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Michel Foucault, el hombre que hizo filosofía a partir de la locura, la sexualidad y el crimen

Fuente: Diario El País – España

35 años después de su muerte, Michel Foucault sigue pareciéndonos uno de los pensadores esenciales de la modernidad, un ser humano de una brillantez agresiva que convirtió su biografía y sus impulsos vitales en combustible para una filosofía radical y sin concesiones. Así vivía y así pensaba este intelectual legendario.

Michel Foucault (Poitiers, Francia, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984) fue un filósofo, historiador de las ideas, psicólogo y teórico social francés. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), en reemplazo de la cátedra de Historia del pensamiento filosófico, que ocupó hasta su muerte Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la asamblea general de profesores del Collége de France eligió a Michel Foucault, que por entonces tenía 43 años, como titular de la nueva cátedra. Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades.

Foucault es conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales, en especial la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema de prisiones, así como por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido ampliamente debatidos. En los años sesenta, Foucault estuvo asociado al estructuralismo, un movimiento del que se distanció más adelante, aunque haya usado de un modo personal los métodos de dicho enfoque: Las palabras y las cosas puede entenderse como una crítica a la pretensión sígnica, dejando de lado su interés por las condiciones de modificación histórica del sentido.​ En ulteriores trabajos y cursos desarrolló conceptos como biopoder y biopolítica,​ de especial relevancia en la obra de pensadores políticos contemporáneos como Antonio Negri,​ Michael Hardt,3​ Giorgio Agamben y Roberto Esposito.​

Foucault rechazó las etiquetas de posestructuralista y posmoderno, que le eran aplicadas habitualmente, prefiriendo clasificar su propio pensamiento como una crítica histórica de la modernidad con raíces en Immanuel Kant. En el texto «¿Qué es la ilustración?» definió mejor su proyecto teórico como una ontología crítica de la actualidad siguiendo la impronta kantiana.

Fue influido profundamente por la filosofía alemana, en especial por la obra de Friedrich Nietzsche. Precisamente, su «genealogía del conocimiento» es una alusión directa a la idea nietzscheana de «la genealogía de la moral». En una de sus últimas entrevistas afirmaría: «Soy un nietzscheano».​ Reconocería también una deuda con el pensamiento de Martin Heidegger y sus críticas al sujeto cartesiano y la techné occidental: «Heidegger ha sido un filósofo esencial para mí», declararía en junio de 1984,6 aunque criticaría varias veces posiciones esenciales de Heidegger tales como su interpretación de la historia de la verdad en occidente como un olvido del ser.

En el año 2007 Foucault fue considerado por el The Times Higher Education Guide como el autor más citado del mundo en el ámbito de humanidades en dicho año.

En este verano europeo se cumple el 35 aniversario de la muerte de uno de los intelectuales clave del siglo XX, el francés Michel Foucault. Un hombre cuyo brillante y controvertido pensamiento tuvo un profundo impacto en los debates contemporáneos. Al recordarle a estas alturas hay que partir del desconcierto que causó Foucault en su día al asomarse tanto a la filosofía como a la historia con una mirada fresca y desmitificadora que, para empezar, no concebía la existencia de barreras conceptuales entre ambas disciplinas.

Hijo de un médico de Poitiers, Foucault (1926-1984) fue un individuo que forjó su propia identidad a partir de un rechazo beligerante al provincialismo de la educación que recibió y al conservadurismo de la Francia en que le tocó vivir. Su instinto subversivo le llevó a grandes transgresiones, pero también a intentos casi pueriles de escadalizar a sus compatriotas, como su reivindicación pública de la cultura pop estaounidense, incluida la comida rápida y la coca Cola, que describió como dos de sus grandes placeres.

Como ocurrió con Nietzsche antes que él, es difícil decir si fue Foucault, el historiador-filósofo, el que eclipsó a Foucault, el inconformista, el ser humano distinto e incómodo, o si ocurrió más bien al revés. En realidad, biografía y pensamiento se confunden, por paradójico que resulte: él, que dedicó gran parte de su producción intelectual a cuestionar con vehemencia la autoría y la identidad personal, dejó una obra con una personalidad indiscutible, reflejo muy elocuente de sus particularidades como ser humano.

Cómo lidiar con la diferencia

Los temas de investigación de Foucault a menudo surgían de problemas que lo preocupaban personalmente. En especial, se intersó por la manera como la sociedad responde a los distintos tipos de ‘desviación’ o disidencia. De eso tratan, en última instancia, sus profundos estudios culturales sobre sexualidad, enfermedades mentales y delincuencia.

El poder fue otro de los objetos preferentes de su estudio. Con su estilo de escritura denso y algo críptico, afirmó que, lejos de ser una fuerza ejercida por unos pocos privilegiados, el poder está presente en todas las instancias de la sociedad, a menudo donde menos lo esperamos. Según Foucault, cada institución ejerce un cierto grado de control coercitivo sobre el individuo, ya se trate de una escuela o un hospital, y todas las relaciones humanas están marcadas por la lógica inexorable de las luchas por el poder.

Su cabeza afeitada, sus gafas con montura de alambre y su personal indumentaria, caracterizada por un predominio casi absoluto del blanco y el negro, hicieron que fuese descrito por el académico estadounidense James Miller como el “cabeza borradora” de la metafísica, en referencia a la película de David Lynch de finales de los 70. No cabe duda sobre otra de las afirmaciones de Miller: Foucault fue tal vez “el intelectual más famoso del mundo”.

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Jacques Derrida

Jacques Derrida (El-Biar, Argelia francesa, 15 de julio de 1930-París, 8 de octubre de 2004) fue un filósofo francés de origen argelino, conocido popularmente por desarrollar un análisis semiótico conocido como deconstrucción. Es una de las principales figuras asociadas con el posestructuralismo y la filosofía posmoderna.

Lo revolucionario de su trabajo ha hecho que sea considerado como el nuevo Immanuel Kant por el pensador Emmanuel Lévinas, o el nuevo Friedrich Nietzsche según Richard Rorty.​ Es, acaso, el pensador de finales del siglo XX que más polémicas ha levantado, por su iconoclasia y por su empeño crítico. Algunos consideran, que este logró realizar el sueño nietzscheano del filósofo-artista.ç

Nació en los suburbios de Argel, en el seno de una familia judía sefardí, originaria de Toledo y de clase media acomodada. Sufrió la represión del gobierno de Vichy y fue expulsado en octubre de 1942 de su instituto argelino por motivos racistas. Ese trauma, que recordaría toda su vida, le ayudaría a construir su personalidad.​

Como compensación, de joven participó en numerosas competiciones deportivas, y soñó con ser futbolista profesional. Pero ya en esa época descubrió y leyó con pasión no solo a los novelistas clásicos sino también a filósofos y escritores como Albert Camus, Antonin Artaud, Paul Valéry, Rousseau, Nietzsche y André Gide.​

Pasó a Francia. Tras cuatro años de clases preparatorias literarias en el liceo Luis el Grande de París, y con la nostalgia de su lugar natal, ingresó en la Escuela Normal Superior francesa en 1952; allí descubrió a Kierkegaard, a Martin Heidegger y a Louis Althusser. Pronto se hizo gran amigo de su tutor Louis Althusser, un afecto que duraría de por vida a pesar de las diferencias ideológicas y de la tragedia del segundo.5​ Este diría que su alumno era un «gigante» de la filosofía francesa.​ Otro de sus docentes fue Maurice de Gandillac.

Después, obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Harvard (posteriormente dio clases en universidades de los Estados Unidos, principalmente Universidad Johns Hopkins, Universidad Yale y Universidad de Nueva York). Se casó en junio de 1957 con Marguerite Aucouturier, traductora y futura psicoanalista (tendrían dos hijos, Pierre, nacido en 1963, y Jean, en 1967). Meses después volvió a Argelia, en calidad de recluta para cumplir su servicio militar. Solicitó ser destinado como maestro en una escuela para hijos de soldados, en Koléa, cerca de Argel. Durante más de dos años fue soldado, pero sin usar el uniforme militar, y enseñó francés e inglés a jóvenes argelinos y franceses. En la antigua colonia trató al futuro sociólogo Pierre Bourdieu. Severo crítico de la política de Francia en Argelia, soñó con una forma de independencia que permitiese la convivencia entre argelinos y franceses.​

En 1959 enseñó por vez primera en el liceo de Le Mans. En 1964 logró el premio Jean Cavaillès de Epistemología por su traducción de El origen de la geometría de Edmund Husserl, con una enorme introducción. En 1965, a la sombra de Althusser,​ obtuvo el cargo de director de estudios de la Escuela Normal Superior, en el departamento de Filosofía. Tuvo el apoyo, toda la vida, del riguroso historiador de la ciencia Georges Canguilhem.​

Su participación, con un grupo de destacados intelectuales —Jean Hyppolite, Georges Poulet, Lucien Goldmann, Roland Barthes, Jean-Pierre Vernant o Jacques Lacan—, en un encuentro sobre las ciencias humanas francesas en Baltimore (Universidad Johns Hopkins), fue decisiva.​ Se iniciaron sus continuos viajes a los Estados Unidos, donde consideraba tener mayor libertad y donde su pensamiento influyó notablemente de por vida. En 1967 se publicaron sus tres primeros libros. Fue un admirador de la obra de Maurice Blanchot, a quien dedicó importantes textos;​ y se asoció progresivamente con Jean-Luc Nancy, Philippe Lacoue-Labarthe y Sarah Kofman en diversos proyectos, por ejemplo editoriales. La Editorial Galilée, de 1971, se convertirá años después no solo en la «voz» de la Deconstrucción, y su seguro lugar para su obra, sino en una empresa selecta, que va acogiendo a grandes figuras de las letras (Bonnefoy, Quignard, Cixous, etc.). Al mismo tiempo, en 1983, fundó el Colegio Internacional de Filosofía. En 1984 lo nombran director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, donde trabajó el resto de su vida. Pues al final le impidieron el acceso al Collège de France, pese a los esfuerzos de Bourdieu o, por ejemplo, Bonnefoy. Murió el 8 de octubre de 2004 en París, víctima de un cáncer pancreático, sin dejar nunca de trabajar vertiginosamente.​

Inicialmente apoyó a los estudiantes durante las protestas del Mayo del 68, pero con reservas, si bien participó en protestas. Manifestó su oposición a la guerra de Vietnam, con «Los fines del hombre» que leyó en Estados Unidos. En 1979 tomó la iniciativa de reunir «los Estados generales de la filosofía» en la Sorbona, para defender esta disciplina, y se implicó cada vez más en política, dominio que había aparentemente descartado de su vida profesional pero que le ocupó de por vida.​ En 1981 fundó la asociación Jan Hus para ayudar a los intelectuales checos disidentes. En 1981 fue encarcelado en Praga tras un Seminario de filosofía clandestino y la manipulación policial de su maleta (donde introdujeron droga), pero la protesta de intelectuales y Mitterrand conseguirá liberarlo.​

Desde entonces estuvo más presente en la sociedad francesa (pese a las reticencias universitarias) e incluso dejó que parte de su vida y de su imagen misma, antes oculta, fuesen visibles (como en La tarjeta postal, de 1986) y diesen motivo incluso a su propia reflexión.​ En 1995 perteneció al comité de apoyo, con J. P. Vernant, al candidato socialista Lionel Jospin.​ Fue un militante a partir de un trabajo riguroso, ajeno a las coyunturas partidistas, como se percibe bien en sus tardíos Espectros de Marx (1993) y Cosmopolitas de todos los países, ¡un esfuerzo más! (1996).

Participó en las actividades culturales a favor de Nelson Mandela,​ al que admiró luego por su acción política distinta de la argelina, y contra el gobierno del Apartheid de Sudáfrica desde 1983. Se reunió también con intelectuales palestinos durante su visita a Jerusalén en 1988. Formó parte del colectivo «89 por la igualdad» que hacía campaña por el derecho de los inmigrantes a votar en elecciones locales. Protestó contra la pena de muerte en EE.UU., dedicando los últimos años de su seminario a la producción de argumentos no-utilitarios para su abolición, y participó en la campaña para liberar al periodista negro estadounidense condenado a muerte Mumia Abu-Jamal. Tras solidarizarse con las víctimas de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York, puso en duda que fuese un «acontecimiento nuevo y mayor» y recordó acciones bélicas estadounidenses,18​ y se opuso a la invasión a Irak en el 2003.

Lo más novedoso de su pensamiento es la denominada deconstrucción. La deconstrucción, es un tipo de pensamiento que critica, analiza y revisa fuertemente las palabras y sus conceptos. El discurso deconstructivista pone en evidencia la incapacidad de la filosofía para establecer una base estable, sin dejar de reivindicar su poder analítico. Cabe mencionar que la mayoría de los estudios de Derrida exponían una fuerte dosis de rebeldía y de crítica al sistema social imperante.

Como explicó el mismo Derrida en su «Carta a un amigo japonés», la voz «déconstruction» intentaba traducir y reapropiar para sus propios fines los términos heideggerianos Destruktion y Abbau, que abordaban problemas de la estructura y la arquitectura de la metafísica occidental; pero la palabra francesa, clásica, tiene variados usos, más consistentes con sus intenciones: en su caso sería un gesto «a favor» y «en contra» del estructuralismo, esto entra en su problemática y en sus excesos.​ La deconstrucción se relaciona con trayectorias vastas de la tradición filosófica occidental, aunque también está ligada a disciplinas académicas diversas como la lingüística y la antropología (llamadas «ciencias humanas» en Francia), con las que polemiza cuando percibe que no participan suficientemente de las «exigencias filosóficas».​ El examen conceptual e histórico de los fundamentos filosóficos de la antropología, así como su uso constante de nociones filosóficas (conscientemente o no), fue un aspecto importante de su pensamiento. Entre sus influencias más notables se encuentran Friedrich Hegel, Friedrich Nietzsche, Edmund Husserl, Sigmund Freud y Martin Heidegger.

Derrida tuvo un impacto significativo en la filosofía continental europea y en la teoría literaria, en particular mediante su vínculo amistoso y literario con el crítico Paul de Man, que se traduciría en un libro suyo a la muerte de este.​ Sin embargo, no hay acuerdo sobre hasta qué punto existe consonancia entre la teoría de Derrida y la deconstrucción que se ha desarrollado en la crítica literaria. Derrida hizo una continua referencia a la filosofía analítica en su trabajo, en particular a John Austin, con cierta distancia crítica.

Su trabajo es frecuentemente asociado con el postestructuralismo y el posmodernismo, pero su asociación con el segundo es incierta. Lyotard es un puente más cercano entre la deconstrucción y el posmodernismo, al desarrollar sentidos filosóficos del posmodernismo, que Derrida utilizó en largos diálogos que no admiten una relación clara entre el trabajo de los dos. Figuras consideradas dentro del mismo campo de la deconstrucción se han definido de tendencias modernistas más que posmodernos.

Derrida es un filósofo que suscita adhesiones inquebrantables y detracciones no menos vigorosas. Pero es que, interesado a la vez por la filosofía y la literatura, no renunció «ni a la una ni a la otra», y de hecho pensó «mediante la misma escritura y no solo en el seno de una reflexión histórica o teórica»,​ lo que complicaba el resultado de sus reflexiones. De hecho, como subrayó antes de su muerte, a él le había interesado mucho «dejar huellas en la historia de la lengua francesa».​

Sus primeros trabajos de tono internacional —De la gramatología, La escritura y la diferencia y La voz y el fenómeno (los tres de 1967)— fueron vivamente criticados, pero también muy admirados, y para algunos son sus mejores ensayos, por los cuales empezó a enseñar en Alemania y los EE.UU.​ Por sus referencias a John Austin y su teoría de los actos de lenguaje, Derrida fue acusado, sobre todo por John Searle, de obstinarse en enunciar contra-verdades evidentes.​ En 1992, veinte filósofos firmaron contra él, reprochándole «su inadecuación a los estándares de claridad y de rigor», pero no impidieron que se le concediera el honoris causa por la Universidad de Cambridge (1992), tras una votación que logró 336 votos (frente a 204).26​ En paralelo con la filosofía analítica, Derrida fue objeto de críticas por parte de Chomsky. Pero encontró la mayor audiencia en los Estados Unidos, que frecuentó asiduamente, sobre todo en los departamentos de ciencias políticas, literatura y estudios culturales. Su legado de buena parte de sus manuscritos en la Biblioteca de Irvine, pese a sus conflictos éticos finales, es una muestra del afecto por su población.

Maurizio Ferraris ha sintetizado así su figura como pensador: «la oscilación entre idealismo (y trascendentalismo) por una parte, y realismo, por la otra, constituye un rasgo característico de toda la filosofía husserliana, de la cual Derrida se presenta, pues, como heredero altamente innovador; y ello explica por qué, después de las resistencias iniciales, su filosofía fue ocupando paulatinamente un espacio tan central en la filosofía contemporánea».

Tras su muerte, la publicación de su obra continúa. En 2008 ha empezado por el final la vasta publicación en Galilée de sus Seminarios, que recorrerán los años en la Sorbona (1960-1964), en la Escuela Normal Superior (1964-1984), y finalmente en la EHESS (1984-2003). En 2010 apareció una primera e importante biografía de Benoît Peeters, Derrida, que ha sido traducida ya al español y al alemán.

David Hume

David Hume nació en Edimburgo (Escocia) en 1711. Aunque de familia acomodada, no lo era lo suficiente como para permitir a Hume el poder dedicarse exclusivamente a la filosofía, por lo que su padre lo orientó hacia la carrera de abogado, a la que llegó a dedicarse durante unos meses en Bristol. No obstante, ya desde muy joven Hume manifestaba, según sus palabras, «una aversión insuperable hacia todo lo que no fuera la investigación filosófica y el saber en general», por lo que abandonó su trabajo y viajó a Francia, donde permaneció entre los años 1734-1737, dispuesto a dedicarse exclusivamente a la filosofía. De esos años data la composición de su primera obra, «Tratado sobre la naturaleza humana», redactada «durante mi retiro en Francia -primero en Reims, pero principalmente en La Flèche, Anjou», según nos cuenta en su autobiografía. Recordemos que fue precisamente en La Flèche donde había estudiado Descartes, lo que ha dado motivo a ciertas especulaciones sobre la intencionalidad de este retiro en el mismo lugar por parte de Hume. En 1737 regresa a Londres, dirigiéndose posteriormente a Escocia, donde vivirá unos años con su madre y hermano. En 1739 publicará los dos primeros volúmenes del «Tratado», al que seguirá el tercero en 1740. El poco éxito alcanzado significó un duro golpe para Hume, que llega a decir en su autobiografía «jamás intento literario alguno fue más desgraciado que mi Tratado de la naturaleza humana». No obstante, el éxito obtenido posteriormente, en 1742, por los «Ensayos», le hizo olvidar por completo su fracaso anterior, estimulándole para reescribir el Tratado (obra que será publicada en 1748 con el título: «Ensayos filosóficos sobre el entendimiento humano»). En 1745 optó a la cátedra de ética de la Universidad de Edimburgo, plaza que no obtuvo probablemente por su reputación de escéptico y ateo. Después de un año Inglaterra, como tutor privado del marqués de Annandale, fue invitado por el general St. Clair a una expedición que, inicialmente dirigida contra Canadá, acabó con una pequeña incursión en la costa francesa; posteriormente, en 1747, fue invitado por el mismo general a acompañarle como secretario en una embajada militar por las cortes de Viena y Turín. Estas últimas actividades le permiten mejorar su situación económica.

En 1749 regresa a Escocia, donde volverá a pasar dos años con su hermano en su casa de campo, publicando algunas obras más. En 1752 se instala en Edimburgo donde fue nombrado bibliotecario de la facultad de Derecho, dedicando su actividad filosófica más bien a problemas históricos, sociales y políticos, como pone de manifiesto las obras publicadas a partir de entonces.

En 1763 recibió la invitación del conde de Hertford de acompañarle a París como secretario de embajada. Rechazada la invitación en principio, Hume la aceptó ante la insistencia del conde, dirigiéndose a París donde permanecerá hasta 1766, participando en las actividades de los eciclopedistas y los círculos ilustrados y entablando amistad con algunos de los personajes destacados de la época, como Rousseau.

A su regreso a Londres fue nombrado «subsecretario de estado para el departamento septentrional», que se ocupaba de los asuntos diplomáticos con los países situados al norte de Francia, cargo que no estaba remunerado y que desempeñó durante dos años, hasta 1769. Ese año regresará a Edimburgo, continuando sus actividades de estudio e investigación. Allí morirá el 25 de agosto de 1776, habiendo escrito previamente, el 18 de abril, una breve autobiografía, conocedor ya de su pronta e inevitable muerte.

Husserl y la fenomenología trascendental: Perspectivas del sujeto en las ciencias del siglo xx

La fenomenología trascendental fue fundada por Edmund Husserl en un intento de renovar la filosofía como una ciencia estricta y una empresa colectiva. La fenomenología asume la tarea de describir el sentido que el mundo tiene para las personas,​ partiendo de un método y un programa de investigaciones.

La fenomenología ha sido el motor de grandes líneas del pensamiento continental, tales como la deconstrucción, el postestructuralismo, el pensamiento de la otredad, la posmodernidad y el existencialismo.

Edmund Husserl presenta por primera vez su fenomenología en las Investigaciones Lógicas, publicadas en dos tomos en 1900 y 1901. En estas, presenta una aguda crítica al psicologismo, y desarrolla algunos conceptos heredados de Brentano, como el de vivencia intencional, que posteriormente ocupará un lugar central en la fenomenología. La intencionalidad es descrita allí como la propiedad de las vivencias de estar referidas a algo.​ La vida de conciencia es necesariamente intencional: esto es, todas las vivencias se refieren necesariamente a objetos. A los objetos entendidos como correlatos necesarios de vivencias, Husserl los denomina objetos intencionales.

La fenomenología aparece en esta obra como una ciencia que debe de proceder conforme a un método. Este método supone varios elementos. Uno de ellos es la variación eidética, que consiste en comparar varios objetos intencionales para destacar una esencia común.

Otro elemento metódico es la apelación a una mereología, o teoría de los todos y las partes, a partir de la cual se han de distinguir entre partes independientes y partes no independientes de las esencias de los objetos intencionales. Con esto es posible describir las relaciones entre estas partes en términos de fundamentación.3​ Por último, el método supone también una teoría del cumplimiento de las vivencias intencionales. (A este cumplimiento lo denominará más tarde, en Ideas I, evidencia, «Evidenz»).

De acuerdo con esta teoría, la pregunta por el sentido intencional se responde a partir de las vivencias perceptivas en las que se captan objetos reales o ideales. En cuanto a este último punto, Husserl afirma que también en las vivencias que tienen ideas como objetos intencionales es posible distinguir entre vivencias que presentan a sus objetos y vivencias que sólo los mentan de manera vacía (esta mención vacía es una posibilidad que surge con el lenguaje). Por ello cabe pensar en las vivencias en las que se captan o intuyen ideas como vivencias análogas a aquellas en las que se percibe un objeto real. Desde este punto de vista los objetos son inconcebibles sin su referencia a las vivencias en las que se muestran: el postulado de una cosa en sí, independiente de la vida de conciencia, es absurdo.

Así pues, en resumen, en las Investigaciones Lógicas la fenomenología ya es concebida una ciencia que estudia las estructuras esenciales de las vivencias y los objetos intencionales, así como relaciones esenciales entre tipos de vivencias y de objetos intencionales. Por otro lado, el propósito de la fenomenología tal y como es propuesta en esta obra consistiría en la aclaración epistemológica de la lógica pura, que comprendería también a la matemática, a partir del cumplimiento de las vivencias intencionales de las objetividades lógicas

Este artículo muestra de manera general la gran importancia de la fenomenología como un paradigma teórico clave, porque influyó de manera contundente en la ciencia y la filosofía del siglo XX. Su influencia se deja ver en los autores más conspicuos del existencialismo, del historicismo, de la hermenéutica, de la historia de la ciencia, de la filosofía analítica, de la llamada posmodernidad; su ascendiente es notable en personajes importantes de las místicas y las religiones contemporáneas. Aquí se señala también el surgimiento y la influencia de la fenomenología en pensadores mexicanos de mediados del siglo XX. Como filosofía, se opone al positivismo y a lo que Husserl llamó el “objetivismo”, se muestra cómo la fenomenología reivindica la perspectiva del sujeto y se opone a la falta de voluntad y de método de diversas escuelas para esclarecer la intencionalidad. Se introduce a nociones básicas de esta corriente como son: “fenomenología trascendental”, la perspectiva del sujeto,“reducción fenomenológica”, “acto intencional” y “objeto intencional”, “lo constituido” y “lo constituyente”, para terminar con la presentación de lo que Husserl define como “psicología fenomenológica”, que es un camino al auto conocimiento del individuo y la sociedad.

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Edmund Husserl

Edmund Husserl

(Prossnitz, hoy Prostejov, actual República Checa, 1859 – Friburgo, Alemania, 1938) Filósofo y lógico alemán. Nacido en el seno de una acomodada familia judía, estudió física, matemáticas, astronomía y filosofía en las universidades de Leipzig, Berlín y Viena.


Edmund Husserl

En Viena asistió a los cursos que impartía el sociólogo Franz Brentano, quien influiría decisivamente en su formación filosófica. A partir de 1887 fue profesor en Halle, y en Gotinga desde 1906. En 1916 pasó a ser profesor titular de la Universidad de Friburgo, donde ejercería la docencia hasta su jubilación, en 1928. En sus primeros textos, como Filosofía de la aritmética, obra publicada en 1891, analizó la génesis y el empleo de los símbolos numéricos.

Sus escritos propiamente filosóficos comenzaron con la publicación, en 1900-1901, de Investigaciones lógicas, en la cual polemizó con el psicologismo y con la que se abre su pensamiento más original. Su intención era establecer una base epistemológica para la filosofía que la convirtiera en propiamente científica, base que halló en el método que llamó «fenomenológico» y que representa en cierta medida una modernización del trascendentalismo de Kant.

La conciencia (el ego) es la condición de posibilidad de cualquier conocimiento, y tiene la característica de ser «intencional», término tomado de Brentano, según el cual la conciencia es siempre «conciencia de algo», es decir, se refiere a un objeto. La evidencia primera viene dada por esta aparición del objeto a la conciencia, previa a cualquier interpretación subjetiva, y que constituye propiamente la esencia de los objetos. En este sentido, su lema fue volver «a las cosas mismas», aunque en realidad se refiere al objeto que aparece a la conciencia (fenómeno).

En su voluntad de resolver la clásica oposición entre racionalismo y empirismo, lo que propone el filósofo es la superación de una actitud naturalista y psicologista a través de un método por el cual el yo se convierte en espectador desinteresado de sí mismo y es capaz, de este modo, de reconstruir la estructura de la conciencia y el mundo como fenómeno que aparece en ella. La aspiración metodológica de la fenomenología evolucionó hacia una concepción propiamente idealista, según la cual la conciencia es lo que funda tanto el mundo objetivo como la intersubjetividad, esto es, la relación entre las personas, en un intento de sentar una aproximación renovada a la vida y a la independencia moral del sujeto.

Con la llegada del nazismo al poder en 1933, Edmund Husserl fue apartado de la docencia. Su filosofía se encuentra en la base de la llamada «escuela fenomenológica», de la que partieron Max Scheler y Martín Heidegger, en quien vio a su legítimo continuador, aunque las ideas expuestas por Heidegger en Ser y tiempo motivaron la ruptura entre ambos.