Jornadas de Filosofía UCES 2015 – El consumismo como expresión de anticultura

UCES – FACULTAD DE PSICOLOGÍA Y CIENCIAS SOCIALES – CARRERA DE FILOSOFÍA Jornadas de Filosofa El consumismo como expresión de anticultura Abel Agustín Fernández 28/10/2015 Este documento trata de evaluar la conducta consumista de la sociedad y sus consecuencias tanto sociales, como económicas y ecológicas. El consumismo como expresión de la anticultura.

La alta tecnificación vigente, que comenzara con las dos revoluciones industriales del siglo XIX y que se prolonga en nuestros días con la tercera y la cuarta revolución en conjunción con la sociedad consumista del siglo XXI, genera una necesidad imperiosa de producir mercancías. La Tercera Revolución Industrial, científico-técnica o revolución de la inteligencia, es un concepto y una visión esbozados por Jeremy Rifkin y avalados por el Parlamento Europeo, en una declaración formal aprobada en junio de 2006. A lo largo de la historia, las transformaciones económicas ocurren cuando convergen las nuevas tecnologías de la comunicación con los nuevos sistemas de energía. Las nuevas formas de comunicación se convierten en el medio de organización y gestión que las civilizaciones más complejas han hecho posible mediante las nuevas fuentes de energía. La conjunción de la compleja tecnología de comunicaciones, el desarrollo meteórico de Internet y las energías renovables en el siglo XXI está dando lugar a la llamada Tercera Revolución Industrial. Esta abarca el cambio a energía renovable, la conversión de edificios en plantas de energía, las baterías recargables, el hidrógeno y otras tecnologías de almacenamiento energético. Nuevas tecnologías de red de distribución de energía eléctrica inteligente, transporte basado en el vehículo eléctrico, utilizando como energía de propulsión a electricidad renovable. La Revolución Industrial fue inicialmente impulsada y promovida por la máquina de vapor; su introducción en la industria transformó el medio en la herramienta que desarrolló y consolidó la llamada Primera Revolución Industrial. En la primera década del siglo XX, la energía eléctrica convergió con el motor de combustión interna, propulsada por combustibles fósiles, principalmente de derivados del petróleo, dando lugar a la llamada Segunda Revolución Industrial. La electrificación de las fábricas inició entonces la era de la producción masiva de bienes manufacturados, siendo el más importante de ellos el automóvil. Henry Ford comenzó a producir en masa el coche de motor de gasolina Modelo T, alterando la dinámica espacial y temporal de la sociedad, sin perjuicio de la falta de sustentabilidad que iba a ocasionar el transporte individual mediante motor de combustión. Hoy en día el precio de aquel progreso se cotiza a través de las emanaciones de monóxido de carbono que contaminan nuestra atmosfera a ritmos alarmantes. La cuarta revolución se representa bajo el concepto de Industria 4.0, también señalado como Industria inteligente o Ciber-industria del futuro, corresponde a una nueva manera de organizar los medios de producción. El objetivo que pretende alcanzarse es la puesta en marcha de un gran número de fábricas inteligentes capaces de una mayor adaptabilidad a las necesidades y a los procesos de producción, así como a una asignación más eficaz de los recursos, abriendo así la vía hacia la Cuarta revolución industrial. Industria 4.0 es consistente con la Cuarta Revolución Industrial, enfatizando y acentuando la idea de una creciente y adecuada digitalización y coordinación cooperativa en todas las unidades productivas de la economía. Este concepto de Industria 4.0 que aquí se presenta no es una realidad ya consolidada y experimentada, sino un nuevo hito en el desarrollo industrial que sin duda marcará importantes cambios societarios en los próximos años, haciendo un uso intensivo de Internet y de las tecnologías de punta, con el fin primordial de desarrollar plantas industriales y generadores de energía más inteligentes y más respetuosos con el medio ambiente, con cadenas de producción mucho mejor comunicadas entre sí y con el mercado de bienes y servicios.. En este sentido podemos admitir un poco de esperanza en lo que hace a la preservación del medio ambiente, aunque los esfuerzos que se realizan aun no son visibles. Ante este panorama, hoy más que nunca, el mundo del consumo necesita generar trabajadores en todos los niveles técnicos para satisfacer la demanda de bienes y consumos de la sociedad burguesa y lograr así que la rueda productiva capitalista no se detenga. Se suma a esto, la obsolescencia programada de los productos que data del año 1929 a partir de la gran depresión. Los productos vienen preparados para cumplir un determinado ciclo de vida útil y deben ser reemplazados. Esta obsolescencia se ha agravado con el alto progreso en la fabricación de materiales informáticos. Hoy en día prácticamente no existen productos que no tengan componentes electrónicos, prácticamente todos los aparatos domésticos por más pequeños que sean cuenta con alguno. La obsolescencia tecnológica permite aumentar la producción, mantener los precios elevados y sustentar los puestos de trabajo. Claro está siempre al costo de forzar al límite al hombre y a la naturaleza. Esta necesidad de técnicos y operarios hace que los sujetos sean educados dentro de un sistema educativo que los prepara para cumplir ese fin. Terminar sus estudios e incorporarse rápidamente al mercado laboral para satisfacer esa necesidad básica del capitalismo “Que la rueda no se detenga”. En este sentido Wilfred Carr plantea un retorno al pensamiento aristotélico sobre la práctica y la ética. Aristóteles alumbra una distinción que se ha perdido entre técnica y práctica. En la modernidad se han equiparado la técnica y la práctica. La práctica educativa tiene que formar al individuo técnicamente y en la prudencia indica Aristóteles. A partir de la maquinaria occidental la educación se encarga de formar individuos en un uso acorde y funcional a las sociedades industriales, es decir forma recursos humanos, no seres humanos. No es casual que el sector de personal de las empresas haya recibido este nombre, un sector que lleva registros de sujetos sin entidad, sus registros son meros números de legajo. Quienes integran el sistema laboral son sujetos funcionales a una lógica como la neoliberal que busca producir mano de obra y técnicos a los fines de la producción de mercancías necesarias en los circuitos del sistema capitalista. Es una educación vacía de contenidos éticos, que solo busca la inclusión del individuo en el mercado laboral. La escuela liberal no ha dado solución a la transmisión de valores, solo ha dado soluciones técnicas para apropiarse del mundo, disociándose así de las practicas solidarias. Se presenta así un proceso de tecnificación en pos de la dominación del mundo. En la sociedad actual la Tecne deriva en la Poesis, la cual es neutra desde el punto de vista ético, representa una acción material tendiente a la producción de objetos habiendo en ella solo una relación sujeto-objeto. En Carr bajo el concepto aristotélico, se buscan las virtudes Dianoeticas del intelecto que derivan en la praxis, que es una práctica de acción inmaterial, con relación Interlogos y fundamentalmente ética. Es decir parte de la Phronesis. En La Ética Nicomaquea nos dice Aristóteles que el fin último es la felicidad. Como sabemos la etita aristotélica es teleológica, siendo que un fin se convierte en medio y así sucesivamente hasta alcanzar la felicidad. Porque no pensar sobre esa base a una educación cuya fin último sea la felicidad de educando y no la satisfacción del mercado. El nuevo sujeto incorporado al mercado laboral pasa a ser un engranaje más en esa rueda productiva capitalista. Quizás una película que sirve como una metáfora premonitora es Metrópolis, filme alemán realizado por la productora UFA y dirigida por Fritz Lang cuya trama se constituye una distopía urbana futurista. Este filme fue estrenado originalmente en el año 1927, y antes de la cinematografía sonorizada. Se considera como uno de los máximos exponentes del cine expresionista alemán. El guion fue escrito por Fritz Lang y su esposa Thea von Harbou, inspirándose en una novela de 1926 de la misma Von Harbou. Metrópolis es uno de los pocos filmes considerados Memoria del Mundo por la Unesco (otros son los films documentales de los hermanos Lumière, Los olvidados, dirigida por Luis Buñuel de 1950 y El mago de Oz de Victor Fleming de 1939). Fue el primero en poseer esta categoría, amparado en la vívida encarnación de toda la sociedad, y la profundidad de su contenido humano y social. Las escenas transcurren en una megalópolis del siglo XXI donde los obreros viven en un gueto subterráneo donde se encuentra el corazón industrial con la prohibición de salir al mundo exterior. Incitados por un robot se rebelan contra la clase intelectual que tiene el poder, amenazando con destruir la ciudad que se encuentra en la superficie, pero uno de los personajes Freder , hijo del dirigente de Metrópolis, con la ayuda de otro personaje llamada María, de origen humilde, intentarán evitar la destrucción apelando a los sentimientos y al amor. El filme se desarrolla en el año 2026, en una ciudad-estado de enormes proporciones llamada Metrópolis. La sociedad se ha dividido en dos grupos antagónicos y complementarios: una élite de propietarios y pensadores, que viven en la superficie, viendo el mundo desde los grandes rascacielos y paisajes urbanos, y una casta de trabajadores, que viven bajo la ciudad y que trabajan sin cesar para mantener el modo de vida de los de la superficie. Aquí se puede observar una relación con el concepto marxista, devenido a partir de la dialéctica hegeliana, en donde Marx, sostiene que la burguesía al triunfar por sobre el feudalismo, ha generado a su propio enterrador, el proletariado industrial. Así vemos un primer momento de la dialéctica en donde la burguesía se afirma, un segundo momento donde el proletariado industrial negara a la burguesía y un tercer momento de síntesis, donde se conformara una sociedad genérica que contenga a los antagónicos, una sociedad sin clases, sin explotadores ni explotados. Esto finalmente nunca sucedió, y hoy en realidad se ve como la burguesía no solo no ha sido negada por el proletariado industrial, sino que por el contrario las diferencias cada vez se hacen más notorias. El hombre se ha consagrado al dominio de los entes nos dice Martin Heidegger, es por ello que ya nadie se hace la pregunta por el ser. El capitalismo no se detendrá ante nada, mas aun después de la caída del bloque soviético, para satisfacer esa demanda de entes. El sistema se pone al servicio de la producción indiscriminada poniendo en riesgo el planeta, es decir a la humanidad misma. Nos preguntamos cómo la diosa razón, en la época de las luces que nace con Descartes, se consolida con la Revolución Francesa y deriva en las dos revoluciones industriales del siglo XiX, ha llevado al mundo a una situación límite en donde el solipsismo es moneda corriente. El termino solipsismo proviene del latín «[ego] solus ipse» (una traducción aproximada seria «solamente yo existo» o “uno mismo”). El solipsismo es la creencia metafísica de que lo único de lo que podemos estar seguros es de la existencia de nuestra propia mente, y la realidad que aparentemente nos rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los entes que uno experimenta serían meramente emanaciones de la propia mente. Es una posición filosófica en la que solamente existe el individuo y sus experiencias, es decir lo que no se es capaz de experimentar, no existe. El solipsismo no puede admitir la existencia de las otras personas en virtud de que no puede experimentarlas. Nada puede existir fuera de la conciencia y no admite más realidad ni existencia que la del sujeto que percibe. De ahí que: “ser es percibir o ser percibido”. El solipsismo ha sido una de las teorías gnoseológicas radicales en la especulación filosófica a través de muchos autores. Es una doctrina que no admite más realidad ni existencia que la del sujeto que percibe. Esto quiere decir, en su extrema radicalidad, que lo únicamente existente es la propia consciencia de cada individuo, con lo que toda existencia objetiva es en cuanto es pensada por el sujeto que percibe, esto es, la objetividad del mundo es en cuanto la conciencia los crea. Ese solipsismo coloca al hombre moderno en una situación totalmente individualista típica de la sociedad burguesa capitalista. Si bien existen los actos solidarios antes grandes catástrofes y otras excepciones, el solipsismo, el individualismo nos lleva a competencias brutales en todo ámbito. El conflicto humano es permanente ante la necesidad de contar con mejor status y por ende de mayor cantidad de bienes y adquirir la mayor cantidad posible de servicios “Solo yo Existo”. Esto claramente hablando en términos populares cada vez hace más pesada la mochila que hay que cargar. Según la filosofía política de Locke, mientras más bienes poseo más presencia en el mundo tengo. La propiedad es la extensión del yo. El hombre ávido de bienes e insertado en esta sociedad burguesa capitalista, , reprime sus instintos ya que es educado para formar parte del sistema y asumir su condición dentro de la sociedad. Ese es el hombre apolíneo nietzscheano, perfectamente estructurado, incapaz de desviarse un ápice de su role. La sociedad lo encorseta y le da un mandato: “usted no va a concurrir a ningún festín dionisiaco” porque eso sería perderse, perder la racionalidad. El hombre de la cultura moderna bajo ningún concepto debe comportarse según el dionisismo nietzscheano, eso es lo que impone la razón. Según nos dice Marx, el hombre se redime cuando toma conciencia de su propia situación ignominiosa. El hombre atrapado en la rueda, como un mero engranaje, debe entonces tomar conciencia de su condición de ignominia para empezar a recorrer el camino de su libertad. Fiódor Dostoievski en su obra “Memoria del Subsuelo” dice “El hombre tiende al caos y la destrucción”. Nos dice con eso que el sujeto apolíneo reprime sus instintos a fin de vivir juntos, tal como se delinea en el estado hobbeseano. Reprime sus instintos más básicos, aquellos que lo harían pleno en su realización. Ahora bien esa represión va a decir Freud en su texto “El Malestar en la cultura” que esa represión tiene un costo y que ese costo es la neurosis, por lo que se podría inferir que todos los sujetos burgueses capitalistas al reprimir sus instintos son neuróticos de por sí. Viven en perpetuo malestar, sujetados a la vida gris de la cultura. El hombre se sumerge en la banalidad de la anticultura, que le impiden desarrollar un pensamiento proprio. Se evade de su cotidianidad en la televisión en programaciones que nada aportan al desarrollo intelectual de la sociedad. Solo pasatismo, que se demuestran en las mediciones de audiencia, mientras más vacío de contenido más audiencia se registra. Se sumerge en el no pensar, se embriaga en lo inocuo de productos producidos para mantener adormecido al hombre. El consumismo no solo se refleja en los bienes y servicios concretos como cosas materiales, también lo hace en la literatura, el teatro y el cine donde se apunta a obras sin contenido, sin mensajes concretos que inviten a la reflexión del lector o del espectador. Es por ello que debemos repensar desde el ámbito intelectual, esta sociedad consumista, que no solo genera una sociedad crispada, de competencia inútil, que enferma en lo mental y lo físico a sus integrantes y que se evade en la banalidad. Nunca como en estos días se consumen todo tipo de ansiolíticos y antidepresivos. El narcotráfico hace de las suyas dentro de una sociedad enferma de consumo, de solipsismo y que se comporta de manera salvaje, en la que la vida ha perdido todo valor. El consumo es entonces otra forma de dominación, ya lo había expresado Canning, la forma de conquistar del Imperio Británico ya no debe ser a través de lo militar, debe ser a través del dominio económico y finalmente ese dominio deriva en el consumo. Quizás hasta podríamos reemplazar el Cogito Sum, por consumo luego existo, se conforma asi una sociedad de consumo, y quien no entra queda fuera de la misma. Esta sociedad consumista ha confundido el role del consumo, ha toma el consumo como un fin y no como un medio para la vida. El hecho de tomar el consumo como fin hace meya en la condición humana. En la medida en que la voluntad se expresa en la vida anímica del hombre bajo la forma de un continuo deseo siempre insatisfecho, Schopenhauer concluye que «toda vida es esencialmente sufrimiento (Leiden)» (Op. cit., IV, § 56). Y aún cuando el hombre, tras múltiples esfuerzos, consigue mitigar o escapar momentáneamente del sufrimiento, termina por caer, de manera inexorable, en el insoportable vacío del aburrimiento. De ahí que la existencia humana sea un constante pendular entre la Escila del dolor y la Caribdis del tedio (Escila y Caribdis son dos monstruos marinos de la mitología griega situados en orillas opuestas de un estrecho canal de agua, tan cerca que los marineros intentando evitar a Caribdis pasarían muy cerca de Escila y viceversa. Posteriormente en el siglo V AC, la tradición identificó a este lugar con el Estrecho de Mesina, entre Italia y Sicilia. La frase «entre Escila y Caribdis» ha llegado a significar el estado donde uno está entre dos peligros y alejarse de uno te haría estar en peligro por el otro, y se cree que es la progenitora de la frase «entre la espada y la pared». Escila vivía en los acantilados y Caribdis era un peligroso remolino. Ninguno de los destinos era más atractivo ya que ambos eran difíciles de superar, periplo éste que la inteligencia sólo puede anular a través de una serie de fases que conducen, progresivamente, a una negación consciente de la Voluntad de vivir.”) Es decir el consumo, nos lleva a deseos cuyo no cumplimiento llevan al sujeto a la sensación de fracaso, a la insatisfacción. El siempre querer mas lleva al hombre a su infelicidad y por ello vuelvo a repetir en lenguaje popular “Hay que llevar la mochila con el peso que uno puede soportar”.

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