay vida porque la vida tiende a conservarse y conservándose va a poder aumentar, pero la vida también sabe que, si solamente se conserva, va a morir; solo conservarse es morir. Solo aquello que nos hace aumentar, que nos hace tener más vida nos permite conservar lo que tenemos. Este espacio vital que Nietzsche describe con las categorías de conservación y aumento, representa  la «voluntad de poder».  Los dos ejes dinámicos de la voluntad de poder son los de conservación y aumento. La voluntad de poder es el devenir dela vida. Hay un devenir de la vida porque la vida es voluntad de poder. La voluntad de poder, conquista, obtiene y domina. Todo eso que posee, lo tiene que conservar, pero hay algo que la voluntad de poder tiene que querer ante todo para poder realizarse, la voluntad de poder tiene que quererse a sí misma,la voluntad de poder tiene que querer a la voluntad de poder,  es decir, es un impulso, un impulso vital que se quiere a sí mismo por sobre todas las otras cosas. Así como el «Deseo Hegeliano» se quería a sí mismo por sobre todas las otras cosas y no le importaba morir con tal de conservar ese deseo. Hegel había dicho: el deseo es deseo porque ante todo se desea a sí mismo y si el deseo se desea a sí mismo es porque encuentra en sí, en tanto deseo, su condición de positividad, y para que ese deseo sea más importante que el miedo a morir, ese deseo tiene que desearse mucho a sí mismo[8].Entonces, en la voluntad de poder Nietzsche toma éste esquema y dice que lo primero que tiene que querer la voluntad de poder no es dominar lo que está más allá, lo primero que tiene que querer la voluntad de poder es la propia voluntad de poder y una vez que la voluntad se quiere a sí misma, todo aquello que conquista lo tiene que conservar, pero además tiene que seguir conquistando porque si no, meramente se muere. El que solamente conserva lo que conquistó se muere, porque para conservar lo conquistado tiene que seguir conquistando; la voluntad de poder tiene que ir aumentando constantemente su poder, su conquista.

En la Gaya Ciencia Nietzsche va a decir una de sus más celebre frases: “Dios ha muerto”

125. El loco. ¿No han oído hablar de aquel loco que, con una linterna encendida en pleno día, corría por la plaza y exclamaba continuamente: «¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!»? Como justamente se habían juntado allí muchos que no creían en Dios, provocó gran diversión. ¿Se te ha perdido?, dijo uno. ¿Se ha extraviado como un niño?, dijo otro. ¿No será que se ha escondido en algún sitio? ¿Nos tiene miedo? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado? Así gritaban y se reían al mismo tiempo. El loco se lanzó en medio de ellos y los fulminó con la mirada. —¿Dónde está Dios? —, exclamó, ¡se los voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos!  Pero,¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar completamente el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desencadenar a esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde rueda ésta ahora? ¿Hacia qué nos lleva su movimiento? ¿Lejos de todo sol? ¿No nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, de costado, hacia delante, en todas direcciones?¿Sigue habiendo un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No sentimos el aliento del vacío? ¿No hace ya frío? ¿No anochece continuamente y se hace cada vez más oscuro? ¿No hay que encender las linternas desde la mañana? ¿No seguimos oyendo el ruido de los sepultureros que han enterrado a Dios? ¿No seguimos oliendo la putrefacción divina? ¡Los dioses también se corrompen! ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto!¡Y lo hemos matado nosotros! ¿Cómo vamos a consolarnos los asesinos de los asesinos?

Lo que en el mundo había hasta ahora de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestros cuchillos, y ¿quién nos quitará esta sangre de las manos? ¿Qué agua podrá purificamos? ¿Qué solemnes expiaciones, qué juegos sagrados habremos de inventar? ¿No es demasiado grande para nosotros la magnitud de este hecho? ¿No tendríamos que convertimos en dioses para resultar dignos de semejante acción?Nunca hubo un hecho mayor, ¡y todo el que nazca después de nosotros pertenecerá, en virtud de esta acción, a una historia superior a todo lo que la historia ha sido hasta ahora! Al llegar aquí, el loco se calló y observó de nuevo a sus oyentes, quienes también se habían callado y lo miraban perplejos.Por último, tiró la linterna al suelo, que se rompió y se apagó. «Llego demasiado pronto, dijo luego, mi tiempo no ha llegado aún. Este formidable acontecimiento está todavía en camino, avanza, pero aún no ha llegado a los oídos de los hombres. Para ser vistos y oídos, los actos necesitan tiempo después de su realización, como lo necesitan el relámpago y el trueno, y la luz de los astros. Esa acción es para ellos más lejana que los astros más distantes, ¡aunque son ellos quienes la han realizado!» Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su Requiem aeternam Deo. Cuando lo echaban de ellas y le pedían que aclarara sus dichos,no dejaba de repetir: «¿Qué son estas iglesias sino las tumbas y los monumentos funerarios de Dios?»[9]

¿Qué quiere decir que Dios ha muerto? Que Dios ha muerto significa que todos los valores suprasensibles, que todos los valores que tenían que ver con la imagen de Dios, en tanto instancia suprema por sobre el hombre yen tanto instancia fundadora, porque Dios es el fundamento de todo pensamiento que lo acepte. Si se acepta la idea de Dios no puedo partir de otro estamento conceptual que no sea el de Dios. Nietzsche con su “Dios ha muerto», está diciendo: mi filosofía va a tener otro fundamento, yo no necesito el fundamento de Dios. Mi filosofía va a tener el fundamento de la vida y la vida es devenir,la vida es potencia; y «la verdad» es aquello que la voluntad de poder conquista.  La idea de Dios no es capaz de actuar como fuente del código moral o teleológico. Nietzsche reconoce la crisis que la muerte de Dios representa para las consideraciones morales existentes, porque cuando uno desecha la fe cristiana, se olvida su moralidad.Esta moralidad de ninguna manera es evidente en sí misma. Rompiendo un concepto principal del cristianismo, la fe en Dios, uno rompe el esquema: nada necesario se mantiene en las manos de uno.  La muerte de Dios es la forma de decir que los humanos ya no son capaces de creer en cualquier orden cósmico. La muerte de Dios conducirá, dice Nietzsche, no sólo al rechazo de la creencia en un orden cósmico o físico, sino también al rechazo de los valores absolutos, al rechazo de la creencia en una objetividad y una ley moral universal, que se ejerce sobre todos los individuos. De esta manera, la pérdida de una base absoluta de moralidad conduce al nihilismo. Este nihilismo es el que trabajó Nietzsche para encontrar una solución a la reevaluación de los fundamentos de los valores humanos. Esto significa, para Nietzsche, la búsqueda de los fundamentos más profundos que los valores cristianos, más allá de los cuales él sentía que la mayoría de los cristianos rechazaba mirar.

Nietzsche va a llamar nihilismo a ese poder que tuvo el pensamiento platónico de las ideas perfectas o el pensamiento religioso,también, sobre la vida. ¿Qué le reprocha Nietzsche al pensamiento suprasensible? Le reprocha que ese pensamiento suprasensible de idealidades perfectas en sí mismas, ha nihilizado la vida. Entonces Nietzsche nihiliza a Dios, es decir, nihilizar a Dios es negar a Dios, reducirlo a cenizas. Y éste pensamiento reduce a Dios a cenizas porque lo que pone prepotentemente como su meta es la verdad de la vida, la verdad del devenir, la verdad de los dos conceptos de conservación y aumento, la verdad de la voluntad de poder y la verdad de la conquista de la verdad como conquista de la voluntad de poder.Cuanto más poderosos seamos, más dueños de la verdad vamos a ser porque más poder vamos a tener para imponerla. Podemos considerar dos tipos de nihilismos, uno negativo, donde se hace nada todo lo anterior y uno positivo, una vez hecho nada empezar a hacer de nuevo, que se representa en la figura del niño que juega y tira los dados en Así Hablo Zaratustra.

Sobre la verdad dice Nietzsche dice: «No hay hechos,hay interpretaciones», si no hay hechos y solo hay interpretaciones la verdad es una conquista de la voluntad de poder habiendo cientos de verdades.La verdad es hija del poder y es la colisión de todas esas verdades, porque a esa verdad que yo sé que se me está imponiendo, le voy a oponer otra desde otra perspectiva y así repetidamente.  Las verdades colisionan entre ellas pero la que triunfa, la que establece una hegemonía siempre es la que está respaldada por la mayor fuente de poder que la emite.

Entonces éste es el concepto que Nietzsche maneja de»verdad», es decir, la verdad es una conquista de ésta voluntad de poder. El pensamiento de Nietzsche es un pensamiento belicoso que concibe a la verdad como lucha, que concibe a la verdad como justamente, una expresión poderosa de esa voluntad que necesita aumentar constantemente para conservarse y para aumentar tiene que conquistar y para conquistar tiene que establecer sus verdades como «la verdad». Cuando yo establezco mí verdad como»la verdad» mi voluntad de poder ha triunfado.

Así habló Zaratustra es un libro para todos y para nadie. La obra contiene las principales ideas de Nietzsche, expresadas de forma poética:está compuesta por una serie de relatos y discursos que ponen en el centro de atención algunos hechos y reflexiones de un profeta llamado Zaratustra,personaje inspirado en su tocayo fundador del zoroastrismo. Compuesta principalmente por episodios más o menos independientes, sus historias pueden leerse en cualquier orden a excepción de la cuarta parte de la obra, pues son un cúmulo de ideas y relatos menores independientes que conforman un solo relato general. La primera parte de la crónica es una exposición de las opiniones fundamentales que se personifican en la vivencia literaria del profeta. Así hace su primera presentación del Übermensch (‘superhombre’ o ‘supra hombre’) y del anatema a las corrientes morales (en las que se incluyen las religiosas) de su época. En el desarrollo de la obra, la segunda y tercera parte se centran tanto en las conductas del personaje como el matiz histriónico de la doctrina. Zaratustra se hace más un profeta de «tablas nuevas» que un mero eremita que «da regalos a los hombres».

Como un recurso literario, Nietzsche emplea una imaginaria versión de Zaratustra, que no representa al personaje histórico, pero le sirve como portavoz y símbolo de las ideas principales sobre las que se asienta toda su obra y que son exhaustivamente tratadas a lo largo de este libro: la muerte de Dios, el Übermensch, la voluntad de poder y (definido por primera vez,aunque no desarrollado explícitamente) el eterno retorno de la vida. Se presenta como el profeta supremo, superior en sabiduría y conocimiento al resto de los humanos. Nietzsche lo emplea como contraposición a la doctrina de la Iglesia católica, a la que considera heredera de Sócrates en cuanto a la manera de entender la vida. Zaratustra fue escogido por el autor como ejemplo de la filosofía presocrática, para explicar su teoría del Übermensch (‘superhombre’ o ‘supra hombre’), vitalista y naturalista, y para reivindicar la aceptación delos aspectos negativos y positivos de la vida. En definitiva, para proponer una actitud de aceptación de la vida en su plenitud y negación del más allá, que ensu opinión era la causa de la debilidad humana. Zaratustra es un ermitaño que vive recluido en la montaña, donde a lo largo de su retiro reflexiona sobre la vida y la naturaleza del hombre. Una vez siente que es el momento adecuado,decide regresar al mundo para comunicarle el fruto de su conocimiento. Esto queda patente al principio del prólogo con la frase:

Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan[10]

En cierto modo, y como recursiva referencia a la Biblia y la tradición cristiana, presente a lo largo de toda la obra, Zaratustra es un mesías que lleva al hombre la noticia de su salvación; y al igual que Juan el Bautista anunció la llegada de Jesús, Zaratustra proclama el advenimiento del Übermensch. Es evidente desde el principio el parangón que Nietzsche hace de sí mismo, proyectado sobre la figura del profeta Zaratustra. Siente la necesidad de transmitir su conocimiento al mundo, para lo cual escribe un libro. De modo similar, en su afán comunicador Zaratustra desciende de la montaña y se mezcla con el pueblo. Aunque el argumento principal es el del Übermensch, Nietzsche considera la muerte de Dios un requisito previo a su concepción. En el capítulo De la virtud que hace regalos escribe:

Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre.”[11]

La noticia de la muerte de Dios es la primera enseñanza de Zaratustra, metafóricamente el pilar sobre el que se sustenta la construcción del Übermensch. En el primer encuentro que Zaratustra mantiene apenas abandonado su retiro en la montaña, con el que resulta ser un religioso, se sorprende: “¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!”[12]

La muerte de Dios supone el momento en que el hombre ha alcanzado la madurez necesaria para prescindir de un Dios que establezca las pautas y los límites a la naturaleza humana, o sea, la moral. La moral va  inexplicablemente ligada a lo irracional, a las creencias infundadas, es decir,a Dios en el sentido de que la moral emana de la religiosidad, de la fe axiomática, de la pérdida colectiva de juicio crítico en pos del interés de los poderosos y el fanatismo de la plebe. Valga decir que en la filosofía nihilista y en muchos autores que reciben esta catalogación, les sea digna o no, se dan esta clase de modelos conceptuales en los que se reducen o explican valores y nociones tradicionales bajo otros valores de categoría moral inversa como la razón, explicada por el instinto, la potestad de Dios encausada en la servidumbre del hombre. Para Nietzsche la moral ha de ser sustituida por la verdad, es decir, el hombre al servicio de sí mismo, su naturaleza: entregado ala consumación de su propia existencia. Escribe Nietzsche en Ecce homo, acerca de este tema: La auto superación de moral por veracidad, la auto superación delmoralista en su antítesis, es lo que significa en mi boca el nombre Zaratustra.

La última cosa que yo pretendería sería «mejorar» a la humanidad[13]

Esta ambivalencia, que algunos podrían interpretar como ambigüedad o contradicción, es característica de la obra nietzscheana y probablemente constituye un claro ejemplo de la ausencia de términos absolutos que preconiza el autor, los cuales habrían de ser la derivación necesaria de Dios y la moral. Con la misma intensidad que la atmósfera bíblica se advierten aires orientales. El legendario profeta Zaratustra ―el Zoroastro de los persas―no es elegido por casualidad. Sustentador de la moral del «bien» y del «mal» ha de venir ahora a destruirla, a hacerla entrar en el ocaso y la caducidad definitiva. El profeta legendario peregrina entre las páginas en medio de extrañas prédicas, acompañado de dos animales simbólicos: el águila y la serpiente. Extraños también son los personajes que se presentan desde el  principio y deambulan con sus mensajes. El pueblo en el que Zaratustra predicaen el prólogo del libro y al que vuelve en varias ocasiones más es llamado por Nietzsche «la vaca multicolor». Zaratustra fue históricamente el ordenador primario de los valores del bien y del mal. Ahora ha de ser el «transmutador de esos valores», en una nueva escala inédita en la historia de occidente. No será el hombre el ejecutante. El hombre es algo que debe ser superado, porque es un«ocaso» y un «puente» que debe conducir al Übermensch. El Übermensch encarnará un nuevo tipo de hombre, del cual en la historia ha habido, en determinadas épocas brillantes y excepcionales, sólo «atisbos que lo bosquejaban». El Übermensch ha de ser un hombre desgajado de toda forma de «trasmundo», de todo paradisíaco más allá, de todo mundo celestial. Será fiel a la «tierra», lo que quiere decir, a su destino y a la realidad. La mediocridad de la moral occidental,vigente desde el triunfo del cristianismo, entrará en su definitivo ocaso. Dios deviene en una figura en extinción. Ya no sustentará falsos valores, escalas erróneas de valores. No uno sino todos los dioses se extinguirán y esa ausencia permitirá al hombre obtener su plenitud. Sólo vivirá la vida, y la vida es siempre, cuando no es acallada por la mentira y por la falsa moral, «voluntad de poder». Voluntad de más vida, que ama los hechos tal como son y busca la superación.

En así habló Zaratustra describe las tres transformaciones del hombre, la primera en camello, después león y al fin niño. Zaratustra se adentra en la problemática de la libertad individual: ¿piensa el hombre? y¿quién piensa por el hombre?

Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas. ¿Qué espesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije. ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría? ¿O acaso es:apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador? ¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y dela hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad? ¿O acaso es: ¿estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres? O acaso es: ¿sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos? ¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo? todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto. Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto. Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear par aconseguir la victoria. ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? «Tú debes» se llama el gran dragón. Pero e lespíritu del león dice «yo quiero». «Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente«¡Tú debes!». Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: «todos los valores de las cosas – brillan en mí».«Todos los valores han sido ya creados, y yo soy – todos los valores creados.¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa? Crear valores nuevos – tampoco el león es aún capaz de hacerlo: más crearse libertad para un nuevo crear – eso sí es capaz de hacerlo el poder del león. Crearse libertad yun no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león. Tomarse el derecho de nuevos valores – ése es el tomar más horrible par aun espíritu de carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña. En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes»como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león. Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo,un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo. Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.  Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor[14].”[15]

Nietzsche y su concepción de la historia.

Nietzsche con su concepción de la historia viene a quebrar el optimismo Hegeliano, el optimismo de Marx, basado en que una clase social privilegiada iba a ordenar la historia. Para Nietzsche la historia es caos. La historia se compone de verdades que colisionan las unas contra las otras, la historia es la lucha por imponer un determinado poder al poder del otro y al someter ese determinado poder al poder del otro, y ese determinado  poder resulte ganador, este  va a instaurar una verdad y esa va a ser»la verdad». Todo éste remolino es lo que Nietzsche va a llamar el»dionisismo», está basado en el culto de Dionisos; el dionisismo es un culto griego basado en la esplendidez de la embriaguez, es decir, son la sfiestas dionisíacas que después van a devenir las fiestas báquicas entre los romanos, en el cual cada miembro se entrega a la embriaguez. Lo que va a decir Nietzsche es: Yo tengo una concepción dionisíaca de la historia, lo que yo veo en la historia no es la racionalidad de Apolo, Esto es lo que Nietzsche llama»lo dionisiaco», y su concepción de la historia, su concepción de la voluntad de poder, toda ésta concepción es dionisíaca, sanguínea y conquistadora,

Quien tomo mucho material de Nietzsche es Sigmund Freud quien profundizo  en el pensamiento de Nietzsche. Toda esta exaltación de lo instintivo a la cual el hombre accede a través de la festividad dionisíaca y de la embriaguez, es el hombre que se libera de todas las ataduras que la sociedad le ha puesto; la sociedad ha maniatado a los individuos para permitirles vivir en ella. Si pensamos en el surgimiento del Estado Moderno en el texto de Hobbes «El Leviatán», todos los integrantes del mundo anterior al de la constitución del estado, vivían en un estado de guerra permanente y en ese estado de guerra permanente Hobbes define ese estado de guerra de todos contra todos y el hombre es el lobo del hombre,»Homo Homini lupus». Como el hombre sabe que es el lobo del hombre le entrega al Estado su voluntad; entonces el contrato consiste en que para evitarla guerra de todos contra todos, todos le entregan al Estado la decisión sobretodos. Así se establece el contrato entre el Estado y sus miembros a través del Estado Hobbeseano; pero ese Estado Burgués que Hobbes delinea, nace justamente,sometiendo, sofocando, maniatando a los hombres, porque si se los deja sueltos se matan entre ellos. Lo que dijo Nietzsche es lo que va a retomar Freud y escribe un texto en 1930 titulado  «El malestar en la cultura». Cabe señalar que era una historicidad muy interesante la que estaba viviendo Freud, era el fin de la República de Weimar,era el fin de Hindenburg, era el ascenso de Hitler al poder en 1933 y ahí en medio de ese marco, indudablemente pesimista es que Freud escribe este libro.La cultura para poder realizarse tiene que sofocar los instintos primarios,primitivos, esenciales del hombre. Los instintos que naturalmente surgen del hombre, la sociedad los tiene que sofocar, los tiene que maniatar para poder construir la cultura. Entonces, la cultura vive en perpetuo malestar según  Freud, porque la condición de posibilidad deque exista una cultura, es que los hombres sofoquen, aten, sujeten sus instintos más primarios; aquellos que harían de ellos, seres plenos. Para el hombre de la cultura que describe Freud, el dionisismo Nietzscheano está sujetado, atado, sofocado y esto es la cultura moderna. Entonces, la cultura,dice Freud, se basa en la represión. Todos tenemos que reprimir nuestros instintos para que la cultura pueda realizarse. Se basa en el sofocamiento, y hay un instinto que, sobre todo, es el que va a decir Freud, es el que hay que reprimir,y es el instinto sexual. El instinto sexual es el instinto fundamental que el hombre tiene que reprimir. El reprimir genera la Neurosis; o sea, el hombre dela cultura es un neurótico porque ha reprimido en el sus instintos fundamentales y sobre todo el principal de ellos, el instinto sexual.[16]

Marx y Freud y Nietzsche van a ser los que más van a cuestionar ese «cogito cartesiano”. Freud se pregunta cuál es el pensamiento planteado por Descartes, si ese pensamiento hecho razón y hechos ociedad burguesa, lo que hace es maniatar a los hombres hasta sofocar y eliminar en ellos sus instintos primarios, los más ricos, los que harían de ellos seres vitales entregados a la gloria de la vida, por el contrario, están sometidos al malestar de la cultura, a la vida gris de la cultura; eliminado en ellos lo más exaltado, primario, y valioso que podrían tener.  El hombre es un ser patético al que Freud va a definir como «un dios con prótesis» y lo que hace referencia aquí Freud es a la técnica, las prótesis del hombre son, justamente, los poderosos instrumentos técnicos de los que se vale para devastar la naturaleza, para hacer las guerras, para dominar al hombre y a la naturaleza.

El hombre no es una criatura tierna no rige el «ama a tu prójimo como a ti mismo», al contrario, el hombre es una criatura belicosa con instintos de agresividad muy poderosos, y efectivamente el hombrees el lobo para el hombre. Freud encuentra dos elementos fundamentales en el hombre, que son: El Eros y la Pulsión de Muerte. El «Eros» es la fuerza del amor y la «pulsión de muerte» es la fuerza de la destrucción. Lo que va a decir Freud es que estas dos potencias que están en la interioridad del hombre se enfrentan constantemente. Y lo que va a decir es que las pulsiones instintivas son más poderosas que las racionales y que él observa que éste mundo está cada vez más dominado por la pulsión de muerte. Enorme influencia en Freud y en Nietzsche tuvo Fiodor Dostoievsky que escribió un libro «Memorias del subsuelo», donde dice que el hombre propende a la destrucción y al caos, que, si «dos más dos son cuatro», «dos más dos son cinco», y eso le place más, le gusta más; «dos más  cuatro» es lo apolíneo, «dos más dos son cinco» es ya la irracionalidad dionisíaca. Dostoievsky también dice, en «Memorias del subsuelo»: De la historia, de la historia se podrá decir cualquier cosa menos que es prudente.[17]


[1] Nietzsche F. La Gaya Ciencia (1882) &175 Pág. 83 Bureau Editor S.A. 2001

[2] Nietzsche F. La Gaya Ciencia (1882) &357 Pág. 138 Bureau Editor S.A. 2001

[3] Nietzsche F. La Gaya Ciencia (1882) &175 Pág. 83 Bureau Editor S.A. 2001

[4] Nietzsche F. (1888 Pub. 1895) Ecce Homo (Prologo) Ed. Losada, Buenos Aires 2004

[5] Nietzsche F. (1888 Pub. 1895) El Anticristo Pág. 3 &2 Ed. Caronte Filosofía, La Plata, Terramar 2006. Tr. Rottens C.

[6] Nietzsche F. La Genealogía de la Moral &2 Ed. Gradifico – Buenos Aires – 2007 – Tr Albano S.

[7] Nietzsche F. La Genealogía de la Moral &3 Ed. Gradifico – Buenos Aires – 2007 – Tr Albano S.

[8] Kojéve, Alexandre, La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel, Buenos Aires, La Pléyade, 1982

[9] Nietzsche F. La Gaya Ciencia (1882) &125 Pag.72 El loco Bureau Editor S.A. 2001

[10] Nietzsche, F.: Así habló Zaratustra. Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 1972.

[11] Nietzsche, F.: Así habló Zaratustra. Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 1972.

[12] Nietzsche, F.: Así habló Zaratustra. Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 1972.

[13] Nietzsche, F.: Ecce homo. Prólogo, traducción y anotaciones por Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 1972.

[14] La Vaca Multicolor» traducción de la ciudad Kalmasadalmyra, visitada por Buda en sus peregrinaciones.

[15] Nietzsche, F.: Así habló Zaratustra. Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 1972.

[16] Freud S. El malestar en la cultura, Buenos Aires, 1930

[17] Dostoievsky. Memorias del Subsuelo

Fuente Principal: Filosofía Aquí y Ahora Jose Pablo Feinmann – Temporada 1. Canal Encuentro.

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